Mendoza - Las Heras Las Heras
domingo 10 de abril de 2016

Los duros avatares de un médico en el serpentario

Además de ser honesto, para hacer política se necesita algo de malicia, un poco de desconfianza y ser tan cordero como zorro.

No es lo mismo ser médico que ser político. Que lo diga, si no, el intendente de Las Heras, el radical "no contaminado" Daniel Orozco.

Este doctor de pueblo, querido por su legión de pacientes, tiene sin embargo a la intendencia lasherina (a cuatro meses de haber asumido) convertida en un polvorín de intrigas e internas, por falta de muñeca partidaria.

La opinión bastante generalizada que se tiene de él es que se trata de un buen tipo, pero que no termina de darse cuenta de que ahora está en medio de un serpentario. Ya ha tenido que cambiar a dos miembros de su gabinete.

Créase o no, Orozco no ha dejado de atender su consultorio médico. Lo hace a la siesta, mientras en la intendencia los ratones festejan porque el gato tiene la mente en otra cosa.

El dinamitador
En Luján de Cuyo, el inclasificable peronista Carlos López Puelles dejó en diciembre pasado la Comuna convertida en un pestilente muestrario de desastres.

Su ruinosa intendencia desnudó que el "nervio" político de López Puelles nunca había tenido pilas.

Su sucesor, el demócrata y hoy macrista Omar De Marchi, es un político con carnet de tal. Con sus piojos , claro. Que los tiene como cualquier político. Pero posee pasta y carnadura.

De esto ya dejó marca en sus anteriores gestiones como jefe comunal de Luján y como legislador.

Baste recordar cuando De Marchi era diputado nacional y en el Congreso los referentes de La Cámpora lo odiaban porque les daba asco tener que ir a rendir cuentas ante gente como De Marchi.

Es que el mendocino tenía la costumbre de poner la lupa sobre los dispendios de dinero que los camporistas realizaban en Aerolíneas Argentinas.

Lo concreto es que ahora, con cuatro meses de administración como intendente, De Marchi puede pavonearse y afirmar que el Municipio lujanino ha vuelto a pagar con fondos propios los sueldos de sus empleados sin tener que apelar ni a Mendoza ni a la Nación.

Tierra de Lobos
En Guaymallén reinó hasta el 10 de diciembre una de la más alibabescas administraciones que se recuerde en la historia política de Mendoza.

Ello quedó patentizado en ese desenfrenado edil a cargo de la intendencia llamado Luis Lobos, un grotesco señor que rifó fondos públicos, que diagramó un sistema prêt-à-porter de saqueo y que llenó la intendencia de "clientes, favorecedores y amigos", como decían hace muchísimos años los spikers (locutores) en las broadcastings (radios)

Guarda ahí
El nuevo intendente que suplantó a Lobos, Marcelino Iglesias, es otra persona fogueada en el barro político.

Las líneas internas partidarias no le harán a Iglesias zancadillas tan prematuras como al lasherino Orozco, pero sí tendrá, en cambio, que enfrentarse con vecinos demandantes.

Estos, si bien reconocen que este intendente aún está arreglando los desbarajustes que dejó Lobos, ya han empezado a decir que les gustaría ver resultados más palpables en cuanto a servicios básicos del municipio: recolección, limpieza de calles y cunetas, o rápida atención en servicio al vecino.

Uno de ellos lo dijo de la siguiente manera, días atrás en una red social: "Marcelino nos ha sacado de la degradación, pero ahora tiene que demostrar que es realmente un nuevo gobierno".

Uno de los rubros donde se pide a gritos una solución es el de los pozos que aún quedan en la geografía vial del más poblado de los departamentos de Mendoza.

Manejar en algunos distritos de Guaymallén es para un transportador como Jason Statham.

Uno y otro
El caso del intendente Orozco del que hablábamos al comienzo es un buen ejemplo de las complejidades que tiene la política.

En buena parte de Mendoza cayó muy bien el triunfo de Orozco en Las Heras.

La lectura fue esta: es hora de que ese departamento airee un poco el poder comunal, demasiado sofocado por un peronismo más asentado como sociedad anónima que como partido político.

Las lecturas sobre el triunfo de Marcelino Iglesias en Guaymallén tuvieron una diferencia fundamental: en este caso era un político radical muy fogueado el que venía a desplazar a otro político, peronista y colonizado por la desmesura y las ilegalidades, como Lobos.

Iglesias desplazó a un nuevo rico que no había guardado ninguna forma.

Orozco le ganó a una de las figuras del justicialismo mendocino, Carlos Ciurca, sobre quien se daba por descontado que "la capital del peronismo" lo iba a ungir sin chistar como sucesor de Rubén Miranda.

Mal que nos pese
La fama de Orozco en Las Heras se la había dado su labor como médico clínico y de familia, desarrollada en un conocido y modesto consultorio muy cerca de la Municipalidad.

Era el médico bonachón que además de médico era como un psicólogo y amigo de sus pacientes.

Triunfó entonces, en primer lugar, por honesto. Pero ser honesto es una cualidad que, sola, no tiene demasiado lucimiento en política.

Para hacer política se necesita, además, bastante de malicia, una buena porción de desconfianza, mucha sangre fría y nervios a prueba de balas, entre otras minucias.

Para ser político se requiere ser tan cordero como zorro, tan pajarito como serpiente, tan buey como ciervo.

Si Orozco no entiende esto, si no comienza a practicarlo de manera cotidiana, se lo van a comer las alimañas.
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