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jueves 13 de octubre de 2016

Santa Rosa y "el Rey de La Salada" no ceden y el conflicto se extiende

Trabajadores de La Salada se manifestaron frente a la Municipalidad en defensa del dueño del Megapolo.

Es un callejón sin salida, oscuro, donde los caminantes se chocan entre ellos y los vecinos se pelean, gritándose desde las ventanas. Algunos saben con quiénes tropiezan y también algunos recuerdan el origen de las discusiones. Pero la mayoría ya no. Y en esa oscuridad absurda termina sumergido hasta el más pintado. Nada parece tener solución. Es como si no hubiera forma de abrirle una salida a ese callejón cerrado y tampoco hay nadie que deje de gritar... o que prenda la luz. Las caras cambian a veces, pero siguen empujándose y gritando, igual que los anteriores. El caos, la crisis, se han convertido en formas de vida en Santa Rosa.

Este jueves por la mañana unas 40 personas, autodefinidas como trabajadores del Megapolo La Salada de Cuyo y acompañadas por una camioneta de la empresa, se congregaron frente a la municipalidad de Santa Rosa para exigir que la feria continúe en el departamento. Defendían al multiempresario Jorge Castillo como si fuera el más puro heredero del lencinismo.

Del otro lado, la concejala a cargo de la intendencia, Norma Trigo, y sus funcionarios volvían a insistir a viva voz que Castillo ha decidido (ha amenazado, en realidad) irse sin que lo echen y que sólo pretenden que el Megapolo funcione con y dentro de las condiciones legales y administrativas vigentes.

En el mismo momento, un tercer cuadro se pintaba en la oficina de la Dirección de Obras y Servicios Públicos de la municipalidad. El responsable del área se reunía con 8 representantes del Megapolo Mayorista Santa Rosa, una asociación integrada por 200 feriantes que quieren instalarse a poca distancia de La Salada y que pretenden obtener facilidades similares a las que se le dieron a Castillo durante estos tres años últimos.

Y entre el ruido, los gritos, las reuniones y la oscuridad, Cintia Maturano cuenta su realidad, cruda: "Tengo 33 años, tres hijos y mi marido está enfermo. La mía, en La Salada, es la única fuente de laburo que tenemos. Pueden decir lo que quieran, explicar lo que sea, pero mis hijos no van a entender nada de eso cuando yo no tenga qué darles de comer".

Y agrega: "Yo trabajo desde los 12 años. Ahora no hay trabajo en las fincas, no hay nada en ningún lado. Lo único que queremos es trabajar dignamente y Castillo nos dio esa posibilidad".

Después de casi dos horas de una reunión multitudinaria, tensa y por momentos agresiva, la Comuna y los trabajadores acordaron reunirse nuevamente la semana que viene, pero esta vez sumando a representantes de La Salada.

La estrategia de Castillo
Jorge Castillo lanzó la bomba y esperó. Dijo: "Me voy de Santa Rosa, no me dejan trabajar" y esperó a que fueran los potenciales desempleados los que salieran a la calle. No hay mejor presión que esa, no hay mejor herramienta para sentarse a negociar con aquellos que comenzaron a exigir, con el argumento de ordenar.

Este jueves nadie se preguntó cuánto ha ganado la empresa de Castillo en estos tres años y cuánto gana hoy. Tampoco es preciso el número de puestos existentes ni las personas que trabajan allí para el Megapolo, para los feriantes o que tengan su propio puesto. Pero en un departamento con escasísima actividad económica, cualquier puesto de trabajo tiene un peso superlativo.

Castillo ha sostenido siempre que su empresa sólo organiza y aporta las instalaciones y que el resto es responsabilidad de cada uno de los feriantes. Ahora dice: "Ya me empecé a llevar las cosas y el 31 de diciembre me voy".

Los otros
La asociación Megapolo Mayorista Santa Rosa está compuesta por feriantes de distintos puntos de Mendoza, algunos de los cuales son santarrosinos. Son unos 200 y la mayoría dice que tenía un puesto en La Salada hasta que "recibimos malos tratos, incluso a algunos nos encerraron en una oficina y nos golpeó gente de Castillo", dicen.

Ahora se han conformado legalmente como asociación, compraron un terreno de varias hectáreas a la vera de la ruta 7 y cerca de la feria de Castillo, y están negociando con la Comuna para encontrar la forma de comenzar a trabajar en forma precaria, pero dentro de algunas normas que contemplen la actividad.

"Queremos hacer las cosas bien, pero necesitamos que nos faciliten las cosas para poder empezar. No somos empresarios ni tenemos capital. Nos costó mucho juntar el dinero necesario para comprar el terreno y ahora necesitamos poder trabajar, para hacer las obras", dijo Marcial Condorí, uno de los 200.

"Nosotros le vamos a cobrar entre $30 y $50 a cada feriante por día y no los más de $500 que les cobra Castillo. No somos empresarios especuladores. Queremos que todos podamos trabajar", dijo Daniel Ramírez, uno de los emprendedores, que es vecino de Santa Rosa.

"Si Castillo se va, podemos analizar la posibilidad de comprarle la feria y administrarla desde la Municipalidad” (Marcos Nuarte, contador a cargo del área de Hacienda de Santa Rosa)
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