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miércoles 20 de septiembre de 2017

Son 500 los presos de Mendoza que usan tobillera

Representan más del 10% de la población carcelaria y utilizan estos dispositivos para ser controlados fuera de los penales

El caso del preso condenado por robo agravado que se fugó el lunes pasado, mientras realizaba labores en el parque General San Martín, luego de quitarse la tobillera electrónica que permitía su monitoreo, reavivó el debate sobre la utilidad de esta tecnología para controlar a los reos que cumplen la condena en sus domicilios o que gozan de salidas transitorias.

Eduardo Luis Luquez Robles, de 27 años, hacía tareas en el Parque como parte de un programa de trabajo para presos del penal, con la tobillera y vigilado por guardias penitenciarios. El reo pidió ir al baño, allí se quitó la tobillera y se fugó sin que los guardias lo notaran.

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Se la pueden quitar fácilmente
No es la primera vez que ocurre este tipo de incidentes, que ya son habituales desde el 2015, cuando empezaron a utilizarse estos dispositivos de control.

A pesar de que fueron presentados en su momento como la panacea para terminar con las fugas, la verdad –aunque sorprenda– es que un detenido puede quitarse la tobillera con total facilidad, sin mayor impedimento que su propia voluntad. Esta se coloca como un reloj pulsera y se saca de la misma manera.

Ese dispositivo es así porque no es un rastreador inteligente, que es lo que se tiende a creer, sino que es más bien un sistema de monitoreo y alarma.

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El sistema de monitoreo electrónico<br>
El sistema de monitoreo electrónico

¿Cómo funciona? Según admiten en informalmente en el Ministerio de Seguridad, cuando el detenido tiene la tobillera puesta y se mantiene dentro de los límites que le permite el dispositivo, el centro de monitoreo recibe una señal que le confirma que todo está en orden.

Pero cuando el interno se quita el aparato o lo rompe o traspasa el perímetro programado para fugarse, salta una alarma en el centro de control con la palabra "error", que les avisa que el individuo cometió tal acción.

Sin embargo, de allí en más, quienes tienen que atraparlo están a ciegas. La tobillera no emite señal que permita saber dónde está, como sí lo hace un teléfono sofisticado. Apenas pueden saber dónde estaba y rastrillar de inmediato esa zona antes de que sea tarde.

Fue lo que ocurrió con Luquez: se sacó el aparato en el baño y una vez que huyó, lo único que podían sospechar es que estaba en la zona del Parque. Aún no lo han encontrado.

Uso cada vez más extendido
Actualmente, el sistema penitenciario mendocino tiene a 500 presos con tobilleras electrónicas, lo que representa poco más del 10% de toda la población penal de la provincia.

De este total, 400 las utilizan bajo el régimen de prisión domiciliaria y otros 100 para las salidas eventuales, a las que tienen derecho por la Ley 24.660 del Régimen Progresivo de la Pena, a partir del cumplimiento de la mitad de la sentencia, el que tiene como objetivo la reinserción social del interno.

El dispositivo para prisión domiciliaria cuenta con una tobillera que, además, va acompañada de un aparato (una base similar al decodificador de un televisor), que programa y mantienen activo el perímetro máximo por el que tendrá permitido desplazarse el detenido.

En cambio, para los presos que parten a una salida transitoria, la tobillera lleva consigo un sistema de georreferenciación que permite previamente a las autoridades grabar el recorrido que deberá hacer el reo y el destino donde estará.

Cuando el interno no cumple lo previsto, en el centro de control aparece el alerta con la palabra "error" y eso es todo.

Para el preso, violar el perímetro o deshacerse de la tobillera es un mal antecedente que le quita del beneficio que estaba gozando por derecho no pudiendo acceder a él de nuevo.
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