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domingo 22 de mayo de 2016

Marcelo Arancibia, el eterno luchador del barrio Olivares

El hombre militó más de 40 años para que al asentamiento ubicado frente a la Universidad de Cuyo lo urbanizaran. Estuvo preso durante la última dictadura, se le murieron dos hijos y ahora es la voz firme de sus vecinos

En 1980, Roberto Dromi, intendente de Ciudad durante la última dictadura cívico militar, mandó a una visitadora del barrio Olivares a que distribuyera entre las casas del asentamiento un documento del Arzobispado que acusaba a Marcelo Arancibia, presidente de la Cooperativa 15 de Agosto, de estafar a los vecinos con la excusa de conseguirles el título supletorio de sus viviendas.

La visitadora, que en principio debía caminar el barrio para asistir a los más necesitados, no era más que una vil operadora. Se había robado del Arzobispado un papel con membrete en el que plasmó una acusación sin pies ni cabeza. El detalle de la veracidad, sin embargo, no le interesó al represor Juan Oyarzábal. El subjefe del D2, luego de darle una paliza a Arancibia lo encarceló durante un año en el penal en Boulogne Sur Mer.

Entre medio, el arzobispo de Mendoza salió a decir que ellos no firmaron el documento. La denuncia era falsa. En cambio, el título supletorio de las casas del Olivares era verdadero. Eso le impidió a Dromi desalojar de esos valiosos terrenos a los vecinos. Las topadoras del arquitecto de las privatizaciones durante la década del '90 sólo alcanzaron a derribar unas pocas casas, entre ellas la de un ahijado de Jorge Rafael Videla, presidente y dictador argentino. Era el hogar donde vivían siete hijos varones. Todo salió mal. El Poder Judicial maquilló toda esa situación como pudo y liberaron al presidente de la cooperativa.

La historia la recuerda el propio Arancibia, quien hoy, luego de 40 años de lucha, consiguió que la Municipalidad de Capital urbanice el Olivares y el Flores Sur, dos asentamientos que se ubican contiguos frente a la UNCuyo.

El Pescado, como lo llaman sus vecinos –entre ellos Gonzalo Díaz, el ex Godoy Cruz y hoy jugador del Tijuana de México–, es un morocho de ojos celestes. En su mirada cansada se reflejan los embates que la vida le propinó. Carga en sus espaldas los reclamos de los vecinos, que se agudizan en días como los últimos, donde el frío hace crujir el nylon y las chapas de las casas.

Quizá esa responsabilidad a cuestas sea la causante de su incipiente joroba. Quizá sea la edad.
"Muchas veces nos quisieron comprar la dignidad por ¡$50!", se lamenta. Intenta continuar, pero no puede articular otras palabras.

Desembarco en la ciudad
En 1947, cuando estaba en funcionamiento el primer Plan Quinquenal del gobierno de Juan Domingo Perón, Arancibia llegó con dos años al asentamiento Olivares.

Lo hizo desde La Dormida, Santa Rosa, junto con su padre, su madre y sus seis hermanos. Al cabo de dos años su familia decidió volver y Nicolás Arancibia, su padre, accedió al pedido de su hermana Ramona Andrea. Dejó a Marcelo en compañía de su tía, que "era sola", recuerda.
"En ese momento si algún familiar te necesitaba, te dejaban viviendo con él. Era así. Mi tía fue como mi segunda madre. Desde pequeño viví con ella", dice.

Es cierto que, además del pedido de su tía, también abonaron su decisión los consejos que como un mantra repetían "no vuelvas al campo; en la ciudad vas a poder estudiar".

Al final no terminó la secundaria. Pero atesora la sapiencia que muchos eruditos necesitan. Es claro. No habitan en él los eufemismos. Las cosas, como son.

"La calle me enseñó qué es lo bueno y qué es lo malo. Mis padres me inculcaron la honestidad. Me dijeron que siempre que pudiese ayudar lo hiciera. Ahora me doy cuenta de la razón que tenían nuestros viejos", agrega.

Pasaron gobiernos de todos los colores, décadas que arrastraron generaciones y Marcelo aún sigue ahí, llevando la voz cantante de los vecinos que muchas veces no saben cómo hacerse oír, aunque lo que pasa dentro del barrio es un secreto a voces.

Tragedias
Marcelo se casó con Eva Araceli, con quien tuvo cuatro hijos: Gabriel, Marcelo, Sebastián y Elizabeth.
Gabriel falleció por una bala perdida hace más de 20 años. Nunca se esclareció bien el episodio, pero aparentemente con un amigo habrían estado manipulando un revólver del que se escapó el disparo letal.
Sebastián se mató en un accidente vial hace cinco años. Perdió el control del vehículo y se estrelló contra uno de los puentes del barrio.
Sebastián tenía seis hijos y había quedado viudo seis meses antes de morir, ya que su esposa había fallecido de una enfermedad terminal. Fue por eso que Marcelo se hizo cargo de sus seis nietos, dos de los cuales ya tuvieron hijos. Cuida nietos y bisnietos.

Tenacidad
La energía del hombre parece infinita. Los más de 70 años, las pérdidas, la lucha de décadas para conseguir que les coloquen al menos cloacas en el barrio no pudieron doblegar la voluntad de Arancibia. Marcelo trabajó de muchas cosas. Tiene las manos callosas. Confiesa que ha vivido. "Acá hay mucho sufrimiento", dice. Y por eso nunca claudicó.
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