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jueves 12 de mayo de 2016

A un mes del polémico desembarco en Buenos Aires, San Pablo legalizó Uber

El municipio de San Pablo, en Brasil, reguló esta semana el uso de Uber, la aplicación que conecta personas que quieren realizar un viaje con choferes de autos particulares

El municipio de San Pablo, en Brasil, reguló esta semana el uso de Uber, la aplicación que conecta personas que quieren realizar un viaje con choferes de autos particulares, con la firma por parte del gobierno comunal de un decreto que reglamenta el "transporte individual por aplicaciones".

La gigante brasileña se sumó así a las 57 ciudades en Estados Unidos, tres en Canadá, una en Lituania y una en México en las que Uber cuenta con regulación estatal, que se suman a 31 estados en Estados Unidos, cuatro en México, cuatro en Australia y seis en India, además de Filipinas, donde la regulación es a nivel nacional.

"San Pablo ha elegido adaptar sus regulaciones a medida que nuevas opciones de transporte van apareciendo impulsadas por nuevas tecnologías tomando la delantera en regular los servicios de ridesharing en América Latina", explicaron desde Uber.

En Buenos Aires, a un mes del lanzamiento, aún cuando las aguas bajen menos turbulentas y ya no haya piquetes de taxistas cortando el tránsito, Uber continúa en una zona gris.

La justicia afirma que es ilegal, pero la intimación de 96 horas a las compañías proveedoras de servicios de Internet para que bloquearan el servicio no pudo ser ejecutada. La medida para que las tarjetas de crédito se abstengan de percibir el cobro de viajes se hizo efectiva solo con algunos medios de pago, pero no todos.

Así, en la Ciudad de Buenos Aires el servicio sigue funcionando, pese a los carteles de "Fuera Uber" con signos de exclamación que llevan los parabrisas de muchos taxis y de las campañas de volanteo para "concientizar al pasajero" sobre las ventajas del taxi que organizaron los sindicatos.

Parte de la polémica en torno a Uber surge de su estilo quizás algo agresivo de marketing. Ya es, a esta altura, una marca personal de la compañía el desembarcar en un mercado "sin pedir permiso". Primero establecerse y luego buscar -o negociar- el marco legal para operar.

"La tecnología siempre es anterior a la regulación", afirmó a Télam una fuente de la compañía que protestó a la vez porque el grado de reglamentación que se le demanda a Uber en muchas ciudades "no se le exige a otros inventos, no se puede decretar como ilegal algo que antes no existía".

Por lo pronto, aún cuando no se inició ninguna negociación formal entre la compañía y el gobierno porteño, las voces de Uber parecen mostrar buena voluntad: "a donde vamos, queremos ser regulados, y entendemos la necesidad de las autoridades".

"El desembarco de Uber en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se parece más a una invasión que a la tan mentada inversión extrajera. El análisis del caso nos muestra que algunas corporaciones tecnológicas transnacionales no tienen el más mínimo respeto por las leyes nacionales, la economía formal o la seguridad ciudadana", consideraron en una columna publicada por Télam los investigadores del Conicet Ariel Vercelli y Agustín Bidinost.

Desde Uber se defienden de esta acusación afirmando que su plataforma "genera empleo y oportunidades de autoempleo, ayuda al que tiene un auto como único capital y necesita un dinero extra, y empodera al consumidor".

Por lo pronto, para los taxistas, Uber sigue siendo un dolor de cabeza. Para el gobierno de la ciudad, sigue siendo ilegal. Pero funciona.
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