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domingo 29 de mayo de 2016

Kosmi e India viven bajo los principios de la permacultura

Escaparon del sistema para estar en armonía con la naturaleza, incorporando tecnología autosostenible. Él es ingeniero electrónico, ella estudiaba la misma carrera

"La inflación es algo que casi no existe para nosotros", dice. Se llama Silvana, pero casi ha olvidado ese nombre que le pusieron hace 32 años. La rebautizaron India, a pesar de que tiene ojos celestes y tez blanca, y es el nombre al que responde. Carga en brazos a Amarú, que nació al lado de la estufa que calienta la casa, mientras su otro hijo, León, discursea en media lengua agarrado a su pierna.
"Vivimos bajo los principios de la permacultura", dice. "Reflexionar, rechazar, reducir, reparar, reutilizar, reciclar", recita, a la vera del humedal del Arroyo Claro.

Son un lunar en la piel de esta sociedad actual. Hay otros lunares como ellos, pero está bueno analizar uno para tratar de entender a los otros.

"Nosotros vivíamos en la ciudad, hasta que nos cansamos", dice India.

Cuenta que conoció a su compañero –así lo llama a Hugo, que también ha olvidado ese nombre y adoptó el de Kosmi– en un boliche de Chacras. Que él era ingeniero electrónico y ella estudiaba la misma carrera. "Yo me fui a Alemania, con una beca de 6 meses, y cuando volví decidimos alejarnos del ruido y de la locura".

Dice que ya habían escuchado hablar de permacultura y habían elegido adoptar esa forma de vida.
India define la permacultura como "vivir amigablemente con el ambiente, incorporando tecnología de una manera autosostenible, no lineal, y dejar de consumir y generar basura sólo para satisfacer los egos".

La definición formal dice que permacultura es un sistema de principios de diseño agrícolas y sociales centrada en la simulación o directamente en el uso de los patrones y las características observadas en los ecosistemas naturales, que incluyen el diseño ecológico, la ingeniería ecológica, diseño ambiental, la construcción y la gestión integrada de los recursos hídricos, que desarrolla la arquitectura sostenible y los sistemas agrícolas de automantenimiento modelados desde los ecosistemas naturales.

Pero la familia de India y Kosmi lo explican mejor, con el ejemplo: todo lo que consumen surge de lo que producen. Lo poco que necesitan del afuera lo canjean por sus productos o lo compran con la venta de lo que hacen. Y los residuos que generan los reciclan o los procesan para reincorporarlos al suelo.

Hace 7 años, cuando tomaron la decisión de salirse del sistema, necesitaron el apoyo familiar. "Comenzamos a buscar fincas. Habíamos visto una en Lavalle, que era enorme pero era un gran arenal. Finalmente nos contaron que acá, en Barriales, había una finca abandonada a bajo precio".
Y fue así. Con aporte de las familias lograron comprar el lugar. Y luego también compraron otra, que está junto a la primera. Fueron adaptando las casas, las viejas casas de adobe, utilizando también barro y caña. Aprovechando la información en internet, hicieron mejoras, construyeron baños secos, sistema de calefacción y de energía solar, a medida que iban recuperando los cultivos y haciendo huertas orgánicas.

Abierto al mundo
Una de las construcciones fue transformada en hostel. Allí reciben visitas de gente de todo el mundo. "No pagan. Los incorporamos a la producción y sólo se hacen cargo de sus gastos. Además los capacitamos y les damos talleres", cuenta Kosmi.

Agregan que en Mendoza hay otros lugares que también practican la permacultura y están más desarrollados que ellos. "Nosotros recién empezamos y vamos avanzando y mejorando, día a día", dicen.

Hasta los nacimientos de León y Amarú fueron naturales. Nacieron allí, junto a la estufa, y crecen entre la naturaleza y los métodos que han adoptado sus padres para vivir. Están sanos y felices. Incluso, si hay alguna enfermedad utilizan también hierbas del lugar para curarse.

Claro que la permacultura establece la incorporación de tecnología y, en el hostel, hay Wi Fi. No es una contradicción. Internet sirve para seguir incorporando conocimientos.

Incluso "tenemos una biblioteca de más de 1.000 ejemplares, que usamos para ir estudiando y que también usan quienes nos vienen a visitar", explica India.

Se podría decir que están fuera de todo.

O plenamente adentro. Según cómo se lo mire.
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