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domingo 30 de octubre de 2016

La política necesita un cambio, electrónico o no

Consensos. Avanza el diálogo entre radicales y peronistas en Mendoza. El sistema electoral y la Constitución, temas centrales.

El gobierno de Mendoza que encabeza Alfredo Cornejo guarda una firme empatía con varias de las iniciativas lanzadas por el presidente Mauricio Macri en pos del "cambio".

Algunas apuntan a ejes centrales de su administración, como la exigencia de cumplir con las metas de responsabilidad fiscal. Lo cual implica reducción y control del gasto, junto con una mayor eficiencia en la gestión.

Es lo que motiva la continua ronda de encuentros con los jefes comunales de la oposición peronista, donde las coincidencias superan a un puñado de objeciones menores.

"Se discutió cómo lograr consenso sobre políticas públicas para Mendoza lejos de intereses particulares de cada intendente", resumió Dalmiro Garay, el ministro político de Cornejo, sobre la reunión del viernes.

Contra la puerta giratoria
Otra importante concordancia de la Provincia con la Nación es priorizar el combate contra la inseguridad, como reclama, cada vez con mayor énfasis, la ciudadanía.

Se ha puesto como bandera la necesidad de acabar con "la puerta giratoria" que, según una extendida creencia, beneficia arbitrariamente a los delincuentes.

El proceso en curso para incorporar a José Valerio a la Suprema Corte responde a esta línea conceptual.

El Gobierno sigue con calma el aluvión, insólito, de adhesiones (2.067) e impugnaciones (612) a Valerio.

Los números con que cuenta en la Legislatura le transmiten confianza, aunque están preparados para "el circo" que, suponen, armará la resistencia feminista en la audiencia pública del miércoles.

No harán nada por impedirlo. "Dejaremos que se expresen libremente. La gente común está lo suficientemente madura como para saber adónde apunta cada sector en estos temas" es la postura oficial.

Reforma y voto electrónico
Uno de los principales alineamientos con el Gobierno nacional se dirige a remozar los mecanismos políticos, especialmente en materia electoral.

El asunto cobra relevancia por cuanto los comicios legislativos del año próximo conforman un desafío crucial para el afianzamiento, o no, del oficialismo; principalmente del oficialismo nacional.

Mendoza comparte en un todo el proyecto de Boleta Única Electrónica propuesto por el gobierno que preside Macri y que se encuentra en tratamiento en el Congreso.

Más allá de las vicisitudes que aún se esperan en el Senado y, luego, de vuelta, en la Cámara Baja por algunas objeciones al sistema de conteo, principalmente, lo cierto es que aquí el voto electrónico igual tendrá su prueba piloto en Santa Rosa, cuyas primarias serán en diciembre y en febrero las generales.

Hay clima de entendimiento para avanzar en la modernización del sistema electoral.

La inveterada lista sábana y la repartija de boletas de papel –con los consecuentes robos a posteriori–, por ejemplo, deberían arrumbarse en el arcón de los recuerdos.

Lo cual no quita algunas disidencias de segundo orden. Como lo concerniente a las colectoras. El Ejecutivo mendocino quiere terminar con ese abuso, pero en algunos departamentos lo defienden a capa y espada, teniendo en cuenta que ni los radicales se resistieron a la tentación de multiplicarse como gremlins en ciertos distritos en el pasado calendario electoral.

También se pretende acotar el festival de elecciones separadas que proponen las intendencias, mientras la Provincia busca fijar su propia fecha en setiembre, o sea, un mes antes que la Nación.
De todos modos, estos procesos deben marchar coordinadamente, para que sirvan las mismas máquinas del voto electrónico que proveerán desde la órbita nacional.

Hacia la reforma constitucional
De todas las modernizaciones políticas en curso, la que presenta un mayor desafío es la reforma constitucional.

Los intentos por acoplar la Carta Magna mendocina a los tiempos que corren vienen fracasando sistemáticamente desde los albores de la recuperación democrática, en los años ochenta.

Hay trabas en la Justicia, como el sofocante cerrojo del "fallo Kemelmajer", que exige una votación positiva del 50% del padrón en cualquier referéndum de consulta.

Y trabas políticas, que consisten, una y otra vez, en lo mismo: en la mísera y tornadiza actitud de los que son, alternativamente, opositores, para boicotear las iniciativas del oficialismo de turno.

En algún momento, el gobierno de Cornejo volverá sobre el particular. Pero sin imponer un temario. Quiere abrir el proceso y que sea la propia asamblea constituyente la que defina las cuestiones principales.

Se supone que debería figurar allí la reelección del gobernador, para devolverle un carácter estrictamente político a algo que hoy suena tabú o, peor todavía, supersticioso.

Están quienes se oponen con fiereza a un segundo mandato del jefe del Ejecutivo. Como, insólitamente, Julio Cobos.

Coinciden, sin embargo, en sus charlas privadas, radicales y peronistas, en la necesidad de que, en un futuro próximo, el gobernador pueda aspirar a otro período de gestión.

Lo ven, con pragmatismo, como la única posibilidad de que empiece a echar raíces una política de Estado en la provincia.
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