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domingo 03 de abril de 2016

Mendoza ya cuenta con la primera Heladera Solidaria

Funciona en la vereda del Instituto Arrayanes, en Ciudad, y está disponible de 9 a 20. Piden que los vecinos ayuden. A diario concurren 20 personas a buscar bandejas o bolsitas de comida. La iniciativa se expande en todo el país

A las 13 en punto, Oscar (45) se arrimó a la Heladera Solidaria que funciona en la vereda del Instituto Arrayanes y sacó una bolsita con alimentos. Se fue hasta la calle Arístides a almorzar, y a seguir cuidando coches.

Unos minutos después llegó Silvia con su esposo y sus tres hijos a esperar que llenaran el electrodoméstico, y elegir alguna bandeja de comida. Y lentamente fueron más: mujeres con niños en los brazos, una señora mayor que llegó caminando desde su casa en Las Heras, y hombres de piel curtida de tanto sol y trabajo al aire libre, que buscaban lo mismo: un poco de pollo, de asado frío, de verduras, de fruta o un vaso de leche. Lo que haya disponible.

Darle de comer a quien lo necesite es posible gracias a la instalación de la Heladera Solidaria, una iniciativa que surgió en Tucumán de la mano de tres restoranes que tuvieron la brillante idea de no tirar la comida que sobra, sino colocarla en un refrigerador al alcance de aquellos que no pueden pagar un plato.

En el país, esta iniciativa ya funciona en 21 provincias. En Buenos Aires se encuentra ubicada en Plaza de Mayo junto a un perchero social, propuesta que consiste en dejar ropa que no se utiliza y donarla para los necesitados.

En Mendoza, entre 15 y 20 personas van todos los días, en distintos horarios, al Instituto de Gastronomía Arrayanes (Tiburcio Benegas 748, Quinta Sección), a buscar lo que haya en la heladera, un artefacto que la institución destinó para esta acción.

Aldo Ansaldi, director de la escuela de cocina, es uno de los mentores de este proyecto que vio la luz hace apenas dos semanas. "Me llamó la atención lo que hicieron en Tucumán y por eso decidimos replicarlo acá. Empezamos a hablar con los vecinos para que colaboraran y de a poco va funcionando", explicó.

Un dato para aclarar es que gran parte de los alimentos surgen de lo que se utiliza en las clases de gastronomía de la institución.

Ansaldi comentó que si bien reciben colaboración externa, todavía cuesta que los empresarios de la Arístides, una calle plagada de restoranes, colaboren con esta tarea.

"Nadie está obligado a nada, esto es voluntario. Lo que a mi más me motivó a poner en práctica lo que se hizo en el Norte es que no puedo ver a nadie comer de la basura. Hay que ayudarlos a que coman productos en condiciones, por eso contamos con bromatólogos que entiende si el alimento está para su ingesta".

Además de este control, también la comida va con un rótulo donde figura la fecha de elaboración y duran en exhibición no más de dos días, aunque esto nunca sucede debido a la gran demanda que hay.

"Todos son respetuosos y se acercan a la recepción a agradecer. Es interesante y nos da una lección: nadie es prepotente, por el contario, piden permiso para abrir la heladera. Se acercan muchos niños y se suman cada vez más familias enteras, por eso es importante que los vecinos puedan colaborar con una fruta, o las sobras de un asado; todos los platos serán bien recibidos", pidió Ansaldi.

Pobreza

Juan Pablo Cantó, estudiante y recepcionista de la institución, está sorprendido por la convocatoria. "No damos abasto, siempre tenemos que agregar bandejas a lo largo del día porque se terminan. A veces no alcanza con lo que nosotros aportamos. Ojalá hayan más heladeras sociales, en los departamentos, por ejemplo, porque llegan habitantes de zonas alejadas como Luján, Guaymallén o Las Heras", dijo.

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