DIARIO

Martes 31.03.2015

Jueves, 05 de abril de 2012

Les cayó del techo un gato momificado del siglo XVIII

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Un dúo de peritos inspeccionaba una casa del siglo XVIII en Knaresborough, North Yorkshire, para comprobar el trabajo de restauración que necesitaba. Y de repente, tras retirar parte de los recubrimientos del techo, el extraño descubrimiento les cayó encima: un gato momificado de al menos 200 años de antigüedad.

Una antigua superstición de la zona habla de emparedar gatos entre los muros de una casa como amuleto de buena suerte, o en ocasiones, ponerlos colgando del techo. Eso sí: la mayoría de las veces los gatos habían fallecido anteriormente. Es el caso de este felino, que carecía de dientes, indicando que se trataba de un animal ya mayor.

La pareja comentó que, en muchísimas ocasiones, se encontraron con cebollas secas entre los muros de antiguas mansiones: otro extraño talismán para alejar a los malos espíritus. Su intención es la de volver a enterrar al bicho en los cimientos del edificio, para que siga trayendo suerte a la propiedad.

En otras ocasiones, el gato momificado se cierne directamente sobre la barra de los pubs, como ocurre en este de St Edmunds, Suffolk, para mantener alejados a los malos pagadores o a los gorrones.

Los egipcios eran conocidos por su afición a momificar gatos, animal sagrado para ellos que acompañaba en la otra vida a sus dueños. Entre los siglos 3 y 1 antes de cristo llegaron a considerarse un regalo, y eran vendidos como ofrenda a las personas que visitaban los templos, llegando a sacrificar enormes cantidades de pequeños mininos para contentar a los dioses.

Eso sí: su destino final fue bien distinto. A finales del siglo XIX y con los ingleses aún situados en Egipto, una compañía del país compró un cargamento de 17.000 kilos que contenía miles de gatos momificados. La finalidad de la compra: usarlos como fertilizantes en el Reino Unido después de triturarlos.

Fuente: Republica.com



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