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domingo 10 de septiembre de 2017

"La mirada feminista de una académica"

Francesca Gallardo es escritora, investigadora y militante feminista.

Dialogar con la escritora, docente, ensayista e investigadora Francesca Gargallo, que ha anclado su militancia y el resultado de sus investigaciones en el campo del feminismo, es como navegar por los brazos de un río que va a parar al mar. Una no sabe cómo, pero comienza a transportarse por su cauce, y de repente, el océano aparece inmenso frente a nuestros ojos atónitos. La claridad de sus conceptos se entrelaza con una calidez inusitada para las mentes académicas. Francesca tiene un encanto que la hace única: la profundidad de la formación teórica y la fuerza de la militancia, y ambas se vuelcan en una empatía que se transforma en abrazo.

Vino a Mendoza hace algunos días a dictar dos seminarios: uno en la Facultad de Artes, "Estética feminista de la liberación" –como parte de la Maestría de Arte Latinoamericano– y otro denominado "Estética y literatura de mujeres: apuntes hacia una fuga de la razón patriarcal", en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. Habló con Diario UNO acerca de cómo los mandatos del patriarcado marcan a destajo la vida de las mujeres en Latinoamérica y sobre posibles formas de trascenderlos.

–¿A qué se le llama estética feminista de la liberación?
–Yo me ocupo de la estética de las emociones que somos capaces de crear y recrear las mujeres latinoamericanas. Esto se ve claramente en la literatura, ya que es a través de ella que empezamos a decir nuestro malestar y a transmitirnos ideas que no eran mediadas sólo por la academia y por el pensamiento patriarcal.

–¿El rol de la literatura es preponderante en esto?
–La literatura ha sido uno de los primeros instrumentos de liberación de las mujeres, mucho antes de que las mujeres se definieran o a pesar de que no se definan hoy feministas.

–¿Qué opinión te genera el movimiento Ni Una Menos?
–Reconocemos que es el gran movimiento latinoamericano contra el feminicidio, contra la desaparición de mujeres (terriblemente vinculada a la trata de personas). Es un movimiento continental, pero la fuerza que le han sabido dar las argentinas es único. Un millón de personas salieron a las calles aquí, como no ocurrió en otro lado.

–¿Creés que las mujeres, a pesar de estos movimientos, que son importantes, seguimos haciéndole el juego al sistema patriarcal?
–No, creer esto es una gran trampa. El sistema recicla sus violencias, y usa el cuerpo de las mujeres para ensayarlas. Como somos una parte secundarizada de la sociedad, somos la porción de los seres humanos sobre los cuales no hay una gran visibilidad, pero que soporta económica y emotivamente a la humanidad entera. El cuerpo maltratado de las mujeres es un mensaje contra toda la sociedad. "Miren lo que les puede pasar a todas y a todos si no obedecen". Los varones se matan entre ellos, por intereses vinculados al patriarcado, por el poder. Pero las mujeres somos asesinadas por hombres, no nos matamos entre nosotras. Entonces a nosotras, que somos tendencialmente más pacíficas, nos mata el sistema para decirnos que no hay forma de escaparse de él. Nos victimiza, no somos víctimas. Somos victimizadas.

–¿Podemos liberarnos de eso?
–Yo creo que sí, podemos afirmar nuestra presencia, nuestra negación a querer seguir siendo victimizadas y defendernos unas con otras.

–Aún nos falta solidaridad entre mujeres.
–Porque nos han enseñado a detestar a las otras mujeres, desde que somos niñas estamos expuestas a malos chistes sobre las viejas, sobre las suegras, sobre las mujeres que te van a robar tu bien más preciado que normalmente se cree que es un marido. Sabemos que no es así. El bien más preciado es lo que somos, y lo que somos capaces de hacer con otros y otras.

–¿Por qué creés que las mujeres no nos podemos pensar por nosotras mismas?
–No será así hasta que no nos liberemos.

–¿Qué implica liberarnos?
–Implica diálogos, discusiones, contradicciones muy importantes. La contradicción debe ser tomada en serio. Somos liberadas en una cosa y no en otra. Pero en el proceso de liberación, mientras vamos hacia nuestra subjetivación como personas, es cuando aprendemos a querernos y a respetarnos entre mujeres. Es fundamental. Que yo escuche tu palabra es más importante a que te vomite encima toda mi teoría. Creo que ésa es la liberación y que esel camino para empezar a cuidarnos, a entendernos y a tomar en serio lo que decimos y cómo queremos ser.

–Es como comenzar a adquirir una identidad.
–Es que hay mujeres que son muy abiertamente maternales, otras muy abiertamente sociales, también las que somos amantes de nuestra soledad. Y todo eso se vale. Todo eso es aceptado y reconocido en la población masculina, pero no es aceptado y reconocido como derecho a expresarse cuando es de las mujeres.

