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miércoles 29 de junio de 2016

Podrán reanudar sus tratamientos chicos con problemas de aprendizaje escolar

Profesionales de la Doaite debieron resentir la atención por una mudanza. Ahora se refaccionará otro espacio. El centro infanto juvenil, aún con incertidumbre

Alejandro Quispe (19) trabaja y está cursando el primer año de una carrera terciaria. A pesar de la dedicación que demandan estas actividades, gran parte de su tiempo lo destina a viajar desde El Zampal al centro tupungatino para acompañar a sus dos hermanos, de 15 y 16 años, a que sean tratados por profesionales del Centro Asistencial en Salud Mental Infanto Juvenil Nº9 de Tupungato, ya que padecen trastornos en la trayectoria educativa detectados por el equipo local de la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias Escolares (Doaite), que los derivó a sus colegas.

"Están mejor gracias a ellos pero si ahora los tengo que llevar a otro lado, no voy a poder, ¿cómo hago?", expresó desesperado este joven que ayer, a primera hora, se acercó hasta las últimas instalaciones en las que atendieron ambas instituciones que trabajan de forma articulada algunas historias clínicas.

Allí, en una casa ubicada en el patio de la escuela Dionisio Chaca, se habían autoconvocado varios docentes, coordinadores de Servicios de Orientación de los secundarios y familiares de algunos de los aproximadamente 250 niños y jóvenes que están siendo tratados por alguno de estos dos organismos y cuyas atenciones se vieron interrumpidas, debiendo ser derivados a Tunuyán o al hospital Notti, a raíz del pedido repentino de una nueva mudanza.

Que no sea la primera vez que los profesionales tienen que abandonar un espacio en el que ya acomodaron herramientas, documentación y en donde acostumbraron a los pacientes a tratarse, y que el nuevo destino los encontrara separados y atendiendo con limitaciones fueron lo que preocupó y movilizó a sus miembros y a los pacientes.

La inquietud se trasladó a las autoridades provinciales y cerca del mediodía se anunció, finalmente, que la Doaite no deberá atender desde un aula "grande, gris y fría" –como describió uno de sus especialistas- del Centro Regional Universitario, adonde los querían trasladar, sino que lo hará desde la escuela Emilia Herrera de Toro. Allí hay un espacio desocupado que les fue cedido y al que remodelarán para que usen, a más tardar, después de las vacaciones de invierno, como anunció Miguel Conocente, el director general de estas direcciones.

"La Comuna hará algunas remodelaciones pero los profesionales van a estar igual o mejor aún. Estamos todos trabajando para que estén más cómodos", detalló el funcionario, quien también asumió que la alternativa que les habían dado no era la adecuada para que se traten los 150 casos de escolares que han recibido desde principios de año.

Ahora, lo que se evalúa es si este espacio también podrá albergar al Infanto Juvenil Nº9, al que querrían reubicar en consultorios del General Las Heras y que ha llevado a que este equipo de salud mental esté en la incertidumbre total, como ellos mismos describieron. Es que en el hospital podrán atender sólo de tarde y en algunos horarios, y aún no saben si habrá espacio para lo administrativo, considerando que manejan el legajo de más de 500 pacientes que han atendido desde su creación, en el 2013. Algunos de estos niños y jóvenes de hasta 18 años continúan el tratamientos desde entonces. En la actualidad pasan por los consultorios del centro más de 100 personas por mes.

"Oficialmente no sabemos nada aún ni cuándo vamos a poder reanudar la atención. Nos dijeron de un día para otro que teníamos que irnos. Pero estos cambios alteran el estado de los niños, porque muchos pierden la confianza en el sistema o desisten del tratamiento", contó Juan Senar, coordinador de esta sede, a la que llegan con trastornos emocionales, psicóticos, con adicciones o retraso mental ya sea por presentación espontánea (sólo el 20%) o derivados por el juzgado, el Órgano Administrativo Local (OAL), los equipos técnicos de las escuelas o de la misma Doaite. En el espacio de la escuela Chaca, en donde tienen todo embalado, abrirán a la brevedad dos salas de 4 años.

"Estoy preocupada porque se perdió la continuidad del tratamiento y venimos de cambio en cambio. Ellas se habían acostumbrado y venían sin sentirlo como una carga o una obligación sino que lo veían como un juego", comentó Ángela Kobalc, mamá de dos niñas de 10 y 13 años –la mayor es discapacitada– que estaban en tratamiento.
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