Mendoza Mendoza
domingo 03 de julio de 2016

Un mendocino creó en Nueva York una app para los taxistas

Ideada por Daniel Di Fabrizio, la plataforma quiere competir con las grandes y facilitar el despacho de autos. La estructura del servicio no necesita mantenimiento de computadoras ni servidores locales y suma interesados

"El exilio a veces trae cambios imprevistos y nuestras vidas mutan para mejor", dice Daniel Di Fabrizio, el mendocino radicado en Brooklyn que creó recientemente una aplicación para los servicios de taxis con la cual quiere competir con las dos grandes plataformas del sector: Uber y Lyft.
"Cyberwarp Innovations es un software dedicado a promover soluciones para la industria de taxis a nivel global", describe su mentor en el papel de empresario.

Su plataforma sirve para el despacho automatizado de autos y posee la capacidad de administrar todas las necesidades diarias de una flota de taxis. El conductor recibe los datos del pasajero cada vez que el sistema le asigna una llamada y también la dirección, el destino, el costo del servicio y la ruta. Del otro lado el cliente puede solicitar un coche desde su celular. La estructura del servicio no necesita mantenimiento de computadoras ni servidores locales y va ganando adeptos.

Su historia
"Mis comienzos en la industria de los taxis arrancaron en un trabajo de medio tiempo como telefonista en un car service de Astoria, Queens. Más tarde aprendí a despachar por radio, escribiendo a mano por dónde circulaba cada unidad para luego comunicarle al conductor la dirección del pasajero", relata quien llegó a Estados Unidos por primera vez en 1980 y después de varias idas y venidas finalmente decidió quedarse y construir un hogar lejos de su tierra natal.

El licenciado en Comunicación Social trabajó antes en Mendoza como productor de FM Brava y Montecristo y recuerda que sus padres le preguntaron qué quería de regalo cuando cumplió 18 años.
"Sin dudarlo les pedí una moto, pero como tuve por respuesta un rotundo no, elegí viajar al país del Norte, en donde tenía familiares. Regresé cuatro veces, pero en 1999 ante la debacle del gobierno de Menem decidí volver y quedarme con mi mujer y mis dos hijas", detalla.

En Nueva York un amigo que trabajaba para una agencia publicitaria le consiguió un espacio de tiempo en una FM multicultural. Ahí producía un programa de noticias de Sudamérica. Como esa ocupación no le servía para cubrir los gastos mensuales, empezó a trabajar con un tío que le consiguió un puesto en una remisería como ayudante de despachador. "Ganaba muy buena guita. A partir de ahí seguí trabajando en la industria de los taxis hasta el 2008", cuenta.

"Adquirí con un socio mi propia compañía en Williamsburg. Dábamos servicios a ejecutivos de Wall Street. Llegamos a tener una flota de 200 autos. A partir de ahí nos dimos cuenta de que necesitábamos un software mejor. El que corría era lento y cada vez que por alguna razón se cortaba la luz, había que esperar a un técnico que viniera a repararlo", relata y después explica que paralelamente necesitaba despachar más trabajo sin depender de un servidor y un sistema de radio.

"Era arcaico, sentimos que debíamos crear un software con tecnología móvil y que funcionara en la nube. Además que fuese capaz de despachar por sí solo. Queríamos que entrara la llamada y el sistema asignara el móvil más cercano en forma automática. Fantaseaba con esa idea. En 2009 aparece Uber en Los Ángeles. No desistí y en 2011 fundé mi compañía con la incorporación de tres socios", describe sobre cómo fue el camino que lo llevó hasta el desarrollo de su aplicación.

Di Fabrizio recuerda que la química entre todos los socios se logró inmediatamente. Él diseñó la lógica y arquitectura del software, mientras el informático escribía códigos y el flujo de trabajo con relación a la comunicación móvil y las aplicaciones para los choferes y los usuarios de taxis. Según explica, su aplicación fue resultado de la impotencia de estar supeditado a la voluntad de algún programador que no entendía la industria y de softwares mediocres.

Contrastes
Daniel confiesa que el mismo emprendimiento quizás no hubiese funcionado en Mendoza.

"Creo que en la provincia existe el talento, pero la comunicación móvil tiene precios ridículos. Existen gastos internos fijos a nivel de servicios que requiere la plataforma que serían a mi entender difícil de balancear en cuanto a relación de los costos que el usuario pudiese pagar. No estoy seguro de si sería una idea rentable", concluyó.

Su proyecto crece en los Estados Unidos y tiene presentaciones en América Latina. Actualmente está trabajando en las versiones en español y portugués.

Sobre el futuro de su empresa bromeó diciendo: "Si pienso estar solo en Estados Unidos, vamos a ganar mucha guita. Si logramos vender a operadores a nivel global, podría llegar a tener guita en Panamá".
Fuente:

Más Leídas