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domingo 12 de febrero de 2017

Por U$S150.000, Rivadavia compró la bodega Gargantini

La Municipalidad firmará la escritura y concretará el pago en un plazo no mayor a 60 días. Posee 4 casas y una herrería. El edificio principal, con su fachada histórica, es un símbolo de una de las mejores épocas de la vitivinicultura

Rivadavia. "Esto no es comprar un edificio, es comprar una historia, un sentimiento, comprar algo que hace a la cultura de un pueblo", dijo Miguel Ronco, el intendente de Rivadavia. Así se refirió a la concreción de la compra por parte de la Comuna de las instalaciones de la emblemática Bodegas y Viñedos Gargantini, símbolo de una de las mejores épocas de la vitivinicultura nacional.

Con una inversión de 150.000 dólares, un desembolso muy escaso si se contempla la superficie, la calidad de las edificaciones y el valor histórico que tienen, la Comuna ya firmó la intención de compra y en un plazo no mayor a 60 días firmará la escritura y realizará el pago.

"Compramos el edificio principal, con su fachada histórica, la champanera, lo que queda de un galpón, el laboratorio, las cocheras, la sala de degustación, la maternidad, cuatro casas que hay allí y la herrería", detalló el jefe comunal.

El resto de lo último que pertenecía a Gargantini fue adquirido por un particular, gracias a que la Comuna logró acordar con ellos, ya que el vendedor deseaba hacer una única venta, en conjunto.

Ronco, que había comenzado a trabajar en la idea de compra desde mediados del año pasado, como ya se había contado oportunamente en este medio, explicó que "tuvimos que trabajar mucho, porque nos costó encontrar la punta del ovillo, que era establecer quiénes eran los dueños actuales".

Finalmente se logró encontrar al único propietario y hacer el acuerdo, también logrando acordar con un particular, "la familia Carbonero", para que comprara las hectáreas de tierra que quedaban disponibles y que al municipio no les interesaba particularmente.

El jefe comunal sostuvo que todo el complejo tendrá un fin turístico. "Allí podremos hacer el Museo del Vino y mostrar todo lo relacionado con la producción de la zona", dijo.

Además rescató la "visión de futuro que tuvo la familia Gargantini cuando construyó ese lugar, que contaba con maternidad, escuela, iglesia, tres subsuelos para las cámaras de frío de la champanera, un túnel que cruzaba por debajo de la calle y que llevaba a la destilería de grapa... Cientos de cosas que fueron un emblema de la época y del departamento. Aquí trabajaban 1.500 personas por temporada".

Mucho más que una empresa
Bodegas y Viñedos Gargantini fue mucho más que una empresa. Hoy, quienes viven en la zona, se definen como "gargantinianos". Tan importante fue.

El fundador, Bautista Gerónimo Gargantini, nació en 1861 en Lugano, capital del cantón suizo de Ticino. Era albañil y pintor de brocha gorda y en 1883 llegó a Buenos Aires buscando un mejor futuro. Trabajó un tiempo como albañil, pero después resolvió radicarse en Mendoza. Vendió fiambres y embutidos en el Mercado Central y fue en esa época que conoció a Juan Giol y Pascual Toso. Allí comenzó todo. Decidieron incursionar en la elaboración de vinos.

Comenzaron con una pequeña bodega en Guaymallén, después invirtieron en 48 hectáreas en Maipú y en 1906, ya consolidada la sociedad Gargantini – Giol (Toso había decidido separarse), adquieren 1.922 hectáreas en Rivadavia y en 1910 otras 3.098, con la bodega La Florida ya construida.

A los 50 años Bautista Gerónimo decidió regresar a Suiza, pero ya había dejado en Mendoza y especialmente en Rivadavia el germen de su espíritu pujante: los viñedos y la bodega y también a su hijo Bautista, que potenciaría la compañía y también toda la región.

Bautista, nacido el 11 de noviembre de 1891, generó un amplio desarrollo cultural y económico hasta el año 1950, en que dejó la dirección de la empresa a sus hijos Carlos y Alberto.

El segundo de la dinastía hizo construir en sus terrenos la Escuela Provincial Nº16 y corrió con los gastos del personal y los insumos de maestranza y del comedor escolar.

Además, sin ser católico, hizo construir la capilla del lugar y también una maternidad, la sala de primeros auxilios con capacidad para alojar a 30 personas y fue el primero en crear un comedor para los obreros de la firma que atendía a cerca de 3.000 personas por día. Además donó terrenos para levantar barrios para sus empleados.

Además de vinos, se elaboraba champán fermentado en botella, mistela, grapa, alcohol y vinagre de uva, aceitunas envasadas y aceite de oliva, siendo en este rubro uno de los mayores productores a nivel nacional. Fueron los viñedos más grandes del mundo, con más de 1.550 hectáreas plantadas. En el año '60 contaba con más de 980 empleados en forma permanente.

Según cuentan, Gargantini fue desmembrada lentamente. Las tierras fueron vendidas por parcelas y las instalaciones también fueron fraccionadas para vender o rematar. Después se bajó el martillo sobre todas las maquinarias, los muebles, las barricas y todo lo que pudiera ser extraído de las instalaciones. Solo queda por vender lo que ahora se le ofrece a la Municipalidad.

El sitio tiene un potencial turístico enorme, conjugando la historia con algún área que pueda ser rescatada para la elaboración en pequeña escala. Lo que es indudable es que Gargantini es reflejo de un país y que su actualidad, aunque dolorosa, es útil para sentir profundamente los aciertos y errores del último siglo y medio.
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