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martes 21 de junio de 2016

¿"Fantasmas" en la mansión Stoppel? "Hay que estar acá y pasar la noche; siento golpes, escucho gritos de auxilio"

Describen que oyen gritos y sonidos extraños para los cuales no encuentran explicación en la mítica casona de la Avenida Emilio Civit.

"Hay que estar acá y pasar la noche. Siento golpes, que no son del viento. Escucho gritos de auxilio. Voy a ver de donde provienen y no encuentro nada", relata Román Burgoa (72), el sereno de la obra, quien vive desde hace tres años en una casilla montada en el frente de la casona que se destinará como un espacio para la cultura cuando el proceso de restauración concluya.

Es uno de los que asegura que la mansión Stoppel está ocupada por fantasmas. La emblemática casona de la calle Emilio Civit, que permaneció abandonada por décadas y está siendo reconstruida, emite sonidos que aterrorizan hasta a los más valientes. Para los directivos de la obra, los ruidos provienen de la antigua estructura. Los vecinos y obreros afirman que están vinculados a un pasado oscuro.

Román tiene cuatro hijos mayores y una esposa que vive en Palmira, antes de jubilarse fue gendarme y vivió muchos años en Mar del Plata; dice que cuidaba un colegio en Lavalle y que nunca le tuvo miedo a nada. También describe que desde que llegó como sereno a Stoppel comenzó a experimentar hechos fuera de lógica y toda explicación.

"En una oportunidad vino un camión a llevarse escombros del techo y se me ocurrió fumarme un cigarrillo cerca de donde trabajaban los albañiles. Estaba apoyado sobre la pared cuando sentí un crujido en el piso. Parecía como si el llanto de niños quisiera salirse de la tierra. No lo podía creer y el conductor del camión también lo sintió", recordó el hombre.

El sereno de la torre Jardín Presidente, que está pegada a la vieja casona en reconstrucción, no desmintió ninguna de las innumerables historias de Román y agregó las suyas. Este hombre, que prefirió no dar a conocer su nombre, dijo haber recibido muchos comentarios similares de los vecinos y hasta afirmó que una anciana del cuarto piso está segura de que hay espectros en la zona.

Los testimonios son innumerables. Rubén Botero, que trabajó de electricista meses atrás, confirmó haber escuchado en más de una oportunidad ruidos extraños que le pusieron la piel de gallina y contó que en una ocasión dejó a un ayudante trabajando mientras compraba materiales y que cuando regresó había abandonado la obra, atemorizado por tres gritos que escuchó.

Otra versión
Quienes desmienten esta versión de los hechos son los directivos y administradores de la obra, argumentando que existe una explicación científica para entender lo que ocurre. "Los vecinos dicen que se escuchan bebés llorando, cadenas y otra lista de sonidos de esa especie. Nosotros nunca hemos escuchado nada", manifestó Estela Maris, la encargada de la obra.

"Los obreros han escuchado bebés llorando, podrían haber sido gatos. La realidad es que la casa tenía pisos de madera y carpintería de madera. La madera vieja cruje. Tenía persianas de metal del año 1912. O sea que se movían haciendo ruido a chapa, que puede ser interpretado como ese sonidos de cadena del que hablan", opinó.

Según esta arquitecta, es probable que lo que se oigan sean los ruidos propios de una casa desvencijada y llena de humedad, con materiales que producen sonidos que pueden confundir y alimentar mitos urbanos. "Lo único que tengo claro y que he vivido yo acá es que en el sector de la casa hace más frío que en el resto", describió Maris.

"Estuvo trabajando un arqueólogo, revisando las excavaciones y no se encontró nada extraño. Ahora se ha hecho una estructuran con hormigón armado y todas las losas son nuevas. Para mí se creó el mito y con el tiempo se fue alimentando. También es real que había un orfanato, que murió un niñito, dicen que el médico los maltrataba, pero no se bien de dónde provienen esos relatos", dijo.

Su pasado oscuro y los mitos
Uno de los relatos que alimentan la versión de posibles fantasmas en el edificio está relacionado con la historia de la casona. Documentos del Archivo Histórico detallan que la mansión fue ideada en 1912 por el arquitecto italiano Victor Barabino y se realizó a pedido del cónsul peruano Luis Stoppel.

Las versiones periodísticas recuerdan que se demoró dos años en construirse y que en 1949 pasó a formar parte de los inmuebles de Mendoza. Posteriormente fue donada por su propietario y el Gobierno instaló en ella el Patronato de Menores, que funcionó hasta 1977. Durante esa época la psicología tenía una visión muy distinta respecto al concepto de locura y los tratamientos.

Actas de 1962 del Archivo General revelan por ejemplo que los niños indisciplinados eran considerados “contagiosos” para sus compañeros y se los medicaba y apartaba del resto para tranquilizarlos. En esos mismos textos figuran varias denuncias contra médicos y estos procedimientos, bastante comunes en ese tiempo. “Debe imponerse orden y disciplina y ocupar la mente de los niños para evitar que su fantasía los trastorne”, especifica una de las actas.

También es vox populi que en el año 1950 se cometió en la mansión el asesinato de un niño de 9 años por un supuesto doctor que trabajaba en el patronato. Sin embargo, después de revisar detalladamente los diarios de la época que la biblioteca San Martín aún conserva en su hemeroteca, no se halló ninguna noticia similar a ésta durante ese año.

Supuestamente las voces que se escuchan provienen de los chicos que vivieron durante esa época, que culminó cuando el terremoto de Caucete, en San Juan, ocasionó daños en el norte del área metropolitana del Gran Mendoza, provocando en la mansión una enorme grieta. Esa fisura ocasionó que la institución de menores quedara clausurada.
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