Mendoza - Dique Cipolletti Dique Cipolletti
lunes 14 de agosto de 2017

Una Mendoza molinera gracias a las acequias

Hasta 1861 hubo 25 molinos en el casco urbano y la industria era próspera. El terremoto se los llevó.

Las podemos recordar como aquel lugar en donde, fundamentalmente a la siesta, se organizaban las instantáneas regatas con barquitos de papel, o donde sumergíamos los pies para refrescarnos en las tardes del agobiante calor mendocino.

Desde siempre creímos que las acequias, ese surco de agua que nos acompañó en la infancia y que en Mendoza nos legaron los huarpes y los incas, estuvieron siempre ahí sólo para provisión de agua potable y riego para el agro. Lo que muy pocos saben y otros menos recuerdan es que de no haber sido por el terremoto del 1861, nuestra provincia tendría una industria molinera gracias a aquellas acequias.

"Desde la toma del río Mendoza del dique Cipolletti hasta la plaza Pedro del Castillo, que era en aquel momento la Plaza Mayor, hay 220 metros de desnivel porque Mendoza es un plano inclinado. Esa pendiente le permitía al agua discurrir por el propio declive y esos saltos y cascadas que se generaban fueron permitiendo que allí se instalaran molinos y hasta usinas hidroeléctricas", contó el arquitecto Jorge Ricardo Ponte, autor del libro De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias, entre otros.

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Aquella fuerza del agua que recorría nuestros canales y acequias parecía generar por entonces, a mediados del siglo XIX, una Mendoza molinera y próspera.

"Hubo 25 molinos hidráulicos sólo en el casco urbano y las bodegas se instalaban donde habían molinos porque necesitaban las turbinas para alimentarse. En Toso había un molino, en Arizu había un molino y en Tomba había otro. ¡Producíamos harina y vendíamos harina con trigo del secano! Producíamos un trigo del secano, pero teníamos a favor que la Pampa Húmeda, que producía un trigo de mejor calidad, era considerada territorio bárbaro porque tenía la amenaza constante de los malones indígenas. Esa Mendoza molinera entonces cambia con el terremoto de 1861 porque ese movimiento destruyó a los molinos que eran de adobe y muy altos. El terremoto más allá de lo que significó en la tragedia en cuanto a la cantidad de personas que fallecieron significó un desastre económico, porque la base de la economía mendocina estaba en los molinos. Obligó a hacer una reconversión económica y virar a la vitivinicultura totalmente; no es que no hubiera en aquel momento vides, pero la industria del molino era floreciente", repasó Ponte.

El terremoto generó crisis y apareció la oportunidad de convertir en el siglo XX la vitivinicultura en la industria madre mendocina. Para ella también las acequias fueron claves.
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