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lunes 11 de septiembre de 2017

Un prusiano contra la trata de mujeres en San Martín

Julio Nicolaevich Marienhoff es parte de la historia que muchos desconocen del distrito El Central.

Es difícil imaginar que este lugar perdido al norte del departamento mendocino de San Martín tenga tanta relación con la Prusia Oriental de la segunda mitad de 1800 (una región histórica de Europa Oriental situada en la costa sudoriental del mar Báltico, y que actualmente se halla dividida entre Polonia, Lituania y la Federación Rusa). Que su historia, la del distrito El Central, esté tan atada a inmigrantes polacos judíos, al esfuerzo y la tragedia y, por momentos, que haya sido un espacio de libertad para mujeres rescatadas de la trata de la organización mafiosa Zwi Migdal. Es difícil imaginarlo, pero es así.

El origen de todo es Julio Nicolaevich Marienhoff, un hombre nacido en 1861, recibido de ingeniero en la Universidad de San Petersburgo y que luego emigró a Bélgica, pese a que su padre deseaba que fuera el heredero de una fábrica de cerveza que tenían en Rusia.

En 1893 Marienhoff recibió una propuesta inusual. El gobierno argentino del presidente Luis Sáenz Peña le ofertó realizar un estudio en una región para él desconocida que se llamaba Cuyo. Querían analizar el cultivo en esa zona y también le proponían que se encargara de instalar una destilería de maíz en una ciudad llamada La Plata.

Viajó a la Argentina. Trabajó en Cuyo recorriendo toda Mendoza, hizo un proyecto de riego de las tierras y también estuvo en La Plata, construyendo la destilería encargada, en la localidad de Villa Elisa.

El ingeniero tenía planeado concluir su trabajo y regresar a Europa. Le había gustado el país, pero no pensaba que su destino estuviera escrito ahí. Pero los hombres no deciden su destino con la razón sino con los sentimientos, y fue así como cierto día, en el andén y mientras esperaba el tren que lo llevara de la Capital Federal a La Plata, conoció a una muchacha rusa, joven y bonita. Era Sofía Pavlovsky, una muchacha que vivía en Mendoza, en un lugar casi desolado del Este provincial. Y los planes de Marienhoff cambiaron.

En un estudio de Elba Muler de Fidel se cuenta que Mendoza, desde la segunda mitad de 1800, tenía un gran interés en que se radicaran inmigrantes en la provincia.

"Las autoridades provinciales decidieron fomentar la inmigración mediante una Comisión de Inmigración, establecida en 1874, que creó un Asilo de Inmigrantes y una Oficina de Conchavo", cuenta Muler de Fidel. "Dicha comisión propició la iniciativa para la promulgación de una ley, aprobada el 17 de marzo de 1884, por la que se creó una agencia de inmigración en Buenos Aires, con la obligación de remitir a los inmigrantes pedidos por la Provincia. Inmigrantes que debían ser aptos y prácticos para el trabajo agrícola, especialmente cultivo de vid y su industrialización, además de poseer condiciones morales y estar saludables. La agencia recibió un peso, moneda nacional, por cada inmigrante enviado, hombre de 15 a 45 años y mujeres de 13 a 40 años. Esta ley fue punto de partida para el arribo de extranjeros a la provincia, que fue una de las que absorbieron mayor número de inmigrantes", sostiene la historiadora.

Marienhoff regresó a Mendoza ya con ánimo de instalarse. Era 1900 y compró una gran cantidad de hectáreas en el Este, cerca de donde vivía la familia Pavlovsky. Esas hectáreas son ahora El Central, que todavía tiene un canal y un área que llevan el nombre del ingeniero, aunque muy pocos saben quién fue y cuál fue su historia.

Una colonia
Julio Nicolaevich Marienhoff no quería ser un terrateniente. En cambio soñaba con que ese lugar tan alejado de Prusia fuera una colonia.

Donó tierras para la estación ferroviaria. Construyó casas y una escuela, y mandó a traer de Europa a su hermano Luis y a la esposa de este, Frida Don Abarbanel. Claro, también vinieron los hijos de ese matrimonio, Wladi, María, Luisa (Liubov) y Tamara Rebeca, y los suegros de su hermano, Alejandro Don Abarbanel y Sara Catalina Zamansky.

Además, aunque hay poco documento escrito sobre esto, se cuenta que Marienhoff rescató de la organización mafiosa Zwi Migdal a varias mujeres y les dio tierras en su propiedad, construyéndoles casas a cada una, y también les encontró marido.

Julio Nicolaevich Marienhoff construyó una enorme casa para él y su mujer, y tuvieron 7 hijos: Lydia, Sergio, Miguel, Nelly, Vladimiro, Alexis e Irma.

Alrededor de la casa diseñó un parque, con plantas que hizo traer del Jardín Botánico de Buenos Aires. Había allí bancos de plaza, glorietas y un gran establo donde se guardaban los carruajes.

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Fotos de familia. Los Marienhoff.
Fotos de familia. Los Marienhoff.

Ocaso del esplendor por falta de nieve
Marienhoff invirtió en El Central (que aún no llevaba ese nombre) casi todo lo que había ganado con su trabajo en la Argentina y en Bélgica, y es probable que también haya recibido ayuda de su familia desde Europa.

Pero pese a la voluntad y el esfuerzo de este hombre, la vida en ese lugar no fue fácil. Elba Muler de Fidel cuenta que "lamentablemente la experiencia agrícola no tuvo éxito (...) Se sabe que hubo problemas con el agua, que hicieron imposible la vida en el lugar. Al respecto, a través de varios artículos publicados en octubre y noviembre de 1908, este fue un año en que hubo sólo dos nevadas en la cordillera y los agricultores de San Martín y Luján hacían llegar sus protestas, debido a la mala distribución del agua en el transcurso de varios meses".

La historiadora agrega que "ante las penalidades que acarreaba la falta del vital elemento, los colonos comenzaron a dejar las tierras y caminando se dirigieron hacia los centros poblados. Algunos fueron a Rodeo del Medio (Maipú), otros a Godoy Cruz, y otros a Ciudad de Mendoza, donde trabajan como toneleros, panaderos o peones de bodega".

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El Escudo. Así se llamó la finca de los Marienhoff.
El Escudo. Así se llamó la finca de los Marienhoff.

Un terremoto bajó el telón
Pese a las dificultades, Marienhoff y su familia permanecieron en la zona. El ingeniero no se resignaba. Pero la tarde del viernes 17 de diciembre de 1920, a eso de las 15, iba a ocurrir una tragedia. Un violento terremoto derrumbó por completo la gran casona, el establo y otras instalaciones. Tres de los siete hijos del matrimonio murieron.

Wladimiro (14) y Alexis (12) murieron junto con otros niños con los que jugaban en el establo. El mayor, Sergio (19), murió dentro de la casa cuando ayudaba a escapar a otro hermano, Miguel (17), quien salvó su vida.

Marienhoff quedó profundamente afectado por la muerte de sus hijos y cuentan que nunca recuperó su ánimo. La familia se radicó un tiempo en Buenos Aires, tratando de olvidar lo que había pasado, pero no sirvió de nada. Julio Nicolaevich Marienhoff murió en la ciudad de Mendoza, el 9 de abril de 1932.
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