Mendoza - Rivadavia Rivadavia
domingo 10 de septiembre de 2017

Volar a 3.500 pies sobre el nivel del mar

Antes de preparar el avión para despegar hay que chequear la meteorología. Si las condiciones son óptimas, el paso siguiente es enfocar la atención en la seguridad de la máquina. El Tecnam P92 Eco Classic, LV-Sierra 029 es una de las aeronaves fabricadas por Aerotec en Rivadavia y está compuesta por piezas italianas. Fue adquirido por el Aeroclub San Martín en setiembre de 2016 y actualmente cuesta cerca de 130.000 euros.

Se trata de un avión moderno que no usa aeronafta sino nafta súper y el combustible va cargado en sus alas. Consume muy poco con relación a modelos más antiguos de aviones y tiene una buena relación entre peso y potencia que hace que su despegue pueda compararse con el de un misil. En honor al padre del vicepresidente del aeroclub, esta nave fue bautizada con el nombre de Humberto Fiadino, abuelo fallecido de Agustina, periodista de radio Nihuil.

El piloto Nicolás Hartung explicó que antes de mover el avión se debe drenar el combustible para quitarle por condensación el agua ya que puede afectar al despegue y hacer que el motor se apague, una de las situaciones más peligrosas que pueden ocurrir. A continuación se controla rigurosamente cada uno de los ítems de una lista escrita en inglés elaborada por los fabricantes. El aceite debe estar en óptimas condiciones y las superficies externas, sin golpes o suciedad.

Cualquier diferencia afecta la performance del vuelo. Hay que verificar que las alarmas de pérdida suenen, que los frenos y cubiertas estén bien y que los sistemas que sostienen el motor sigan en correcto estado. También observar que las tomas de presión que alimentan a los marcadores y comandos analógicos y digitales funcionen. "Uno aprende de la peor manera, con los accidentes de otras personas", dijo el piloto antes de subir a la cabina.

"Una vez adentro –continuó– trabamos las puertas, nos ajustamos los cinturones y nos colocamos los auriculares. Antes de girar la llave se realiza un chequeo interno. El piloto avisa con un grito que comenzará el despegue y enciende la máquina. Las hélices giren a toda velocidad y se siente bramar el motor. Cuando la temperatura alcanza los 50 grados ingresamos a la pista y lentamente vamos tomando carrera. Las pantallas e instrumentos emiten todo tipo de datos".

"Cuando la velocidad y altitud son las adecuadas, se produce el milagro. El Tecnam se eleva y alcanza el cielo. Las casas y calles se encogen y abajo la geografía parece una caricatura cuadriculada con distintas tonalidades de verde y amarillo. El vértigo y los movimientos del avión hacen que la cabeza demore en procesar la experiencia. El celeste y blanco se apoderan del horizonte y el sol brilla como una siesta de verano sobre el rostro, encandilándome los ojos", contó Hartung.

Nicolás usa la palanca y los pedales para realizar giros pronunciados a 3.500 pies por encima del nivel del mar. Se comunica por radio con otros pilotos y sigue con atención lo que indican las pantallas. "Volamos durante veinte minutos y así como no hay palabras capaces de mojar con agua salada y arena a quien nunca estuvo en el mar, tampoco se me ocurre contar cómo es llegar al cielo... sin tener que saltar, usando una piedrita, un dibujo en tiza sobre el asfalto y la punta de un zapato", finalizó relato.

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