Mendoza - Las Heras Las Heras
domingo 10 de septiembre de 2017

La seño que lleva la escuela a la casa de los alumnos

Beatriz Di Santo es docente del servicio domiciliario y hospitalario de la DGE. Entra a los domicilios de los chicos para lidiar con la enfermedad, la muerte o el abuso.

–Hola, seño, ¿cómo está?
–Hola, Miriam, ¿estás en tu casa? Tengo una sorpresa para vos, ¿puedo ir?
–Sí, venga.

De la casa de la seño Bety hasta la de Dante, su alumno de 13 años, hay algunas cuadras de diferencia pero es más rápido hacer el trayecto en auto. En la camioneta, Beatriz Di Santo (48) contó que ella en realidad tiene un autito gasolero que le resulta económico para moverse pero que ahora se le rompió y no puede arreglarlo porque le llegaron $6.700 de gas. "Y eso que cuidamos lo que gastamos", dijo, resignada, mientras manejaba el vehículo de su marido, Ricardo Moreno.

A Dante le diagnosticaron leucemia en febrero. Por eso ha hecho toda su trayectoria escolar del último año de la primaria de la mano de Bety, una docente de la modalidad domiciliaria y hospitalaria. La maestra contó con orgullo que Dante pese a su enfermedad está muy bien y que en eso influye mucho su mamá, Miriam Agüero, de quien él se nutre de fortaleza.

En el camino que la seño ya conoce de memoria contó una anécdota de una de sus tantas visitas a domicilios en los 11 años que lleva trabajando en la modalidad. "Una vez llegué a una casa y no me atendía nadie, era un barrio al fondo. Al rato sale un chico en bóxer, yo no entendía nada. Como era joven supuse que era hermano de mi alumno así que me presenté y le dije que venía a dar la clase y el chico me contestó: '¿No se da cuenta de que soy el amante de la mamá?' Y no sabía dónde meterme", recordó risueña.

En el barrio Democracia, en Las Heras, hay que caminar por un pasillo angosto de tierra hacia adentro hasta el fondo, en donde hay una reja; ahí es la casa de Dante. En ese espacio mínimo hay un camión que el chofer maniobra con mucha muñeca para cargar sillas de una fábrica. "Yo ya me acostumbré al olor", dijo Bety.

Miriam abrió, saludó con dos besos en la mejilla a la maestra que le contó que estaban en una entrevista y que Dante iba a salir en el diario. Él es flaco pero está un poco hinchado y su mamá explicó que es por los corticoides y que ya está por finalizar con la quimioterapia.

Dante, de River, se puso una gorra roja y trajo una notebook y el manual para sentarse con su maestra. "Ahora tenemos computadora y Wi-Fi para él y le hicimos otra pieza porque acá había muchas arañitas y le podían hacer mal. Son cosas que nunca nos imaginamos tener y que lo hemos hecho por él", se rió Miriam, y agregó que la seño "se ha portado de diez".

Desde 2006
Dante Flores es uno de los 9 alumnos que tiene la maestra de educación primaria Beatriz Di Santo. Ella también vive en Las Heras, con su esposo, Ricardo, y sus cuatro hijos: Guido (19), Ángel Gabriel (18), Luca (13) y Lucía (6). Es una de las docentes que más antigüedad tienen en el programa de educación domiciliaria y hospitalaria de la Dirección General de Escuelas, en la que los docentes llevan la escuela a la casa –o al hospital– para darles clases a los chicos que por alguna enfermedad no pueden asistir al cursado normal.

Beatriz empezó a trabajar en esta modalidad en 2006, cuando hizo un remplazo. Le gustó y se quedó. Un año después tomó el cargo. "El año pasado la modalidad abrió un cargo en la tarde y estuvo muy poquito una maestra común y después me lo ofrecieron a mí", comentó la docente que lleva la escuela a la casa de sus estudiantes y que lo hace en doble turno. Es ella quien va a la vivienda de los chicos que estén en un radio de 30 kilómetros a la redonda contando desde el kilómetro cero.

