Mendoza - Alberto Thormann Alberto Thormann
domingo 29 de mayo de 2016

"Tenía mucho para seguir dando y era querido por todo el mundo"

El artista plástico fallecido esta semana ha dejado imborrables recuerdos, tal como lo describe uno de sus mejores amigos. Igualmente, su obra permanecerá vigente por siempre

Antonio Tomba es una calle cortita, de apenas 300 metros y un poquito. Todavía conserva características barriales, a pesar de que está en pleno corazón de Godoy Cruz. Y en los '60, era más barrio aún.

Si uno pudiera volver a ese tiempo y recorrer esas cuadras entre Rivadavia y José Néstor Lencinas, de sur a norte según el sentido del tránsito, especialmente entre el año '65 y el '70, seguramente se cruzaría con dos niños, dos amigos, que juegan a la pelota, a las figuritas, que se meten en las acequias pero a los que los une algo más profundo y determinante que los juegos: la pasión por el arte.

Marcelo vivía en la vereda impar y Alberto justo enfrente. Marcelo, dos años menor, cumple los años el 14 de mayo y Alberto el 7. "Jugábamos al fútbol y a las figuritas, íbamos a la cancha y hacíamos quilombo en la acequia, pero siempre bromeábamos y nos decíamos que era para disimular y que no nos trataran de raros", recuerda Marcelo. Es que su pasión, ya a esa edad, era el piano. Y la de Alberto era dibujar y pintar. "A él le llamaba la atención que yo tocara el piano y sin partitura y a mí, que él dibujara tan bien y con colores".

El músico Marcelo López y el artista plástico Alberto Thormann compartieron los mejores años de la infancia en la calle Tomba. Seguramente fueron de los mejores de la vida. Esa vida que esta semana concluyó para Alberto, cuando "todavía tenía muchísimo por hacer", dice su amigo.

Por eso es agradable ahora regresar a esos años y ver a los dos muchachitos con sus rodillas sucias. Marcelo y Alberto, a pesar de que hubo varias mudanzas y que los caminos se fueron bifurcando, jamás perdieron contacto. "No nos veíamos muy seguido, pero siempre nos importó la calidad y no la cantidad", dice.

El sábado Marcelo fue hasta la Clínica de Cuyo para tener su última reunión de amigos. "Hoy siento una enorme tristeza. Fui ese día para tratar de empezar a soltarlo, para que pudiera irse...". Alberto se fue el lunes a la noche.

"Él era un hombre sano, más que cualquiera de nosotros. Era vegetariano, hacía una vida muy natural, muy feliz", recuerda el músico.

En diciembre pasado a Alberto Thormann le descubrieron cáncer de páncreas. Toda la atención médica a la que se sometió "no sirvió para nada". Su amigo dice que "tenía muchísimo para seguir dando y era querido por todo el mundo... Cuando ocurren estas cosas uno se rebela y se revela, con b y con v, y piensa mucho en la finitud y que hay que meterle pilas a esta vida". Y queda algo muy vivo y lleno de talento de Alberto en esta tierra. "Sigue vigente, muy vigente. En estos días, Alberto fue premiado en Barcelona, aun en su ausencia".

Pibes
"Nosotros éramos la Tomba Cultural", dice López, y reúne en esa movida, también, a Alejandro Moyano, tecladista de Raivan Pérez; al artista plástico Carlos Gómez (tío de Alberto Thormann y una especie de mentor de su sobrino) y el periodista Alejandro Parigi. Claro, por añadidura también estaban los hermanos de Marcelo: Rolando y Armando.

La calle, el club, el zanjón Maure, la biblioteca, el templo de San Juan Marón y los vecinos de ese tiempo forjaron un profundo sentido de pertenencia y un lazo indeleble entre los amigos.

"Esos años de la infancia son en donde se hacen amigos eternos, como dice Dolina", dice López.
Y recuerda una anécdota: "Alberto cumplía años el 7 de mayo y yo el 14. Me acuerdo de que con mi mamá íbamos preparando la lista de invitados a mi cumpleaños con una semana de anticipación. Por ahí, por alguna pelea o discusión del día, yo volvía caliente a mi casa y le decía a mi vieja: '¡Tachalo a este!', pero terminaban indultados esa misma tarde. El cumpleaños se terminaba haciendo con la lista original, pero llena de tachaduras. Alberto siempre estaba en ella. Era una amistad sin fisuras".

Algo juntos
Marcelo dice de su amigo que "era un ser muy liviano, que sabía vivir sin estar estresado, era más sano que todos nosotros, en todos los aspectos", y recuerda que hace unos años "tomó el riesgo de renunciar a su trabajo en Agua y Energía y dedicarse exclusivamente a su arte. ¡Fue toda una jugada!".
Un día de 2008, Alberto fue a una de las presentaciones de Marcelo. Hacía tiempo que no se veían. "Me preguntó cuándo haríamos algo juntos". Entre ellos, ese "algo juntos" tenía que ver con lo artístico, pero casi con el mismo valor que la organización de un asado con vino abundante. "Esa idea se fue postergando, hasta que unos años después nos cruzamos en la plaza España y nos propusimos concretar algo".

Entonces Marcelo le contó que tenía un grupo de canciones, que compondrían su siguiente álbum, Música en tu jardín, y quería que Alberto hiciera la portada.

Alberto se entusiasmó con la idea. Y se entusiasmó todavía más cuando Marcelo le propuso estar juntos sobre el escenario cuando presentaran el disco en vivo. "Le encantó la idea", recuerda López.
Fue en setiembre pasado, en el Independencia.

"Nosotros tocábamos y él dibujaba allí, en vivo, y se veía lo que hacía en una pantalla. Era muy impresionante ver cómo de un manchón hacía surgir figuras", recuerda Marcelo.

"El más impactante fue el que hizo cuando tocamos Mis días por vivir. Ahora, mirándolo desde este presente, parece que hubiera sido algo premonitorio".

Marcelo todavía está despidiéndose de su amigo de la primera infancia Alberto Thormann. Está aprendiendo a soltarlo, a dejarlo ir. No es simple. Así suelen ser las amistades sin fisuras.
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