Mendoza Mendoza
lunes 20 de junio de 2016

La historia del puente de Palmira que iban a volar

Por primera vez surgen aportes que convierten en un hecho real algo que sólo era leyenda. La versión dice que tras el golpe de 1955 la resistencia peronista preparó un atentado. Por qué fracasó

Era un mito, un rumor sostenido por años, una versión no comprobada, una leyenda. Ya no lo será, a partir de ahora. Fue parte de la historia no escrita y desde hoy podrá ser enriquecida con más datos y hasta corregida en algunos detalles si fuera necesario. Pero, al menos, es un primer paso.
Después del golpe de Estado que derrocó a Juan Perón en 1955, la resistencia peronista intentó hacer volar el puente ferroviario de Palmira y fusilar a dos hombres que habían hecho para los militares una lista negra de trabajadores y militantes.

Guillermo Páez tiene hoy 90 años. En 1955 era un joven maquinista del ferrocarril. "Siempre se rumoreó eso, pero yo no puedo decir si es cierto o no", dice con absoluta lucidez. Y recuerda que apenas derrocado Perón, "los maquinistas teníamos apostado, al lado nuestro, a un soldado con una ametralladora".

No fue una estrategia caprichosa la que implementaron los militares: Palmira era un punto estratégico para la distribución de cargas y el funcionamiento general de la red nacional ferroviaria, ya que allí estaba uno de los principales talleres de locomotoras.

Roberto Loyola (padre), también era un muchachito de 16 años cuando el golpe de Estado. "Hubo tropas del Ejército que salieron de Mendoza en tren, hacia Buenos Aires, para defender el gobierno de Perón. Pero de aquí salieron rebeldes y sólo llegaron hasta San Luis, de donde volvieron leales". Loyola dice que también la historia del intento de voladura del puente es algo sobre lo que se ha hablado mucho, pero que tampoco puede dar fe de ello.

En cambio, hay dos personas que recuerdan. El relato que hacen lo tienen de primera mano, ya que son hijos de dos militantes de esos años que sufrieron las consecuencias del golpe y figuraban en esa "lista negra".

Pablo Patti, histórico ex intendente peronista de San Martín, obtuvo los detalles de Juan, su padre. Además, siendo un muchachito también sufrió indirectamente parte de las consecuencias del golpe.
Omar Abdo, actual concejal yrigoyenista de San Martín, también escuchó muchas veces ese relato de la boca de su padre, Manuel, activo militante peronista.
Con ambos testimonios se puede reconstruir la historia, aunque con algunas imprecisiones de tiempo que en algún momento quizás puedan ser saldadas. También han surgido algunos nombres y detalles que no se replicarán aquí, para evitar hacer sangrar nuevamente algunas viejas heridas.

Los acontecimientos
Una vez derrocado Perón, con el general Eduardo Lonardi como presidente de facto y sucedido por Pedro Eugenio Aramburu unos meses después, en Palmira se confeccionó una lista en donde figuraban militantes justicialista y sindicalistas que eran un riesgo potencial para los planes de la Revolución Libertadora.

Quienes armaron esa lista eran dos vecinos jarilleros que vivían en la misma cuadra, justo frente a la estación de trenes y muy cerca de la Unión Ferroviaria. Uno era un bioquímico y capitán del Ejército; el otro era un capataz de ultraderecha, que tenía a cargo alguna propiedad en la zona de Tres Porteñas.
La lista desencadenó una gran cantidad de detenciones. "Los llevaron a todos a Mendoza, no recuerdo si fue al penal o a una dependencia del Ejército. Los golpearon muchísimo mientras estuvieron detenidos, intentando que delataran a más gente. Mi papá, y creo que todos, quedaron muy afectados emocionalmente", recuerda Omar Abdo.

Manuel Abdo y varios más tuvieron algo de suerte. Después de algunos días presos y castigados fueron liberados.

Otros, como Juan Patti, la pasó mucho peor. "Se lo llevaron al penal de Magdalena (Buenos Aires) y estuvo detenido cuatro años", recuerda Pablo Patti. Pablo y sus cinco hermanos debieron arreglárselas solos durante ese tiempo, ya que su madre ya había fallecido y no tenían muchos parientes. Apenas un tío los visitaba, cada tanto.

El plan para hacer volar el puente de Palmira comenzó mucho después, cuando la mayoría de los detenidos recuperaron su libertad.

El plan tenía dos objetivos: fusilar a los dos vecinos que habían confeccionado la lista y volar el puente ferroviario.

"Creo que la voladura del puente, era no sólo para cortar el ramal y entorpecer el envío de cargas a Buenos Aires, sino también ser una distracción para concretar los fusilamientos", dice Abdo.
Mientras una parte del grupo, armado con fusiles, se escondía entre los arbustos que estaban (aún están) en el predio del ferrocarril y frente a las casas de los "condenados", otra parte debía hacer estallar la gran cantidad de gelinita, que había sido conseguida con mucho trabajo y prolijamente acopiada y escondida.

Pero el plan también era parte de uno mucho más amplio de la resistencia peronista, a nivel nacional. Una carta escrita por John William Cooke y dirigida a Perón da cuenta de ello. Allí el dirigente de la resistencia define a Mendoza como un punto estratégico para fortalecerla. Dice: "Estoy haciendo un experimento con Mendoza. Como allí la gente se conoce toda y la proximidad con Chile permite comunicaciones más o menos rápidas, he seguido un procedimiento que creo puede dar resultado. (...) Aprovechando la existencia de un comando bastante fuerte (...) y de algunos grupos clandestinos de obreros, intento una organización de tipo provincial. (...) He designado una junta de cinco "promotores" cuyas funciones son transitorias y se reducen a organizar en todos los departamentos grupos coordinados. La designación no implica jefatura, ni nada por el estilo, así que si las personas elegidas responden, en muy poco tiempo allí nuestras tareas tendrán coordinación perfecta."

El plan en Palmira era simple. Casi en una misma secuencia, hacer estallar el puente y, con la distracción que produciría, fusilar a los entregadores.

"Contaba, según recuerdo, que los hombres ocultos entre los matorrales debían esperar a que estas dos personas llegaran a sus casas y fusilarlas", cuenta Omar Abdo.

Pero todo se frustró de la manera menos pensada: un integrante de los rebeldes se apiadó de los dos vecinos condenados y los alertó sobre lo que iba a ocurrir. "Lo que tengo perfectamente claro es que estos dos hombres se fueron de Palmira y estuvieron ocultos durante muchos meses, hasta que decidieron regresar cuando ya se habían calmado las cosas", dice el actual concejal radical.
Con el objetivo de la venganza ya frustrado, la voladura del puente decidió no ejecutarse y la gelinita y los "fierros" fueron ocultados.

Pablo Patti cuenta que algunos años después, y todavía siendo un adolescente, "me escondí para fumar en un cuartito y vi la gelinita. ¡No sé cómo no hice volar toda la manzana!".

Luego la gelinita fue sacada de allí y la última noticia de ella es que está oculta en una casa de Chapanay. Ya no deben de quedar rastros de ella.

Casi tampoco quedan rastros de esta historia, que, hasta ahora, era casi un mito.

Habrá que escribirla más detallada y mejor, algún día.

Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas