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martes 26 de septiembre de 2017

A los 67 años, corrió con el corazón trasplantado de un medallista alemán

La brasileña Ivonette Balthazar participó en una prueba atlética en Río de Janeiro. "El corazón de un atleta late ahora dentro mío. Fue un desafío para mí y para él", dijo.

La brasileña Ivonette Balthazar se sentía algo nerviosa antes de la carrera en Río de Janeiro, pero su corazón –trasplantado de un medallista olímpico alemán que murió hace un año– la impulsó hasta cruzar la meta.

En medio de una larga recuperación por el trasplante que recibió el año pasado, la carrera de tres kilómetros a orillas de la playa de Copacabana en Río parecía un maratón para esta mujer de 67 años.

Su corazón, sin embargo, no la dejaría echarse para atrás.

"El corazón de un atleta late dentro de mí, el corazón de una persona joven", dijo en la línea de salida.
"Este corazón demanda más a mi cuerpo de lo que yo estaba acostumbrada", añadió.

Entonces, vestida con mallas y zapatos de correr morados, con el número 2.799 y un gran papel rojo en forma de corazón pegado en su camisa, Balthazar participó junto con cientos de otros competidores en la carrera a lo largo del famoso paseo marítimo.

Hace tan sólo 13 meses, mientras su ciudad natal era sede de los Juegos Olímpicos, ella se enfrentaba a una muerte inminente.

Su corazón –golpeado por el cigarrillo, años de estresante trabajo en su agencia de recursos humanos y un infarto en 2012– registraba apenas 40 latidos por minuto.

Aunque estaba en el tope de la lista de espera para recibir un corazón, parecía ya muy tarde.

Pero el 15 de agosto de 2016 recibió una llamada del Instituto Nacional de Cardiología en Río.

Stefan Henze, un entrenador del equipo olímpico alemán de piragüismo y ganador de una medalla de plata en Atenas en 2004, había muerto en un accidente de auto y el corazón de este atleta de 35 años había sido asignado a Balthazar.

Desde entonces, siente que ella y Henze se han convertido en una especie de equipo. Una alianza que puso a prueba en esta carrera.

"Si no tuviera este corazón, no estaría corriendo", dijo.

"Esta carrera es un reto para mí... y para él", aseguró.

Aunque regularmente va a fisioterapia en el hospital, la carrera fue la primera actividad importante no monitoreada para ella desde la operación.

Nerviosa sobre su capacidad para aguantar, decidió caminar y no correr. Pero en el camino ganó confianza y fue aumentando poco a poco la velocidad. Lágrimas de alegría le asaltaban cuando llegaba a la señal que marcaba la mitad del recorrido y luego fluyeron una vez más cuando cruzó la meta.

Incluso en sus días más felices, Balthazar dice tener presente una tristeza que no la abandona, al pensar con frecuencia en la familia de Henze. Le encantaría conocer a su madre, "para abrazarla y agradecerle", dijo, pero se imagina que esto puede ser muy perturbador para los familiares del atleta fallecido.

"Del otro lado hay toda una familia llorando", reconoce.
Fuente: AFP vía Noticias Argentinas

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