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domingo 15 de mayo de 2016

Liliana Bodoc y el título de doctora

La escritora de La saga de los confines, referente de la literatura épica-fantástica, será distinguida el miércoles por la Universidad Nacional de Cuyo –donde cursó la carrera de Letras– con el Honoris Causa

Liliana Bodoc, quien alcanzó la fama y el reconocimiento a partir de la trilogía de novelas que conformó La saga de los confines, recibirá un reconocimiento muy especial por parte de una institución educativa que alberga muchos recuerdos para ella.

Es que esta santafesina, que de pequeña llegó con su familia a vivir a Mendoza, cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y precisamente esta universidad es la que la distinguirá como Doctora Honoris Causa. Será el miércoles próximo, a las 17, en la Facultad de Filosofía y Letras, y al día siguiente dictará allí un taller un taller literario.

La UNCuyo expresó en un comunicado que este reconocimiento –que antes le fuera otorgado a escritores como Jorge Luis Borges, Juan Draghi Lucero, Antonio Di Benedetto, Adolfo Bioy Casares, Noé Jitrik o Eduardo Galeano– es en virtud de "su destacada contribución a la literatura universal, hispanoamericana y argentina", así como por "los valores de respeto a la diversidad cultural y el rescate de las culturas amerindias presentes en su obra".

Señalan además desde la casa de altos estudios que el pedido de este reconocimiento se originó en la Facultad de Filosofía y Letras, en la cual la propuesta generó una inmediata adhesión de una importante cantidad de docentes que no dudaron en respaldar la solicitud.

Su paso por la facultad
Cuando se le pregunta a Liliana Bodoc acerca de sus sensaciones por este reconocimiento que proviene del lugar donde estudió, lo primero que cuenta es su "alegría enorme", no sólo por la distinción en sí, sino por ciertos auspiciosos cambios.

"Esto me habla de una facultad que está empezando a ver de otro modo la literatura, porque lo mío es literatura de género, infantil y juvenil, algo que no entraba en el canon de la facultad o de la universidad. Entonces, se está considerando una literatura que no es la del canon –la literatura clásica, seria–, por eso me alegro doblemente: por la distinción personal y por este cambio en la mirada de la literatura".

–¿Qué te acordás de tu época en la Facultad de Filosofía y Letras?
–Me acuerdo muchísimo. Fue una época muy intensa para mí. Me acuerdo que iba con mis dos hijos a veces y los dejaba haciendo los deberes en el buffet con el Gallego, bajo su cuidado (Nota de la redacción: estaba a cargo del lugar y siempre fue muy querido por los alumnos de la facultad). Me acuerdo de algunos profesores, como Blanca de Arancibia o Beatriz Curia, que me enamoraron de la literatura. Por supuesto también recuerdo malos ratos y enojos. Me acuerdo mucho de los compañeros, de las risas, de las discusiones políticas...

–¿La formación académica te ayudó como escritora?
–A mí me enseñaron sobre todo las lecturas, lecturas que seguramente de otro modo no hubiera hecho. Yo leía sobre todo literatura latinoamericana, Julio Cortázar, mucha poesía, pero toda la otra literatura que me acercó la universidad, los clásicos, los autores europeos, eso fue un enriquecimiento muy importante. Y mucho después –porque verdaderamente no fue inmediato– a la hora de sentarme a escribir, apareció la teoría de los géneros y hasta apareció la gramática, porque al fin y al cabo la literatura necesita de todo.

–Luego de la escritura, muchos autores no soportan el trabajo posterior, por ejemplo las correcciones de los editores. ¿Cómo viviste ese proceso?
–Hay algo que no me canso de decir en los talleres, sobre todo para las personas que están empezando a escribir: los escritores somos los únicos artistas que no nos bancamos el boceto. Los pintores hacen un boceto, los músicos y los actores ensayan, los bailarines se caen. En cambio nosotros queremos empezar a escribir como salga y eso es muy loco. Se puede hacer un boceto. Aceptar la corrección también es parte de eso. En mi caso, por ejemplo, si hay una escena de guerra lo hago revisar por alguien que sepa del tema o le pido que me cuente. No te podés perder eso, sería muy torpe.

–En ese rescate de los clásicos, no puedo dejar de pensar que en tu obra hay una figura clásica por excelencia, que es la del héroe...
– Por supuesto y el género épico. Lo primero y más importante que yo leí para la construcción de La saga de los confines fue el programa de Hispanoamericana I, que dictaba Elena Calderón de Cuervo. Fue a lo primero que recurrí para empezar a leer sobre la conquista,¡así que mirá si me sirvió! Volví a leer las cartas de Hernán Cortés, que las había odiado en su momento, leyéndolas para reconstruir el mundo precolombino, esas descripciones que él hace de cómo vivían, cómo eran las ciudades aztecas, fue un material maravilloso.

–Siguiendo con la figura del héroe, ¿como sociedad seguimos esperando que alguien nos salve?
–Sí, ese emergente valeroso del pueblo, el héroe, en definitiva. Creo que es sano volver y repensar nuestros propios paradigmas, nuestros propios mitos actuales.
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