–¿De qué forma?
- La literatura revela cómo las mujeres se sienten importantes y poderosas y cómo las derrotan, una vez tras otra, a través de la pareja, a través de la obligación al maternazgo, la dependencia a estructuras sociales no determinadas por ellas mismas. Como por ejemplo, la familia nuclear. Nosotras no decidimos la familia nuclear, nos atrapa, nos aprisiona. Nosotras tendencialmente tendríamos familias abiertas, núcleos de convivencia, núcleos no sanguíneos sino afectivos. ¡Hordas, pues! Yo reivindico la horda, como feminista.

–¿Las tribus de mujeres para criar a los hijos e hijas?
–Por supuesto. Esto implica que todas cuidemos y criemos a los hijos e hijas propios y a los de otras. Todo es intercambio.


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Conciencia y solidaridad de género. Es lo que transmite la escritora feminista en todas sus disertaciones. <br>
Conciencia y solidaridad de género. Es lo que transmite la escritora feminista en todas sus disertaciones.


–¿Por qué aún seguimos tan con centradas en la pareja tradicional?
–Porque tenemos cinco mil años de educación patriarcal. Las mujeres fuimos literalmente destronadas de un mundo igualitario por la guerra, por las relaciones de competitividad. Nuestra sumisión llega de la mano de la construcción de jerarquías sociales, de la esclavitud y de la guerra. En la historia de la humanidad, esto tiene 5.000 o 6.000 años. Pero también son los años que nos han formado, si es difícil superar algo que tiene dos o tres generaciones, imagínate esto, que en la literatura empieza con ese horrendo primer capítulo de la Odisea en la que Telémaco le dice a su madre: "Regrésate a tu cuarto, con tus doncellas, que aquí los hombres vamos a hablar de poesía y de las cosas importantes".

–Qué fuerte cómo lo muestra la literatura...
–Pero esos no son los primeros textos de la humanidad, sino los escritos por una gran poeta y sacerdotisa, Hedu Anna, de la que tenemos algunos restos de textos, escritos para la diosa Inanna. Se trata de poemas líricos, religiosos y elegíacos. Tres siglos después hay un gran poema anónimo, que es el poema épico de Gilgamesh, que a pesar de tener los dos protagonistas hombres, y de que haya una prepotencia masculina sobrevalorada, el poema refleja que las mujeres tienen un rol social importantísimo. Después tenemos un periodo largo de poesía épica, de la cual el mundo occidental casi siempre reconoce los poemas homéricos como los propios. En el primer canto de la Odisea ya tenemos un mandato contra las mujeres, hecho por un hijo contra su madre.

–¿Ese mandato implica el comienzo de una educación heteropatriarcal?
–Esa educación es la que hace que la palabra de las mujeres no tenga importancia, que las novelas escritas por mujeres sean menos leídas que las escritas por hombres, por lo tanto las editoriales prefieran publicar a varones antes que la obra de una mujer. Que los cuentos para la infancia que tienen como protagonista a una niña no sean comprados por las mamás de varones. Mientras las mamás de niñas sí compran cuentos protagonizados por niños. Esta preferencia es construida paso a paso desde las pocas horas de nacida una niña o un niño.

–Es muy difícil de desaprender.
–Es realmente difícil de deshilar, porque está en todo, en absolutamente todo, en cómo se construye una casa, por ejemplo. Le damos muchísima importancia a un arquitecto que diseña una casa y después no damos ninguna importancia estética a las mujeres que la hacen habitable, y que las atienden casi como si fueran una persona. Vuelven a pintar una pared, limpian, decoran, siempre es una mujer la que hace más agradable y cálido el vivir de un grupo.

–¿Por qué si es tan opresivo el sistema lo seguimos reproduciendo?
–Seguramente tenemos una pulsión de construir relaciones amorosas de exclusividad, porque así nos han educado. En realidad, la opción por la soledad puede ser feliz o no, depende cómo se la viva, hay personas para las que la soledad es liberación de los vínculos familiares opresivos, pero esto no quiere decir que no exista intercambio con otros seres. Esto porque su construcción de vínculos no son obligatoriamente familistas.

Perfil
El feminismo como bandera Militante y académica

por elección. Francesca Gargallo nació en Italia en 1956. Hace más de tres décadas que vive en México. Ha escrito literatura (cuentos para niños y adultos, poesía y novela) pero es más una estudiosa del rol de las mujeres en las sociedades latinoamericanas, de sus procesos y tendencias. Es autora de casi 30 libros de novela, cuento, poesía y ensayo. Viaja llevando sus conocimientos a distintos países latinoamericanos.

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