"Vamos a los domicilios y a los hospitales de chicos que tienen enfermedades orgánicas no infecto contagiosas, desde una fractura hasta un cáncer o una meningitis. Hay por ejemplo casos de trasplante de riñón, de córnea, de implante coclear. Tuve una nena que la había adoptado una familia y le pegaban con una escoba en un oído y bueno, quedó sorda", comentó la maestra casi al pasar. Lo que llega a la escuela es un porcentaje mínimo de lo que ella ha visto en las casas.

También trabaja con chicos con trastornos de conducta o problemas emocionales. Ellos sí van hasta la escuela pero la atención sigue siendo individual. "Atendemos chicos con trastornos emocionales desde psicópatas, esquizofrénicos, bipolares hasta violados, y hay mucha fobia social y escolar", explicó.

Ella ha lidiado, sin quebrarse y sin abandonar, desde casos de alumnos bipolares hasta una niña de nueve años a la que le dio clases durante todo su embarazo. También ha tenido casos de estudiantes que han muerto a causa de sus enfermedades.

"Ahora tengo cinco oncológicos. Recuerdo un nene que tenía un tumor en la base del cerebelo, vivía en el barrio Santa Teresita. Yo un día iba entrando y él desde la ventana me hizo una seña de que no quería que le diera clases y seguí avanzando y me gritó que me fuera. Eso fue un viernes, el domingo era el Día del Niño y el sábado en la madrugada él falleció", contó.

Bety dice que la psicóloga del gabinete escolar siempre les da una mano y que también se apoyan entre las mismas compañeras.

"Yo siempre pensaba en lo bien que tengo a mis hijos y eso me hacía decir que sigo, y ayudo. Pero la familia toda queda involucrada. A mis cuatro hijos desde chiquitos los he llevado a las clases. Tengo alumnas que están en secundaria y han venido también a cumpleaños de mis hijos", confesó.

Sin embargo y pese a haber tenido que pasar por la muerte de un estudiante, la seño dice que los casos que más le duelen son los sociales, los de maltrato.

"Me acuerdo mucho de un caso de una nena que tenía 9 años y tuvo familia. La atendí durante su embarazo y después en la lactancia. Le estaba enseñando lengua y ella hacía las oraciones relacionadas a eso, 'estoy jugando con mi nena'. Para ella la beba era una muñeca a la que le cambiaba los pañales, no tomaba conciencia", recordó.

Se convierte en una más de la familia

Entrar en la casa de sus estudiantes hace que Beatriz se convierta durante las casi dos horas que está en un miembro más de esa familia. Así le tocó ver muchas situaciones en las que no pudo intervenir y otras en las que hasta tuvo que llamar a la policía.

"Me pasó una vez en que una mamá le pegó a su mamá delante mío. Yo estaba con el nene lo más bien y escuchaba platos que se rompían. Lo miré al chico y me dijo: No te preocupes, estoy acostumbrado, no tengás vergüenza. Y en un momento apareció la madre con una llave de cruz y se empezaron a corretear alrededor de la mesa. La mamá le arrancó los pelos a la abuelita, que vino corriendo y me los tiró en la mesa y me dijo 'mire señorita lo que me hizo'. Yo agarré al niño y lo puse en un rincón y quise salir pero me habían encerrado con llave. Por suerte los vecinos habían llamado a la policía. Le pegó con la llave de cruz en la cabeza a la madre, fue terrible", relató.

El vínculo que se genera con la familia, obviamente, es muy cercano. Beatriz dice que los papás comparten con ella muchas cosas y que entonces hay que hacerse espacio para la clase y para escucharlos e incluso para jugar con los niños, de quienes en muchas ocasiones es la única amiga.

"Y he visto también milagros, he tenido alumnos que estaban casi ciegos y han visto. Por eso les digo que crean, cada uno en su religión. Celebrar la vida es distinto en esa escuela. Muchas veces tenemos que pensar en un fondo común para comprar flores para velar a un chico", contó y afirmó que siempre está primero la salud del chico y su bienestar.


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