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viernes 14 de octubre de 2016

Por qué Irrigación declara que Mendoza seguirá en emergencia hídrica

El Departamento General de Irrigación pronosticó que los ríos principales tendrán un ciclo hidrológico escaso.

Las lluvias y las nevadas que parecieron extraordinarias desde el verano hasta bien entrado el otoño 2016 no rindieron lo suficiente como para dejar fuera de la emergencia hídrica los ríos de Mendoza, según Irrigación. El pronóstico de escurrimiento de agua superficial realizado por el Departamento General de Irrigación indica que los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel estarán muy por debajo de su media anual de promedio. Esto es: tendrán un ciclo hidrológico 2016/2017 medianamente pobre.

Y peor le irá al Sur, porque para el río Malargüe está pronosticado un ciclo seco y para el río Grande, uno pobre. A esto se le suma que volverá el fenómeno de La Niña, lo que supone un período de menor cantidad de precipitaciones. En definitiva, esto implicará que se deberán administrar bien los embalses para llegar con suficiente agua para la primavera del 2017, sin tener que padecer grandes faltas de agua tanto para el uso agrícola como humano.

Así lo resumió José Luis Álvarez, titular del DGI: "El 92% del agua está destinada a la agricultura, el 1% a la industria y el resto, al consumo humano. Obviamente que si no tomamos previsiones y cuidamos el agua, será complicado. Hay lugares donde realmente será muy difícil administrar el recurso, por ejemplo, en Malargüe, donde hay 5 metros cúbicos por segundo y donde 1 es para la población en años normales. Este año hay sólo 3 metros cúbicos por segundo, y así será muy difícil administrar el agua".

De todos modos, Álvarez explicó que los embalses empezaron la temporada de riego 2016 completamente llenos por el agua de deshielo y además, no fue necesario utilizar todo el agua disponible debido a la cantidad de lluvias caídas durante la época de octubre y marzo, cuando mayor demanda existe de parte del sector productivo. Esto permitió comenzar un proceso de medición de la humedad del suelo y del agua que llega a la planta, de modo tal de tener datos de cómo incidirá en la producción la mayor cantidad de agua pluvial que parece traer a paso firme el cambio climático.

A la vez, aclaró que el tener más lluvia no implica que Mendoza esté preparada para reservar agua pluvial. De hecho, insistió en decir que "en muchos países ya trabajan en guardar agua", mientras en la provincia se estudia cómo avanzar en ese aspecto.

El funcionario detalló también que "con la llegada de La Niña estamos previendo que arrancaremos el 2017 con la capacidad de los embalses en el 85%, y por eso tendremos que hacer previsiones para la primavera que viene".

El Niño Godzilla decepcionó
Jorge Núñez Cobo trabaja en el Centro Regional del Agua para Zonas Áridas de América Latina y el Caribe (Cazalac) de la Unesco, ubicado en La Serena, Chile, y fue invitado para explicar por qué el fenómeno de El Niño Godzilla terminó siendo un bebé recién nacido.

Tras explicar que la función de Cazalac es traducir la información científica para que los responsables de la gestión del agua puedan tomar decisiones, detalló que "se pensaba que El Niño iba a ser excepcional, pero esto no sucedió finalmente porque como factor de influencia se ha ido debilitando frente a otras cuestiones que surgieron y son más importantes, como la oscilación del canal del oceáno Pacífico. Esto empezó a ser considerado muy recientemente y resultó ser que mientras el fenómeno de El Niño o de La Niña aportan más o menos calor y se comportan más o menos parecido en la zona del Ecuador, la oscilación del océano Pacífico tiene variaciones más lentas y más grandes respecto al espacio donde influyen. Esto significa que cuando estamos en condiciones de oscilación fría como la que está pasando ahora y estamos frente a un evento Niña o Niño, existen más posibilidades de tener dificultades para que las lluvias lleguen a las zonas donde necesitamos que lleguen, y al revés cuando esa oscilación es cálida. Hay fenómenos Niños más fuertes".

"A su vez, también es cada vez más evidente que el cambio climático tiene también una importancia relativa, ya que se no ha probado una relación directa por el derretimiento de los polos que esté causando el enfriamiento de esta oscilación, sino más bien debido el curso de los factores naturales del planeta", añadió el especialista.

"El Comité Intergubernamental por el Cambio Climático cada vez reconoce más que la variabilidad natural tiene mayor peso de lo que se creía, y eso nos pone en un problema a los países de Latinoamérica porque para proyectar necesitás de registros muy intensos, de largo tiempo, y nosotros recién llevamos midiendo 100 años fenómenos que son de miles de años", cerró Núñez Cobo.

"Tenemos que asumir que vivimos en un desierto"
José Luis Álvarez, titular del DGI, consideró que ante la emergencia hídrica "tenemos que asumir que vivimos en un desierto y que la escasez es habitual", y que para lograr una mejor distribución "se debe seguir trabajando en forma cada vez más eficiente con el agua, sumando tecnología en la medición, como lo estamos haciendo con los regantes a través del sistema MIDO (Modelo de Indicadores de Distribución Operativa). Esto significa contar con información en tiempo real para la toma de decisiones eficientes en la distribución del recurso". Además, informó, seguirán "sumando tecnología, como sensores de humedad de suelo, de calidad y pluviómetros".

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