Mendoza - Mendoza Mendoza
domingo 08 de mayo de 2016

Qué cosa no le debería faltar a un gobernador

Salvo en Bordón y Cobos, en Mendoza el carisma no parece ser lo más extendido. Cornejo no fue votado por exceso de simpatía.

"Si a un escritor le falta el encanto, le falta todo", decía el escocés Robert Louis Stevenson, el de La isla del tesoro.

¿Qué cosa no le debería faltar hoy a un político en Mendoza?

Pregunto esto ya que, por ejemplo, Alfredo Cornejo no es un señor encantador. Por el contrario. Es más bien áspero. Y sin embargo fue votado por una mayoría.

Inquiero, entonces: ¿cuántos encantadores natos, naturales, hemos tenido en la gobernación desde 1983?

A mí se me ocurren sólo dos: el justicialista José Octavio Bordón y el radical Julio Cobos.

El aquietador
Cleto no produjo cambios inolvidables y fue más bien un gobernador de absoluta medianía.

Sin embargo tuvo la habilidad de transmitir tranquilidad, de aquietar las aguas.

Y además ganó la gobernación en 2003, cuando el radicalismo era mala palabra en todo el país.

¿Por qué creen ustedes que el audaz Néstor Kirchner se fijó en Cobos para armar aquel "proyecto político transversal" y empaquetarlo con la idea de que fuera vice de Cristina y así poder traccionar los votos de la clase media?

Touch militar
Con los Kirchner es imposible armar algo"horizontal". Simplemente porque ellos no entienden de transversalidades sino sólo de verticalidades. Siempre mandaron.

Y para suavizarlo se recostaron en la izquierda, sector ideológico al que nunca pertenecieron.

El propio Néstor lo explicó alguna vez de manera brutal: "Es que la izquierda te da fueros".

Cobos se equivocó. Era imposible que pudiera compartir un gobierno con una soberana como Cristina Fernández.

Pero conocedor de su encanto, el mendocino pateó el tablero y transformó su imagen de cachiche de los K en el de una figura nacional de la política.

Felipe y el "Pilo"
Sigamos repasando. Don Felipe Llaver generaba respeto por su edad, por su trayectoria en la UCR, por su honestidad y hasta por su conocida tozudez, pero no tenía ningún charme singular.

Bordón fue de los primeros justicilistas que comprendieron que el peronismo no iba a ir a ningún lado si no se ocupaba de manera moderna de enamorar a la clase media.

Pocas veces se vio en Mendoza un gobernante tan bien informado y al tanto de lo que pasaba en el mundo. Y parte de su encanto residía en que sabía traducir los nuevos tiempos.

Lo que para Menem era la privatización salvaje de todo, para Bordón era "desestatizar la vida".

Dos del Equipo
No fueron particularmente encantadores los otros dos gobernadores de la tríada peronista del Equipo de los Mendocinos.

Uno de ellos, Rodolfo Gabrielli, se patentó como un técnico en economía que buscaba poner el nombre de Mendoza en el mundo.

Sería deshonesto no reconocerle mérito en los cambios que se hicieron desde entonces para que en Mendoza el proceso privatizador fuera diferente al de Menem, pero sobre todo para que (junto a la actividad privada) se iniciara un cambio esencial en la industria del vino.

El tercero del Equipo, Arturo Lafalla, coincidió con la segunda presidencia de Carlos Menem, cuando ésta ya presentaba signos de descomposición y de profunda corrupción.

Hombre que parecía vivir un martirio, privatizó los dos bancos provinciales, las principales empresas de servicios y comenzó al construcción de la presa Potrerillos.

Animal político
El Mula fue el apodo popular con el que los mendocinos conocimos a Roberto Iglesias.

Ese mote nos libera de mayores comentarios respecto de posibles encantos del susodicho.

Fue, sin embargo, el gobernador al que le tocó conducir Mendoza durante el corralito, la caída de De la Rúa y los interregnos de Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde.

Se llevó mejor con Duhalde que con su propio presidente De la Rúa.

Un encantador sin buena muñeca política no hubiera sobrevivido al descalabro económico y político. El Mula no sólo terminó su mandato sino que su sucesor fue Cobos, otro radical.

¿Nunca?
Después de Cleto los dos gobernadores K que supimos conseguir se encargaron de poner en duda para siempre aquello de que el pueblo nunca se equivoca.

Celso Jaque y Francisco Pérez (sobre todo éste último) demostraron que sus escasos encantos, si los tenían, eran sólo de cartón.

El gran desencanto fue comprobar que no parecían mendocinos. No respondían a los cánones en los que solían, hasta entonces, moverse nuestros hombres públicos.

Creyéndose eternos deudores de Néstor y de Cristina, desconocieron el compromiso que habían adquirido con los votantes de Mendoza y se entregaron de pies y manos a la Casa Rosada, de manera alevosa.

El malarguino Jaque nos aseguró en la campaña: "A Cristina siempre le voy a decir, primero Mendoza" pero tras asumir todo fue "Sí, sí, Presidenta".

Paco Pérez no sólo careció de encanto sino que todo su gobierno fue un continuo desencanto. Dirigentes de su propio partido han dicho en la Legislatura que el suyo fue el peor gobierno justicialista.

El de ahora
Llegamos así a Alfredo Cornejo. Según sus propias palabras, los mendocinos lo han elegido para acomodar el desorden y el dispendio que dejó Pérez.

Encanto es una palabra que tiene varias acepciones. Una de ellas alude al "carisma, el duende o la gracia" de un persona.

Decididamente no creo que esa definición acierte con el actual mandatario.

Otra de las definiciones que da la Real Academia hace referencia a otras "cualidades" como la personalidad, el tesón o el coraje de una persona.

Falta largo trecho para que Cornejo demuestre en el tiempo si lo suyo se consolidará por este lado.

Es decir, si el encanto de su gobierno estará en acertar con una gestión más seria y eficaz de las que hemos tenido en Mendoza durante los 12 años de kirchnerismo.

Le juega en contra cierta tendencia a exagerar el "aquí el que manda soy yo" siendo que al mismo tiempo él ha admitido ser sólo un empleado circunstancial de los votantes.

También una oportuna plasticidad suele tener, a veces, su encanto. Y su recompensa política.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas