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jueves 03 de agosto de 2017

Gran revuelo por la importación de vino chileno con agua

Una asociación de productores de Mendoza denunció que en Chile se está elaborando con hasta 30% de ese líquido. Reclamó más control local. La industria avala la tarea fiscalizadora del INV

La guerra declarada entre los distintos protagonistas de la vitivinicultura cuyana por la importación de vinos a nuestro país desde Chile, trajo un nuevo y polémico argumento a la saga: la sagrada bebida de Baco, que llega del otro lado de la cordillera, estaría corrompida con el más puro de los elementos: el agua.

Sin embargo, la revelada y presunta herejía no tiene que ver con los dioses sino más bien con los mortales, los que a diario mueven la industria desde todos sus rincones y que hace más de un año, se enfrentan en una guerra de precios, en la que las importación del producto es el arma letal de uno de los bandos para inclinar a su favor la batalla.

Asociaciones de productores de Mendoza y San Juan denunciaron sin vueltas que "el vino chileno que se importa al país viene con agua", recordando que en la Argentina está prohibido que los vinos tengan el más mínimo rastro del inodoro, insípido e incoloro líquido.

Revuelo público
La denuncia más grave, fue la que públicamente dio a conocer el miércoles, Gabriela Lizana, de la Asociación de Productores del Este.

Alertó que "en Chile se están elaborando vinos con un porcentaje de agua mayor al que permite la legislación y hay una denuncia en ese país con una sospecha confirmada por la Fiscalía que investiga, de que esos vinos tienen hasta un 30% de agua".

La cifra es un escándalo en cualquier país del mundo y aunque la normativa argentina no tolera la presencia de agua ni en un 1% Lizana aclaró que "en Chile se permite hasta un 7% pero no por encima".

De hecho, la mayoría de los países vitivinícolas, menos la Argentina (donde ahora está en debate), aceptan esta cantidad de agua que surge del propio proceso de elaboración.

Pero Lizana advirtió: "Nos llama mucho la atención que sea el propio país vecino el que está dudando de la calidad de sus vinos. Estamos muy preocupados por esta noticia y por el aumento de la importación de vinos que está ingresando cada vez más".

La dirigente sentenció: "Esta denuncia nos hace ver que estos vinos de Chile son de dudosa calidad".

Por eso reclamó que "el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) tiene que ser más estricto en los controles ante esta situación".

No obstante, Lizana admitió que desconoce que esos vinos saturados de agua hayan ingresado al país y tampoco puso en duda la capacidad del organismo a la hora de controlar lo que llega de Chile.

Desde San Juan, en tanto, simplemente denunciaron que la normativa de Chile permite hasta un 7% de agua en el vino, lo que aquí está prohibido, por lo que no debería pemitirse su importación.

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En la industria aclaran que los acuerdos de reciprocidad entre Argentina y Chile, obligan al INV a respetar la norma de origen por lo que no puede bloquear esos vinos por tener un 7% de agua.

Pero como el vino que se importa es a granel para ser embotellado aquí, quienes están en contra, retrucan que estarían infringiedo la normativa al fraccionar vino con agua en nuestro país.
La industria no da crédito
Algunos referentes del sector bodeguero, consultados por Diario UNO, fueron remisos a dar la derecha a la denuncia sobre vinos chilenos con 30% de agua ingresando a la Argentina.

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Sergio Villanueva, en una foto de archivo junto a Eduardo Córdoba.
Sergio Villanueva, en una foto de archivo junto a Eduardo Córdoba.

Sergio Villanueva, gerente de la UVA (Unión Vitivinícola Argentina), afirmó respecto de los vinos trasandinos y el agua que "Chile está dentro de los estándares internacionales".

Afimó que "en este tema el hecho de fondo es la polémica por la importación", señalando que "hay mucho de demagogia y de política en todo esto porque queremos abrirnos al mundo, vender al exterior pero a la vez que no se importe nada".

Explicó que "hubo importaciones porque tuvimos dos cosechas muy malas y faltó vino en el mercado"
Afirmó además que no ha escuchado rumor alguno sobre el ingreso de vino de Chile con más agua de lo permitido pero pidió que el INV salga públicamente: "El Instituto debe aclarar la situación".

Por su parte, Carlos Iannizzotto, de Fecovita (Federación de Cooperativas Vitivinícolas) indicó que "hace tiempo que los controles del INV funcionan con normalidad. Esto se puede demostrar en que nuestros vinos no tienen problemas de calidad en los mercados externos ni en el interno", poniendo en duda que estén ingresando vinos aguados.

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Al referirse a las sospechas planteadas se lamentó porque "no le hacen bien a la industria, el vino es una bebida muy delicada, cualquier comentario afecta su venta".

Sobre la importación, minimizó el impacto, dijo que "no llega al 5% del consumo" y adelantó que está a la baja: "No se está importando porque el mercado está planchado y el precio actual del dólar no lo justifica"
¿Seguirá la guerra?
Toda la polémica es parte de la batalla de fondo que se desató el día en que los grandes de la industria del vino, decidieron disciplinar a productores y elaboradores pequeños, porque los chicos se excedieron a la hora de poner el precio al producto aprovechando que se cotizaba en alza por las magras cosechas de las dos últimas temporadas.

Los grandes, enervados por tanta osadía y alentados por razones de rentabilidad y demanda, se fueron a comprar vino a Chile, donde lo consiguieron un poco más barato.

Mientras tanto, la autoridad de control brilló públicamente por su ausencia. Buscado y no encontrado, a la hora de preguntar por el INV, la única respuesta fue "bien, gracias".

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