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jueves 21 de septiembre de 2017

Ferruccio Soppelsa fue el "Señor de los helados"

Falleció a los 93 años el dueño de la principal y tradicional heladería de Mendoza, que funciona desde 1927.

Dicen que el helado llegó desde Oriente, en manos del legendario viajero y navegante Marco Polo, y que fue Venecia la cuna de ese irresistible manjar en la Europa del Medioevo. Esta ciudad también fue la cuna de don Ferruccio Soppelsa, quien nació en 1923 en los Alpes venecianos y murió este miércoles en Mendoza, a los 93 años, dejando un imperio de heladerías que inició su padre, pero además consiguió el sueño que los alquimistas perseguían para transformar el plomo en oro: Ferruccio Soppelsa transformó su apellido en sinónimo de los helados mendocinos.

Dejó de existir casi sin descanso al frente de sus heladerías que hasta hace poco regenteaba, según dan cuenta los que lo conocieron.

Fue velado en la sala de calle Maipú 636, de Mendoza capital, y sus restos fueron sepultados después de las 17 en el Parque de Descanso, en Guaymallén.

Recién después del último adiós de sus familiares y amigos, trascendió públicamente que don Ferruccio había dejado este mundo.

En la fan page de la heladería Ferruccio Soppelsa se anunció su desaparición.

"Nuestro fundador, Ferruccio Soppelsa, nos dice adiós pero nos deja mucho: años de historias, muchas alegrías, una gran voluntad de trabajo y un ejemplo de vida. Pero por sobre todo un hermoso desafío: seguir llevando siempre sonrisas y lindos momentos para compartir con quienes nos han acompañado desde el principio", decía el muro en Facebook.

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Todo empezó...
Fue la tragedia económica y social que dejó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) la que empujó a los Soppelsa a abandonar sus pagos alpinos, geografía bendecida con paisajes de ensueño, de un verde interminable y bosques que llegan hasta el cielo, sobre una zona montañosa de picos nevados, surcada por ríos bordeados de flores silvestres, cuyo aspecto sólo puede hacer presumir que ningún ser humano que lo habite se irá nunca de allí.

Sin embargo, tan mala era la situación de Europa en la posguerra que los inmigrantes se venían a las montañosas, pero áridas y grises, tierras mendocinas a salvar su pellejo que aquel paraíso no podía rescatar.

Fue Güerino Soppelsa, padre de Ferruccio, quien se vino a la Argentina con su hijo mayor en 1927.

El oficio del papá de don Ferruccio era, justamente, heladero. Lo aprendió con unos tíos en una localidad cercana al pequeñísimo pueblo de Forno di Zoldo, que actualmente no tiene más de 2.500 habitantes y que fue donde nació Ferruccio.

En 1937, con 14 años, el hombre que convirtió Soppelsa en una tradicional heladería, llegó a Mendoza junto a su madre y su hermano para reunirse con su padre, al que hacía 10 años no veían.

Güerino había abierto en 1927 su primera heladería en la esquina de Belgrano y Avellaneda, iniciando un negocio con sus hijos que años después traería gran fama.

Sin embargo, el patriarca alumbró una idea que al día de hoy persiste con innegociable tradición: Güerino acondicionó un camión para vender helados y con él se instaló regularmente en el parque General San Martín, método de venta que Soppelsa mantiene hasta el día de hoy.

El negocio, sin dudas, caminó bien, porque después de 1930 abrió su segundo local en la esquina de España y Las Heras, y luego en 1954 mientras se expandían, abrió el más conocidos y concurrido de todos: el de Emilio Civit y Belgrano, que convirtió a esa esquina en la esquina del helado.

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Emblemática heladería en Emilio Civit y Belgrano, de Mendoza capital.
Emblemática heladería en Emilio Civit y Belgrano, de Mendoza capital.

El éxito del negocio no impidió que la familia lo siguiera gestionando como lo había hecho desde un comienzo.

Ferruccio Soppelsa se convirtió en la cara de su negocio, junto a sus cinco hijos, ampliando con sucursales y franquicias, y saliendo fuera de Mendoza.

En persona, se mostraba como un típico inmigrante italiano, de los millones que llegaron a la Argentina. Lo importante para él eran el trabajo, el sacrifico y la unión de la familia.

En una entrevista a Diario UNO, que dio en 2009, reveló que el helado de chocolate era su preferido: "A mí me gustó desde el principio y lo prefiere todo el mundo".

También confesó que a los 60 años había descubierto la pasión por la bicicleta y que pedaleaba 100 kilómetros por semana.

Cuando se le preguntó la fórmula del éxito para un negocio familiar respondió: "Tesón para el trabajo y acuerdo entre todos para estar bien".

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Emblemática heladería en Emilio Civit y Belgrano, de Mendoza capital.
Emblemática heladería en Emilio Civit y Belgrano, de Mendoza capital.
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Don Ferruccio y dos de sus hijos.
Don Ferruccio y dos de sus hijos.

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