Mendoza - calentamiento global calentamiento global
viernes 27 de mayo de 2016

Un mendocino en la Antártida: "Te cambia la cabeza"

El sanrafaelino Fabián Carrizo estuvo 432 días en la Base Marambio. Dificultad para conseguir agua, frío que duele, calentamiento global y camaradería.

Pocos tienen la oportunidad de conocer y vivir en la Antártida, una región extrema del planeta, con temperaturas que congelan el agua al instante, inviernos casi sin sol y veranos sin noches. El sanrafaelino Fabián Carrizo (46) experimentó 432 días en la Base Marambio, el enclave argentino más famoso del continente blanco, entre octubre de 2014 y febrero de este año.

"Me ofrecí como voluntario, es uno de los destinos posibles que se cumplen dentro de la Fuerza Aérea. Me consultaron si quería ir, dije que sí, tenía el deseo de conocer y saber si era capaz de operar en ese lugar", comentó a UNO San Rafael este suboficial ayudante de la Fuerza Aérea y operador de tránsito aéreo y especialista en búsqueda y salvamento, que actualmente trabaja en el aeropuerto de Las Paredes.

Era el único operador de la torre de control de Marambio y tenía la responsabilidad de guiar a aviones de distintos tamaños, incluso el gigante Hércules, en los despegues y aterrizajes en la pista de tierra congelada de la base, en condiciones difíciles.

"Es un antes y después para todo el que estuvo allí. Tenés la particularidad de que en verano no tenés noche, el sol se pone pero no oscurece, es como si fuese las 7 de la tarde de San Rafael. Y en invierno, entre mitad de junio y primeros días de agosto, el día dura apenas una hora u hora y media. El sol sale a las 11 de la mañana, se queda en el horizonte y a las 2 de la tarde ya no está. Después queda la penumbra. En ese tiempo se trata de aprovechar esas horas de luz para hacer vuelos de reabastecimiento o buscar agua", comentó Fabián.

Justamente el agua es un recurso difícil de obtener, porque hay que salir permanentemente a descongelar hielo. "Me sorprendió mucho ver que el agua se congelara instantáneamente, ni nunca había experimentado el dolor del frío, eso te cambia la cabeza y te hace pensar que venís de superar algo importante".

Es que la Antártida se encarga de llevar al extremo a sus habitantes circunstanciales. Y como ejemplo, Fabián recordó el día que "llegaba un avión que venía con el combustible justo, tenía que aterrizar en Marambio sí o sí, cuando bajaba entró un mar de nubes y lo perdimos de vista. Hice callar a todo el mundo, tenía que escuchar el motor. Esos siete segundos hasta que finalmente apareció arriba de la pista fueron una eternidad. Después nos abrazamos con el piloto. Allí uno saca un máster en nervios de acero".

En su estadía, la temperatura más baja llegó a 37 grados bajo cero, aunque la sensación térmica descendió a 57 grados a causa de vientos de 120 kilómetros por hora.

En el otro extremo, contó que hubo días de 11 grados sobre cero, por lo que "se derritió la nieve, se hizo mucho barro. A medida que pasan los años eso se vuelve más común, se nota el calentamiento global, lo que ahora se ve mucho son pedazos de hielo de tamaños importantes de la barrera de Larsen".

Una gran familia

Carrizo estaba destinado un año, pero se tuvo que quedar dos meses más para instruir a su reemplazante y guiar a los miembros del grupo de relevo.

Comentó que a los 8 o 9 meses ya empezaba a ver el almanaque y extender su estadía se le hizo duro y extrañaba mucho a su familia, integrada por su esposa Liliana y sus hijos Agustín (9) y Lautaro (6).

Ahora extraña al grupo de 36 personas que lo acompañaron en esa experiencia única, donde había algunos mendocinos, incluido un alvearense, Mario Teruel. "Es como una familia, vivís, dormís, comés, trabajás y hacés todas las actividades siempre con los mismos".

Tras la partida, "el lazo se mantiene con el tiempo, el vínculo no se cortó porque la experiencia fue bastante fuerte. Volvés con el sentimiento de haber superado una prueba importante. Sabiendo que podías hacer cosas importantes".

Fuente: UNO San Rafael

Más Leídas