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domingo 23 de octubre de 2016

Sacan del abandono bicicletas antiguas para dejarlas nuevas

Dos coleccionistas mendocinos se dedican a restaurar rodados en desuso para sus clientes. Cuestan desde $7.500. Cambian sus componentes, reparan piezas y las embellecen con acabados en estilo vintage. Cada una es única

¿Qué tienen en común un arquitecto que dejó de lado el título universitario para dedicarse a alquilar máquinas viales con alguien que se gana la vida como entrenador deportivo? Quienes conocen a estas personas dirían que no sólo la amistad que los une desde hace años, sino también el afán por salir a buscar y coleccionar objetos en desuso y restaurarlos.

Javier Flores (39) y Sebastián Gil (35) canalizan su pasión por lo antiguo dedicándose a rescatar y recuperar bicicletas que tuvieron su esplendor, cincuenta, sesenta o setenta años atrás. A pedido de su círculo más cercano primero y luego por encargo de particulares, convierten cuadros oxidados en rodados cero kilómetro, con un estilo clásico.

La idea comenzó como un pasatiempo hace tres años, pero debido a la demanda que se produjo del boca en boca, ya se transformó en un emprendimiento comercial único en la provincia. Según sus protagonistas, que conocen muy bien el mercado, Mendoza posee firmas que venden productos similares, pero están hechos industrialmente y no recuperados.

Por eso atribuyen el éxito de su empresa a la autenticidad de la propuesta, aunque también al auge de productos vintage y la moda asociada a la cultura hipster, que impone consumos de productos artesanales o de segunda mano, afín al cuidado del ambiente y el reciclaje. Aseguran que estas bicicletas tienen mayor calidad y su estilo les aporta un valor extra.

"Este proyecto surgió a raíz de mi gusto por coleccionar. Soy un basurero. Guardo juguetes, botellas, muebles, puertas, lo que se te ocurra. Lo hago desde los 15 años. Tengo una colección de 14 bicicletas clásicas en casa. Siempre que puedo visito chacaritas, mercados de pulga, particulares, para ir juntando cuadros ingleses, italianos, franceses", describe Javier.

"Somos amigos desde hace tiempo y nos potenciamos en nuestro interés por lo antiguo. A mí siempre me gustó restaurar muebles, algo que heredé de mi padre. Por curiosidad un día me puse a investigar más sobre las bicicletas. Todo empezó como un hobby y de a poco fue creciendo y el proyecto fue tomando impulso y la idea es que siga creciendo", explica Sebastián.

Ambos confiesan vivir en constante búsqueda de repuestos y para eso han ido visitando viejas bicicleterías con el objetivo de conseguir material que les sirva para las reparaciones. Defienden el uso de este medio de transporte por ser económico, saludable y una de las alternativas que descubrieron las grandes ciudades del mundo para reducir el tránsito y el caos vehicular.

Desde que comenzaron ya realizaron más de 40 restauraciones. Han ofrecido sus servicios a clientes de otras ciudades como Córdoba, Rosario y Capital Federal, que los conocieron a través de las redes sociales, el único modo por el momento que ofrecen para contactarse. Trabajan en un taller a puertas cerradas e insisten en que cada pieza que entregan es única.

Dejar como nueva una bicicleta puede costar desde $7.500 en adelante, dependiendo de los requerimientos del dueño. El trabajo demora cerca de 15 días. Las bicis son pintadas en horno, rellenadas en bronce, cuentan con un acabado especial para que no se oxiden, terminaciones de los asientos en cuero, canastos de madera y colores originales.

"Es como ir armando un rompecabezas al que hay que conseguirle cada pieza. Si no la tenemos nueva, la tratamos de reparar o compramos una nueva. Hay partes que por seguridad deben ser remplazadas por completo, pero tratamos de que lleven los mejores materiales disponibles. Volvemos a darles uso a cosas que para muchos ya no sirven y eso le gusta a la gente", concluyeron.
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