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domingo 02 de octubre de 2016

Tres hijos: la tragedia oculta que dejaron los 3 femicidios

Janet (29) tenía una niña de 5 años; Julieta (21), un varón de 3, y Ayelén (19) una beba de 1 y un hermano de 11 a cargo. El futuro de ellos está en manos de la Justicia, que decidirá si los deja con sus familias o si los da en adopción

Seguramente nunca se conocieron; jamás compartieron fiestas, cumpleaños, amigas ni mucho menos el vecindario. Sin embargo, esta semana se las vio a las tres juntas por todas partes, en las pancartas de las mujeres que claman #NiUnaMenos, en los panfletos, en los portales on line de los diarios, en las pantallas de televisión, nombradas todo el tiempo por fiscales, jueces, funcionarios, especialistas, expertos y mandatarios.

A las tres las unió un oscuro y brutal destino: ser presas de aberrantes y despiadados femicidios a manos de hombres desalmados. Pero además, Janet Zapata (29), Julieta González (21) y Ayelén Arroyo (19) tenían en común lo más preciado que toda mujer posee: tres pequeños hijos que nunca volverán a ver a sus madres.

Janet era mamá de una niña de 5 años; Julieta, de un varón de 3, y Ayelén, de una beba de apenas 1 año. La joven de Ugarteche tenía también a su cargo a su hermano de 11 años.
Ellos son la tragedia oculta que dejan muchos femicidios. Su suerte pasa a estar en manos de la Justicia y del Estado.

En los casos en los que el femicidio estalla en el ámbito del hogar, en la pareja o el matrimonio, la debacle es mayor porque ese hijo queda literalmente huérfano, con su madre muerta y su padre preso. Así ocurre con la hija de Janet, cuyo papá, Damián Minati, está en la cárcel, acusado de haber mandado a matar a su mamá. El futuro de la pequeña deberá pasar ahora por los juzgados que tendrán que definir si se queda con la familia materna o paterna y si estas están en condiciones de criarla.

Un panorama parecido, aunque mejor, le espera al hijo de Julieta, que tenía un régimen de semana por medio con su mamá y luego con su papá, porque no convivían. Acá también la Justicia deberá resolver si el padre se queda con la tenencia.

Otro tanto sucedió con la beba de Ayelén y su hermano de 11 años. Ambos menores están temporalmente bajo la guarda de la abuela paterna.

Al hermano de Ayelén lo atraviesa una situación quizá más grave que a la de la hija de Janet. El niño perdió a su hermana, degollada por su propio padre, luego de que ella lo denunciara por abusos sexuales. También perdió a su cruel progenitor que ahora está encarcelado por un delito que se paga con prisión perpetua.

Su mamá hacía más de un año que no estaba en casa. Dejó el hogar y partió a Buenos Aires por los interminables maltratos de su marido.

Ahora el chico también quedó a cargo de la abuela paterna de la beba de Ayelén, que lo aceptó a pesar de no tener un parentesco directo. Pero como la madre de Ayelén y su hermana mayor volvieron a Mendoza, sería de esperar que ambos menores vivan con ellas.

A la hija de Janet la esperan sus abuelos, tíos o tías y al hijo de Julieta su papá, con el que ya convivía semana por medio.

Si todos son considerados aptos para hacerse cargo de sus crianzas, no tendrán que terminar en una lista de adopción del sistema judicial.

La intervención del Estado
La orfandad de los hijos que dejan los femicidios impone la inmediata intervención del Estado.
Primero llega al terreno el Órgano Administrativo Local (OAL), cuya tarea es velar y actuar cuando los derechos del menor están en riesgo.

En los tres casos, el OAL se ha presentado tomando decisiones puntuales como se lo ordena la ley.
Verónica Álvarez, directora de Promoción y Protección de Derechos de la Provincia, explicó a Diario UNO: "En todos estos casos intervinimos porque debíamos establecer si había derechos vulnerados, que es lo que nos da la competencia".

"Con la hija de Janet Zapata, lo estamos monitoreando, pero será ya la Justicia de Familia la que tendrá que intervenir porque tanto su familia paterna como materna quieren la guarda de la menor".
Agregó: "En cuanto al hijo de Julieta González, el caso está en evaluación, pero no vemos hasta ahora que el niño esté ante una vulneración de derechos. Y sobre la beba de Ayelén y su hermano, como ella no vivía con el papá de la bebé, evaluamos la situación del señor y decidimos dejarla en guarda de la abuela paterna, quien también tendrá a su cargo al menor de 11 años".

Álvarez recalcó: "Las decisiones del OAL son temporales y pueden extenderse hasta 180 días, momento en que la Justicia de Familia, si no intervino hasta entonces, empieza a hacerlo".

Qué pasa en el ámbito judicial
Así como el OAL debe lidiar con la cruda realidad del momento inicial, a los jueces les toca decidir el futuro de esos niños, a quienes muchas veces los deben declarar en estado de adoptabilidad, sin que estos tengan la suerte de encontrar un hogar.

El juez de Familia, Carlos Neirotti, explicó a este medio: "Si el menor se queda sin ambos padres, como pasa con los femicidos, hay que declarar el estado de adoptabilidad. Cuando sucede eso, hay dos alternativas. La primera y más próxima es que un pariente se haga cargo y pida la tutela del menor. La segunda, buscar una familia en el listado de pretensos adoptantes y darlo en adopción".
Contra lo que se pueda creer, Neirotti aclaró que los familiares cercanos no siempre son aptos o están disponibles.

"No tengo cifras, pero es muy frecuente que la familia biológica no esté en condiciones de hacerse cargo", expresó.

"A veces no tienen un pariente directo, otras veces están, pero hay limitaciones para ejercer la función parental que desaconsejan la guarda. Un ejemplo es el de una abuela enferma y anciana que no puede criar a un niño que demanda la fortaleza de una madre joven", añadió.

Remarcó: "También se tienen muy en cuenta las condiciones psicológicas de los parientes, que determinan si están aptos para la crianza del menor. Muchas veces no lo están". Es entonces cuando "tenemos que tomar la decisión más difícil: darlo en adopción, buscarle una familia", afirmó el magistrado.

El nuevo Código Civil, sin embargo, abrió una puerta que descomprime la decisión de los jueces.
"El niño dado en adopción tiene derecho a estar en contacto con su familia biológica y a saber su historia, por lo que se puede mantener el vínculo con los parientes que no pueden tenerlo", señaló Neirotti.

Pero también hay una fuerte desventaja marcada por la realidad. "La gran mayoría de los adoptantes que están en las listas quieren solo niños de 0 a 2 años por lo que cuando son más grandes, es extremadamente difícil ubicarlos y tienen que permanecer en familias sustitutas, que son temporales", finalizó el juez.

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