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viernes 14 de julio de 2017

Néstor Kaluza, uno de los 8 habitantes de Las Cuevas

Uno de ellos es el mendocino Néstor Kaluza (36), quien vive con su esposa y sus dos hijos. Supo tener 600 pobladores.

Néstor Kaluza (36) es uno de los ocho habitantes que residen de manera permanente en Las Cuevas (3.557msnm), un pintoresco pueblito con casas de estilo nórdico, hechas con troncos y piedras. No es un dato menor ya que la villa, que es la última localidad cordillerana y el paso obligado hacia Chile, supo tener 600 residentes en su época de esplendor, en la década del '50, cuando fue fundada por Juan Domingo Perón.

La familia de este mendocino está compuesta por su esposa, Ayelén (30), y sus hijos, Arturo (3) y Millaray (1), con quienes vive en el refugio Viento Blanco desde hace más de 5 años, en donde recibe especialmente a escaladores, esquiadores y andinistas.

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"Lo más duro es la soledad y el estar lejos de la familia. Mis hijos se pierden el día a día con sus abuelos, tíos y primos. El resto, todo es hermoso", afirma Néstor. 
"Lo más duro es la soledad y el estar lejos de la familia. Mis hijos se pierden el día a día con sus abuelos, tíos y primos. El resto, todo es hermoso", afirma Néstor.

Como muchos pueden pensar, su vida en la alta montaña es dura especialmente por el clima, teniendo en cuenta que las temperaturas pueden llegar a los 20 grados bajo cero. Pero lo peor, cuenta Néstor, es la falta de servicios básicos, lo que frena el crecimiento turístico en la zona. Se refiere a que no hay médicos, internet (es muy limitado) y baños públicos, y al mantenimiento de las rutas y banquinas ya que en el invierno el tránsito en el corredor andino es complicado por la acumulación de nieve.

Los que tienen memoria recuerdan que Las Cuevas tuvo escuela, proveeduría, estación de servicio, correo, banco, hostería, aduana e incluso hasta un policlínico que contaba con el más moderno instrumental, como una especie de pequeño Hospital Central, cuentan los viejos pobladores que llevan más de 25 años en el lugar.

La villa surgió tras una visita de Perón y su esposa Evita cuando existía el ferrocarril y ellos realizaban un viaje a Chile. Al arribar a la frontera observaron que los obreros ferroviarios vivían prácticamente en cuevas sin ningún tipo de comodidades. A su regreso, la fundación Eva Perón dispuso construir en la entrada a la Argentina una villa estilo suizo que engalanara la entrada al país.

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Como en la zona no había vegetación, se trajeron de Bariloche pinos de un metro de altura aclimatados al frío, al viento y la nieve. Lamentablemente una nevada de grandes dimensiones, que llegó incluso al nivel de los techos del segundo piso de los edificios, los aplastó y destruyó. Los gobiernos sucesivos no se ocuparon de ese aspecto ni de la conservación de los inmuebles después de que el tren detuvo su marcha definitivamente.

De hecho, de esas primeras construcciones sólo quedan algunos carteles o propiedades destruidas por el paso del tiempo, los incendios y los aludes. Igualmente, sus 8 habitantes no pierden las esperanzas de que Las Cuevas renazca.
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