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lunes 14 de agosto de 2017

Pequeñas grandes historias escritas a la luz del deber ciudadano

Elecciones 2017. Don Mercedes y un vecino aprovechan para hablar de la poda en Alto Verde. Y una madre le ganó al frío en Buen Orden.

"¿Cómo anda, don Mercedes?", dice el hombre que debe tener unos 60 largos, gorra de paño y lentes. Son las 10 y el sol ya ha derrotado al frío de la mañana.

"Lindo nomás. Esta semana me hice 500 plantas y me faltan otras 200 para la semana que viene", contesta don Mercedes, que tiene más o menos la misma edad, más o menos la misma gorra y casi el mismo aumento en los lentes. Hablan de la poda, como corresponde a cualquier mendocino que se precie.

Si no fuera porque uno es muy alto y el otro bastante bajo, podría creerse que son mellizos. Ojos achinados, piel curtida, bien comidos, hablar pausado.

Están en el patio de la escuela Moisés Chade, en la localidad de Alto Verde, en San Martín pero podrían estar en cualquier otra de Mendoza. Ambos, los brazos cruzados y el cuerpo ligeramente echado hacia atrás, como satisfechos. Las elecciones permiten esto: cruzarse sin mucha urgencia con gente con la que uno casi nunca se ve.

"Me crucé el otro día con don González. Lo fui a ver a su casa. Estuvimos como cuatro horas hablando... ¡Siempre nos falta tiempo pa' conversar!", dice el más alto. Don Mercedes asiente y responde con una sentencia similar.

Y así seguirán un rato, hasta que les pique el bagre y decidan irse a almorzar.

Después de todo era domingo de elecciones y este lunes había que trabajar, por más que las noticias sostuvieran que ganaron unos y perdieron otros.

Josefina, la mística a pleno
Josefina Valente camina con andador. Blanca la cabeza, sonriente, amable. Tiene 82 años y recuerda que la primera vez que fue a votar fue el 11 de noviembre de 1951, comicios históricos ya que fue la primera vez que pudieron votar las mujeres en la Argentina.

Esa vez la fórmula Perón-Quijano obtuvo más del 60% de los votos y el fundador del justicialismo logró la reelección, dejando a la formula Ricardo Balbín-Arturo Frondizi con en el 32%. "Yo voté a los radicales", recordó Josefina, mientras su hija la sostenía de un brazo.

–¿Por qué viene a votar, si ya no está obligada?
–Porque me encanta cumplir como ciudadana. Esto me hace sentir argentina. Además... tengo mis ideas".

No es necesario preguntarle a quién ha votado siempre a pesar de que recuerda claramente que Perón era el rival pero no ha guardado quién era el candidato radical... "Creo que era Balbín, pobre...", dijo, y acertó.

Luego volvió al presente y subrayó: "Me voy contenta, he cumplido con mi deber". Josefina conserva la mística.
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<div>Josefina Valente y la mística a pleno. </div>
Josefina Valente y la mística a pleno.

Amelia y un secreto revelado
Tiene 83 años, camina con un trípode y apoyada en otra mujer que la acompaña. Se mueve lento. Está gastada. Pero recuerda que "hemos sido de Santa Rosa, cuando soltera, pero después nos vinimos al carril Norte, en Buen Orden. Desde entonces estamos allí", dijo hablando de ella como si fueran muchos.

Amelia Ponce camina lento. En la fila de la mesa que le corresponde en la escuela Tomas Thomas le ceden el lugar y vota instantáneamente.

"No me acuerdo a quien voté la primera vez que me tocó. Han pasado muchos años", contó.
Cuando se le pregunta a quién ha votado esta vez, levanta el tono y simula estar ofendida. "¡No se puede decir!".

Luego, tratando de definir qué necesita este país, sostuvo: "Que se preocupen más por los viejos..." y se le quebró la voz, imprevistamente, pero se repuso casi enseguida. "Ya no estoy obligada a votar, pero vengo porque siempre me ha gustado. Además, estoy despierta desde retemprano esperando que me fueran a buscar...".

Cuando ya se estaba yendo, casi como una broma o como una venganza, giró, miró al reportero y dijo: "A Félix voté, a Félix", y se fue.

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Amelia Ponce tiene 83 años.
Amelia Ponce tiene 83 años.

Luciano y Carlina, unidos por un fusil
Todos los que entraban a la escuela Simón Bolivar se quedan mirándolos. Ella, vestida de camuflaje. Él no le llega ni a los hombros y su capacidad de asombro está desbocada.

Carlina Basten es del Grupo de Artillería de Montaña 8 y tiene en bandolera un fusil imponente. Luciano no llega a los 10 años y es una máquina de preguntar. Ella, con paciencia, muestra el arma y explica. Él nunca está satisfecho. El cuadro se mantiene por varios minutos. Todos los miran. Ella es militar; él, un niño. Él se asombra y ella se asombra del asombro del niño. Al fin y al cabo, son un niño y una mujer.

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Luciano y  Carlina, unidos por un fusil
Luciano y Carlina, unidos por un fusil

Cristian, el votante de a caballo
Llegó a la escuela Atenor Rivero, de Maipú, durante la fría mañana del domingo. Ataviado con ropa de montar, pañuelo al cuello y sombrero para la ocasión. Cristian Gutiérrez y el pingo atrajeron las miradas más curiosas en la zona.

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Cristian, el votante de a caballo.
Cristian, el votante de a caballo.

A sus casi 97 votó "como siempre"
Salvador Cascio está a punto de cumplir 97 años. Llegó al país después de la segunda guerra mundial que había dejado su pueblo natal en Italia devastado.

Votó "como siempre, al radicalismo", dice contento de cumplir con su deber ciudadano.

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Salvador Cascio, con sus casi 97 años, le ganó al frío y fue a votar bien temprano.
Salvador Cascio, con sus casi 97 años, le ganó al frío y fue a votar bien temprano.

Cumplió y pedaleó
Javier de la Vega tenía todo calculado: votar en la escuela Lemos de Godoy Cruz y luego dedicarle el resto de la mañana a una de sus pasiones: el ciclismo todo terreno. Hasta con la vistosa ropa deportiva se presentó DNI en mano para cumplir con el deber ciudadano.

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Javier de la Vega, cumplió y pedaleó.
Javier de la Vega, cumplió y pedaleó.

Daiana, por un "nuevo cambio"
Daiana Isabel Chávez tiene los brazos ocupados.

Acredita 25 años, tiene una sonrisa despareja y un paquete rosado bien envuelto: su hija de tres meses.
"Sí, la saqué al frío, pero ella solita se despierta temprano", dijo, después de meter el sobre con el voto en la urna.

No dice a quién votó en estas PASO, pero asegura que "vine convencida de qué tenía que hacer. Se necesita un nuevo cambio, porque este de ahora que han impuesto no funcionó. Está todo mal".

Vive en una finca de Buen Orden y sus padres son obreros rurales.

Ella se definió como "ama de casa" y aseguró que "votar es hacer algo para tratar de mejorar algo".

En la puerta de la escuela Juan José Castelli, en el departamento San Martín, donde acababa de emitir el sufragio, Daiana se sonrió, se rió.

Son los nervios de saber que, quizás por única vez en la vida, la prensa se detuvo en ella.

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Daiana Isabel Chávez
Daiana Isabel Chávez

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