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domingo 17 de julio de 2016

"Me tienen secuestrada y me van a cortar los dedos"

Hay un rebrote de secuestros virtuales. En la última semana se supo de, al menos, 15 casos y en 5 de ellos se pagó el falso rescate. Las víctimas suelen ser personas mayores. La mayoría no hace la denuncia

Jueves a la madrugada. El teléfono fijo suena. "Me tienen raptada, mamá. Me van a cortar los dedos", articula una voz femenina. Mercedes, de 70 años, no alcanza a digerir las palabras. No comprende. Son las 4.30. El teléfono cambia de manos. "Escúcheme, señora, no hable con nadie y haga lo que yo le digo. Vaya y junte toda la plata que tenga en su casa si quiere seguir viendo viva a su hija. Más tarde la va a llevar adonde yo le voy a decir. Por ahora júntela", ordena un hombre. Y un grito de mujer se escucha de fondo.

La sorpresa es el arma principal con la que los secuestradores virtuales asaltan a sus víctimas. Aunque muchos están advertidos de estas manganetas, las estafas siguen.

Sólo en la última semana hubo un rebrote. Se denunciaron 10 casos, de los cuales 5 consiguieron su objetivo: que el sorprendido pague un monto determinado, aunque no trascendió esta vez cuál es el botín total obtenido por las bandas organizadas.

"Tenemos conocimiento de que hubo al menos 15 tentativas, pero sólo 10 oficializaron la denuncia. Son oleadas que se repiten cada 2 o 3 meses. Antes se concretaban entre el 40% y el 50% de los intentos y hoy ese número cayó a 25%, aproximadamente", explicó Carlos Guillot, jefe de Delitos Económicos de la Policía de Mendoza.

De acuerdo con las estadísticas que llevan en el Ministerio de Seguridad, el último brote fue en marzo, y el anterior a ese, en diciembre del año pasado.

Las víctimas, generalmente, son personas mayores, quienes por motivos generacionales tienen menor manejo de la tecnología y, por ende, menor capacidad de respuesta ante una situación extrema.

Discursos actualizados
Como los políticos en campaña, los discursos de los delincuentes cambian, pero las ideas se mantienen. El más conocido es el que simula un rapto. Otras veces, sin embargo, deciden hacerse pasar por personal de algún hospital y le dicen a la víctima que un familiar suyo tuvo un accidente.

Frente a esa situación se abren dos caminos posibles, según surge de los testimonios de quienes sufrieron el ardid en carne propia.

Como la llamada original casi siempre es a un fijo, el supuesto interlocutor que está en el hospital le pasa un número de contacto a la víctima para que por celular consulte el estado del familiar.

Una vez que se llama, las dos líneas telefónicas quedan ocupadas: ya no hay chance de acudir a una persona cercana ni a la policía.

Es ahí cuando del otro lado se sincera la operación: el delincuente tiene acorralada a su presa y le espeta que se trata de un secuestro.

La otra posibilidad que se da es conseguir que la víctima del engaño vaya al hospital para que en ese momento los delincuentes ingresen al domicilio vacío para robarlo.

En ambos casos, los ladrones sacan datos que la propia víctima aporta en medio de la angustia que entraña el cuadro.

Victimarios
"Sabemos que hay más de una banda metida en esto. Una de ellas opera desde San Juan; llaman acá al voleo y juegan con lo sorpresivo. Entran en internet y consiguen el nombre de los titulares de las líneas telefónicas", añade el jefe de Delitos Económicos.

Eso la policía lo sabe porque hubo personas a las que hicieron ir hasta esa provincia para entregar la suma de dinero y a otras el identificador de llamadas les indicó la característica telefónica de la vecina provincia (264).

Sin embargo, Guillot explicó que es muy difícil detectar desde qué línea operan ya que cambian los chips y eso complica la localización.

"En mi casa llamaron al teléfono fijo y el identificador de llamada decía 'retener'", contó una persona que la semana pasada vivió un episodio de esta naturaleza aunque no pagó ningún falso rescate.

Testimonios
Mercedes. 70 años, Luján de Cuyo
"Eran las 4.30 de la madrugada del jueves. Yo dormía profundamente y empezó a sonar el teléfono. Sentí una voz que se parecía a la de mi hija".

"Me tienen secuestrada y me van a cortar los dedos", me apuró una voz de una chica que estaba llorando. Seguido, un hombre me ordenó que juntara todo lo que tuviese: joyas, euros, dólares. Yo no tenía. Pensé qué hacer.

"Mi hija vive frente a mi casa. La voz no era igual, ¡pero una qué sabe cómo vas a sentir a tu ser querido en un episodio así!"

"Dejé el fijo y fui a buscar las cosas. Intenté hablar por celular, pero de los nervios se me cayó. Tuve que pedirle a un vecino a través de la medianera que se fijara si mi hija dormía y estaba en su domicilio.

"Entre medio, mantuve la conversación. Les dije que no poseía mucha plata, que era jubilada. Al final entró a casa mi vecino. Me hizo señas de que todo estaba bien y agarró el teléfono y les dijo que los tenía rastreados y que los iba a denunciar.

"El duro momento se habrá extendido unos 15 minutos. Los diálogos siempre fueron violentos y cortos".

Lucía. 60 años, Guaymallén
"Fue a las 4.30 del sábado. Estaba durmiendo y mi hijo por suerte había llegado temprano. Sonó el teléfono. Atendí y se escuchó una voz de mujer como llorando; hablaba y decía 'mamá'.

"Me imaginé cualquier cosa y le dije: Belén, ¿qué pasó? Tengo los ojos tapados; me raptaron, me dijo.
"En ese momento le pedí ayuda a mi hijo. Él llamó desde su celular a su hermana y confirmó que todo estaba en orden.

"Pero no te puedo explicar lo feo que es: se te cruzan siete mil millones de cosas por la cabeza. Te empiezan a sacar datos y vos no sabés bien qué hacer. Llamaron dos veces más y no atendimos".

"A una amiga le pasó y recibió mensajes. A mi suegra también y le dijeron que un familiar suyo había tenido un accidente. A ninguna por suerte la pudieron engañar, pero si eso le pasa a mi mamá, que tiene 80 años, le da un infarto.

"Lo que hacen estos tipos es lo siguiente: llaman al voleo muchas veces y prueban suerte hasta que alguien cae. Hay que tener mucho cuidado".





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