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domingo 28 de agosto de 2016

Sueña con tener su museo de cámaras fotográficas

José Alberto Vicente (62) comenzó a coleccionar a los 9. Posee más de cien de estas máquinas únicas e invaluables. Hizo exposiciones en galerías, centros culturales y cafés. Algunas de sus imágenes salieron en los medios.

Su casa bien podría confundirse con una tienda de antigüedades de San Telmo, en Buenos Aires. Está repleta de objetos cubriendo las paredes, apoyados sobre las bibliotecas, en los modulares, arriba de la mesa, en las sillas y en los sillones. Son tantos, que casi no queda espacio para vivir. Traspasar la entrada es sumergirse en un enmarañado de recuerdos, culturas y épocas dispares.

José Alberto Vicente tiene 62 años y comenzó a coleccionar cosas desde los 9. Posee juegos de llaves y candados, navajas, cortaplumas, bolígrafos, teléfonos, espadas, cuchillos, herramientas antiguas, adornos precolombinos, cubiertos, máquinas de coser, relojes de pared, monedas, grabadores antiguos, planchas y la lista se extiende.

Sin embargo, entre todos esos elementos, sus preferidos son las cámaras fotográficas. Tiene tantas, que sueña con la idea de abrir un museo para que lo visiten mendocinos y turistas por igual. Asegura que atesora más de cien de estos aparatos, cuyo valor es invaluable por tratarse de pieza únicas. Tiene modelos con las que podría ilustrarse la historia de las invenciones que hicieron posible la fotografía.
Vicente habla pausado y bajo. Acceder a detalles de su historia personal es tarea difícil. Después de insistir con varias preguntas acerca de su vida, deja saber que trabaja para Telefónica desde hace 41 años y que le quedan 24 meses para jubilarse. Pasado ese tiempo, su plan es dedicarse a viajar para retratar lugares que siempre deseó conocer y seguir ampliando su archivo de imágenes.

"Tuve la oportunidad de conocer el Machu Picchu en Perú, he viajado mucho por el país y conozco bastante Chile. Quiero ir a la Isla de Pascua y recorrer Europa. Me interesa poder retratar todos esos paisajes para realizar exposiciones", describe el itinerario que ya va pensando para cuando abandone su trabajo y se dedique plenamente a sus hobbies actuales.

Como fotógrafo aficionado cuenta que hizo exposiciones en galerías, centros culturales y cafés del microcentro. Algunas de sus imágenes han sido publicadas en diarios locales. Trabajó para observadores de estrellas y grupos de astrónomos. Su nombre cobró popularidad mediática en 1979 y en 1987, cuando logró captar con la cámara,en ambas ocasiones, luces en el cielo de Potrerillos que parecen ser ovnis.

En primera persona
"La fotografía me gusta desde niño, mi primera cámara marca Joya era de mi papá. Tengo entendido que debe ser de los años 50 aproximadamente. A mi padre le gustaba la fotografía pero como pasatiempo nada más, a mí me empezó a gustar para participar en concursos y también coleccionar los distintos equipos", dice Vicente.

Exhibió sus máquinas en radio Libertador, Banco Nación y Telefónica. Su pasión por las cámaras lo unió en amistad con Raúl Bollati (83), dueño de la tradicional casa de fotografía y cine que funcionaba en Urquiza y Salta y que tras estar abierta durante 63 años, cerró sus puertas el año pasado. "Bollati también tiene varias cámaras importantes, pero él dice siempre que yo tengo muchas más".

"Cuando entre en la secundaria mis tías me regalaron una Agfa alemana, la primera que tuve con película de 35 milímetros. Después fui comprando y también me fueron regalando amigos y conocidos que conocían mi debilidad por estos aparatos, también restauré muchos de ellos. Mi idea es seguir comprando y abrir finalmente una sala de la fotografía", dice.

Señalando una réplica de la fragata Libertad, Vicente confiesa que colecciona por nostalgia y para conservar recuerdos de lugares y personas. De hecho, muchos de los objetos apilados en su casa los heredó de familiares fallecidos. Otra porción importante fueron adquiridos invirtiendo sueldos y ahorros, aunque no se anima a decir cual es el mayor monto que pagó por una antigüedad.

Cámaras rusas, alemanas, francesas e italianas. Joyas imposibles de conseguir porque el progreso las fue borrando con nuevas tecnologías, aguardan en secreto en el hogar de Vicente. El mendocino que planea abrir su museo para compartir con otros apasionados, la misma obsesión que siente por la fotografía y esas máquinas que hicieron posible el sueño de captar instantes del tiempo.

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