Superó todas las adversidades y logró recibirse de médica

Basilia Esperanza Mamamí fue reconocida por la UNCuyo por su esfuerzo. De origen humilde, no se dejó vencer hasta cumplir su sueño

Basilia Esperanza Mamaní tiene 32 años. Hace exactamente diez años comenzó la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y este año, luego de atravesar una innumerable cantidad de enfermedades producto del estrés, pudo concluir sus estudios.

Por el esfuerzo realizado, al que se le suma una humilde procedencia, fue reconocida junto con otros 24 estudiantes que también pasaron situaciones extraordinarias, con la distinción María Elisa Norton Farmache.

Basilia nació y vivió toda su vida en Ugarteche. Sus padres son bolivianos pero hace casi 40 años que están radicados en Argentina. Ella hizo su secundaria en un colegio de Agrelo que aunque tenía orientación a las ciencias naturales no le sirvió de base para ingresar a la carrera que deseaba.

"Cuando decidí estudiar medicina sabía que iba a ser difícil, primero porque no tenía los medios económicos para prepararme. Sabía que iba a tener que hacer un año de preuniversitario", recordó Basilia.

Al primer intento no pudo ingresar, pero volvió a probar al año siguiente ya que no era tanto lo que le había faltado. Sin embargo, tuvo que contratar a una profesora particular a la que con mucho esfuerzo pudo pagarle.

"El primer intento de ingreso fue muy estresante y me enfermé. Primero bajé de peso y con eso me bajaron las defensas", contó la médica.

Desde que ingresó y hasta comenzar el tercer año las cosas marcharon bien. Sin embargo, durante el tercer año comenzaron los problemas con el estrés y cuando rindió el global que acredita el paso del ciclo básico al clínico, no pudo aprobarlo.

"Ahí me volví a enfermar, pero desde que comenzaron los síntomas hasta que me diagnosticaron estuve prácticamente medio año. Me medicaron pero me hizo mal por lo cual estuve internada nueve días en el Hospital Central, justo en diciembre, cuando se rinden los exámenes", continuó relatando Basilia.

Durante las vacaciones comenzó un tratamiento para acelerar la recuperación, pero lejos de eso cada vez se sentía peor. "Iba a cursar pero no podía estudiar, no podía retener lo que me decían, no podía dormir, pero estaba ahí", recordó.

En 2013, mientras cursaba cuarto año, afrontó uno de los problemas más importantes producto de la ansiedad. "En cuarto año se rinden cada dos semanas exámenes finales que son orales y eso me ponía bastante mal. Yo igual seguía, no quería parar y perder tiempo".

A mediados de 2013 tomó la decisión de parar, porque consideró que de esa manera no podía continuar.

"Había dejado de cursar y estaba con tratamientos porque me llevó tiempo saber qué me pasaba. Me tomé un año y medio sin cursar pero sí tratando de volver a empezar a estudiar, porque no quería saber nada con la carrera ni con la facultad", expresó Basilia.

Recién a finales de 2014, cuando ya estaba mejor física y psicológicamente, rindió una materia. En 2015 retomó la carrera completamente, comenzando a mediados de año con las prácticas finales de sexto. A finales de 2016 terminó de cursar y en marzo de este año rindió el global final, el cual aprobó para recibirse, luego de 10 años, de médica.

Mirando al futuro
Apenas se recibió, Basilia rindió con éxito para ingresar a la residencia de Diagnóstico por Imagen en el Hospital Central. Actualmente está cursando primer año y su idea es cuando termine (son cuatro años), seguir trabajando en el sistema público.

"Me gustaría, si es posible, trabajar en servicios más regionales. Yo vivo en Ugarteche así que me gustaría trabajar en Tupungato, Tunuyán, más cerca de un centro de salud, pero el diagnóstico por imagen es más difícil. Hoy por hoy hay que ir más a la ciudad", explicó Basilia.

Apoyo incondicional
Basilia recalcó que sin el apoyo de sus padres, que siempre la ayudaron, no podría haberse recibido.

"Mi papá se dedicó siempre a la chacra desde que se radicó en Argentina. Yo trabajé mucho en la finca, aprendí a trabajar en la tierra, a cosechar y plantar cebolla, tomates, ajo. Hice todo eso y la verdad es que me da mucho orgullo. Mis padres me dieron la posibilidad y el apoyo constante para poder estudiar y por eso les agradezco", cerró.

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