Nada tuvo que ver un sultán árabe con los Portones del Parque

Hay distintas versiones sobre los orígenes de este emblemático monumento, pero expedientes históricos revelan la verdad.

Cuando se reconstruye el origen de los Portones del Parque General San Martín se suele afirmar que antes de recalar en Mendoza fueron encargados por el sultán árabe Abdul Hamid II, puesto que quería colocarlos a la entrada de su majestuoso palacio en Turquía. Sin embargo, se dice que no alcanzó a retirarlos de fábrica porque cayó en desgracia luego de ser derrocado por una revolución.

Esta versión, que de tanto mencionarse se creyó cierta, es totalmente falsa, como consta en los expedientes del Archivo Histórico de Mendoza. De hecho, las piezas fueron adquiridas durante la segunda gobernación de Emilio Civit y mediante la intermediación del ingeniero Juan Molina Civit, tal como rastreó el arquitecto Ricardo Ponte en el libro Mendoza, aquella ciudad de barro.

Los icónicos portones fueron comprados el 20 de mayo de 1908 en la ciudad de Glasgow, Escocia, y embarcados vía Liverpool. Existen registros periodísticos que no desmienten el origen escocés de los mismos, pero indican que llegaron desde Francia y que habían sido encargados por una familia de terratenientes de Rivadavia. En el Archivo Histórico el expediente 601 detalla el pago de $27.000 moneda nacional y otros $325 por el transporte y derechos de aduana.

Además, se fijó un monto extra, que se desconoce, para que tuviera la imagen a escala del cóndor. El recibo de todo esto quedó grabado en una foto exhibida en un cartel explicativo de la obra. Los portones, las rejas y los accesorios provienen de una fundición conocida como Saracen Foundry, creada por el empresario Walter Macfarlane en 1850, según detalla en su investigación Ponte.

"Durante el siglo XIX y primera parte del siglo XX esta fundición exporta trabajos a todos los confines del imperio británico; en Gales, en Inglaterra y fuera de Gran Bretaña, diseminados desde la India, Tasmania, Fricksburg, Sudáfrica, Singapur, Penang, Malaysia y Chipre, hasta Fortaleza y San Pablo, en Brasil, y Rosario, llegando obviamente a Mendoza", dice el arquitecto en su libro.

Los portones ingleses fueron traídos desarmados y se ensamblaron en Mendoza. El artista Miguel Ángel Marchionni le contó oportunamente a Diario UNO que cada una de las partes no están soldadas, sino que están unidas con remaches. La estructura es de hierro forjado, algunos barrotes son de hierro común y los ornamentos son de hierro fundido. El conjunto pesa 47 mil kilogramos aproximadamente. Cada hoja de las puertas principales pesa 3 toneladas.

portones-4.jpg

Las piezas estaban contenidas en 46 bultos y primero llegaron a Buenos Aires a bordo del vapor Belgrano. Arribaron a Mendoza en seis vagones del ferrocarril. Sobre la fecha en que fueron colocados los estudios fijan agosto de 1908. Este dato está consignado en el libro El Parque General San Martín: sus primeros 50 años, de la profesora Ana Castro.

Ponte recuerda que en el Álbum de homenaje a Emilio Civit de 1909 ya aparecen colocados los portones de hierro que adornan el ingreso al Parque. Actualmente son tres las hojas que jerarquizan la entrada, sin embargo, por documentación gráfica se sabe que en un inicio fueron cinco. Había dos más pequeñas a los costados que ya no están y servían de entrada peatonal.

portones-5.jpg

Estas piezas, que permanecieron hasta 1940, habían sido fabricadas en Mendoza y no traídas del exterior. La diferencia podía identificarse en los sellos que tenía el hierro. Casi todo el portón está marcado por su origen de fabricación en Glasgow y dice "W. Macfarlane – Glasgow". La parte que se hizo en Mendoza decía: "Sucesiones de C. Berri y Compañía".

Junto con la proyección paisajística del Parque se decidió que los portones se emplazaran en relación con el eje simétrico de la actual avenida Emilio Civit, para jerarquizar este acceso. Debido a que el espacio verde no fue pensado con un cierre perimetral, los portones adquirieron desde el comienzo un carácter monumental.

portones-3.jpg

Las hojas peatonales del portón fueron removidas a través de una modificación que realizó Daniel Ramos Correas en 1940. Este arquitecto las retiró junto con las balaustradas. El cambio está relacionado con el contexto político que se vivía en el país. Con la llegada del populismo se decidió abrir más el Parque al público y al flujo vehicular. Estos cambios permanecieron hasta la actualidad.

El emblemático monumento no fue intervenido hasta 1990. En esa fecha se remplazaron las farolas y se reparó la estructura fundiendo piezas ausentes. Cuatro años más tarde fue repintado con sus colores originales. Después de un largo derrotero que comenzó con un estudio en 2008 y tuvo varios amagues, el 11 de octubre de 2013 se inauguró su última restauración.
Fuente:

Más Leídas