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domingo 12 de junio de 2016

Inicio del ocaso de una frase que buriló Perón

Por qué será que varios observadores de la realidad coinciden en afirmar que "la Argentina es un país enfermo de peronismo".

Maradona es como el peronismo. Pareciera que en nuestro país todo tiene que amoldarse a lo que el ex jugador y ese movimiento político representan, y que podrían sintetizarse en "una pasión netamente argentina".
Según ese relato, no hay vida fuera del peronismo y toda la esencia nacional y popular está concentrada en Maradona.
De allí que el Diego diga que Messi es un buen chico pero que no tiene capacidad de liderazgo.
O que el kirchnerismo, penúltima versión de las tantas formas que en el peronismo han sido, nos quiere hacer creer que con Macri viene el diluvio político universal.

Todos y uno
Perón, un dirigente tan crápula como visionario, nos inoculó que "en la Argentina, peronistas somos todos", así seamos socialistas o liberales, creyentes o ateos, chantas o responsables.
De la misma manera que los chinos tienen los ojos rasgados, o buena parte de los africanos son negros, nosotros somos peronistas.
Argentina y peronismo son lo mismo, concluimos, aceptando el disparate.
Si hasta hemos convenido que el papa Francisco sea peronista.
Por eso algunos estudiosos de los intersticios argentinos afirman que este país "está enfermo de peronismo".
Como México estuvo enfermo del PRI. O los EE.UU. de macartismo. O Italia de fascismo.
Divinidades y mortales
Maradona y Messi son, en lo suyo, uno en un millón. Son excepcionales.
Pero Maradona nunca va a aceptar que Messi sea un grande, por lo menos no en la misma dimensión que él.
Maradona cree ser Dios, y a Messi lo ve, a lo sumo, como obispo destacado con posibilidades de ser Papa.
En ese mismo orden, el peronismo versión K hace las veces de un hipócrita perdonavidas que se la pasa augurando que el ricachón insensible de Macri va a caer en menos que canta un gallo.
No como los millonarios kirchneristas que se enriquecieron de la corrupción estatal pero de manera "natural" y haciendo el bien.

Mire, vea
Messi nunca va a tener las furias maradonianas, ni los arrebatos, ni los exabruptos, ni las veleteadas políticas, ni esas ínfulas nacionales, populares, anche bolivarianas de quien ahora será veedor de la FIFA en la AFA.
En la visión del retirado e histórico 10, lo que Messi representa es de flojitos, de blanditos, de pechos fríos, de pelotuditos.
De la misma manera que para ciertos kirchneristas es de liberales reaccionarios eso de andar hurgando en la desatada corrupción que tiñó a la "década ganada".

El zumo
El peronismo y Maradona nos han convencido de que son la pulpa más profunda a extraer de la argentinidad.
Y no dudan en gritarlo a los cuatro vientos.
El Diego fue un jugador genial. Único. Irrepetible.
Pero también fue y es un ser humano muy jodido. Soberbio hasta la exasperación, displicente, rayano en la violencia, machista, negador de hijos, oportunista.

Para allá, para acá
El peronismo arrancó como un movimiento político explosivo que venía a dar respuesta a una Argentina necesitada de justicia social.
Una Argentina que demoraba la incorporación de los trabajadores a un reparto sensato y moderno de la riqueza nacional.
Pero también fue una expresión cuya principal ideología pasó a ser el poder, mantenerse en el poder.
Por eso el peronismo es hoy de derecha, mañana de izquierda, y pasado de lo que sea con tal de retener el manejo de la cosa pública.

Actos de la tragedia
El primer peronismo persiguió, encarceló a radicales y a comunistas, hizo un descarado proselitismo en las escuelas, clausuró a la prensa no adicta, realizó un culto del personalismo, y si bien siempre estuvo en el poder por el voto popular, desconoció normas elementales de la democracia republicana.
El segundo peronismo nos dejó a una presidenta, Isabel Perón, que puso en escena un borrador del infierno que íbamos a vivir desde el 24 de marzo de 1976.
¿O no fue la macabra Triple A, que manejaba el superministro López Rega desde el Estado peronista, una máquina de matar e intimidar?
¿Y no fue, desde el llano o de la clandestinidad, lo que otros peronistas, estos de la izquierda montonera, los que caldeaban el ambiente con otra máquina de matar?

El legado
Pese a toda esa sangre, la historia peronista en su conjunto dejó una marca indeleble en la conciencia nacional: la de que los trabajadores son sujetos plenos de derechos y parte esencial en la formación de riqueza.
Y la de que en este país los únicos privilegiados son los niños.
También en su paso desatado por los intersticios del poder el peronismo dejó a personajes complejos pero fascinantes, como Evita Perón, un mito político que ha quedado inmortalizado en óperas y en novelas inolvidables conocidas en todo el mundo.

Volvemos con Axel
El peronismo más duro no puede aceptar que han cumplido un ciclo. Demasiados políticos peronistas se han hecho millonarios. Y si bien son maestros en armar redes de contención social, también lo son en mantener un clientelismo para nada progresista.
En lugar de hacer un duelo autocrítico, llaman a la resistencia popular e imaginan que con Axel Kicillof y con Guillermo Moreno arengando en las plazas contra Macri y Cambiemos van a reconquistar a la clase media.

Ego y botas
Maradona va a morir con las botas puestas. Ningún milagro logrará sacarlo de su egolatría permanente. Fue un genio con la pelota y un tipo bastante insensato con la vida real.
Messi es un tipo tranquilo. Aburrido en su vida cotidiana, ajeno a los escándalos. Disciplinado. Sensato.
Lo más escandaloso es su paso por los estrados judiciales de España, donde está acusado junto con su padre y manager de evadir el pago de impuestos al fisco ibérico.
Pero tiene un don maravilloso, magistral, para jugar al fútbol. Emociona su talento. Basta repasar los tres goles del viernes pasado a Panamá para que cualquier argentino se ponga de pie y se saque el sombrero, al borde de la lágrima.
Guste o no, soplan vientos que no son los más adecuados para maradonianos y para peronistas duros.
Parafraseando a Perón, podríamos mutar el yeite y decir que, en realidad, "argentinos somos todos".
Puede que esta última frase tenga cierto tono voluntarioso y que la de Perón haya sido una gema de ironía. Sin embargo, y por respeto a lo que suena en el viento, deberíamos obligarnos a leer algunos títulos que, como adelanto noticioso, nos va tirando la realidad.
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