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viernes 22 de septiembre de 2017

Falleció el padre Baggio, luchador por los derechos de la niñez

Murió durante la madrugada de este viernes a los 84 años. Se destacó en San Martín por su sencillez y bondad.

Este viernes, a la 1.45 y después de gastar la vida durante 84 años, murió el padre Baggio. Fue sin duda la figura más poderosa de San Martín, por más que ese poder haya sido ejercido desde el silencio de la bondad, la sencillez y el trabajo. Desde el silencio de la más absoluta coherencia.

Benaminio Baggio fue en esencia un luchador en defensa de los derechos de la niñez.

Pero mejor es recordarlo en vida. Una de las pocas veces que accedió a hablar con la prensa fue en junio de 2007, cuando recibió a este periodista.
Así fue la charla:

"Elegí no casarme porque hubiera achicado la familia", dice Beniaminio Baggio. En San Martín todos lo conocen simplemente como "el padre Baggio, el que trabaja para los chicos". Y el sacerdote reconoce que, a diferencia de sus compañeros de seminario, "no necesité formar mi propia familia porque encontré a los chicos y casarme sólo hubiera significado reducir la posibilidad de relacionarme con tantos de ellos".

Tiene 73 años. Nació un 17 de mayo en Tunuyán pero se crió en Godoy Cruz, "en el barrio El Tacho, incubadora de machos". Hoy es creador y motor de la Obra Hogar María de Nazareth, que cuenta con tres instituciones educativas en el Este y que multiplica esfuerzos para contener a todos los menores y madres solas que viven en la indigencia.

Fue el padre Beniaminio quien, carente de recursos económicos, eligió para él el seminario como única alternativa para continuar los estudios secundarios. "Yo quería escaparme. Lo único que me retenía era que había una piscina hermosa y que podía jugar al fútbol", recuerda Baggio. Por ese tiempo era un temible delantero, tanto que dirigentes de San Lorenzo y River pretendieron llevárselo a Buenos Aires. Pero el joven eligió quedarse estudiando –"porque aprender me fascinaba"– y sólo jugó algún tiempo en Independiente Rivadavia y en Deportivo Maipú.

Después vino el sacerdocio y, hombre de sangre caliente –"no se puede vivir en la tibieza"–, su camino fueron los pobres, el movimiento de curas tercermundistas, su "testimonio vivo de Cristo. La austeridad. Saber que la eucaristía no es sólo un premio para los buenos". Trabajó para mantenerse. Estuvo en Jujuy en el ingenio azucarero "de la Mendieta".

También trabajó en las minas de Sierra Grande, en Río Negro. Allá supo de gremialismo y de lucha obrera. Fue en los primeros años de la década del '70. "Una vez había 3.000 obreros que habían parado y tomado el campamento. Un milico vino a buscarnos a la iglesia y nosotros no estábamos. Cuando nos vio aparecer, nos preguntó adónde nos habíamos metido. Una monjita le contestó: 'Nosotros estábamos donde teníamos que estar'.

Eso era introduciendo víveres a las minas para los trabajadores que estaban haciendo el paro". Baggio es así. No anduvo nunca con medias tintas. Como ejemplo basta decir que, después de haber conocido al padre Carlos Mujica, simplemente lo define como "un moderado. Yo prefería a otro cura que era marxista. Lo vi esa vez (un encuentro en Córdoba a fines de los '60) y no lo volví a encontrar nunca más".
Quizá alguien recuerde que el sacerdote integraba el movimiento de curas mendocinos "Los 27 Famosos", fuertes cuestionadores de algunas políticas eclesiásticas de esa época. Hoy el cura todavía lucha por aquellos que no tienen demasiadas oportunidades.

Dice: "Tratamos de educar a aquellos que no tienen habilidad para salir de la pobreza". Por eso, la obra que dirige maneja tres centros educacionales: dos jardines, una escuela primaria y una escuela de recuperación para chicos que no pueden mantener el nivel requerido por los programas oficiales.

El padre Baggio es crítico con la sociedad y también con la Iglesia. Dice que "éste puede ser el final de una etapa de la humanidad. Quizá sea una etapa que Dios quiere para transformar el mundo. El final de una cultura vieja para el nacimiento de una nueva cultura basada en otros valores, mucho más sólidos y alejados de lo material. Es evidente que todo esto se debe derrumbar para que nazca algo nuevo.
Ya es tiempo de que nos hagamos estos cuestionamientos y que tomemos una actitud transformante".

Por eso también les apunta a los maestros: "Son pocos los que son capaces de relacionarse verdaderamente con sus alumnos, de meterse en sus problemáticas, de tratar de entender sus vidas, de involucrarse con sus problemas".

La conversación con el sacerdote no sigue un orden cronológico y tampoco se ordena por temas. Sus 48 años de cura fueron muy intensos y su memoria (su mente está contundentemente lúcida) parece haberlos guardado agrupados en dos compartimentos: enseñanzas y testimonios.
En el primer grupo están aquellos momentos que compartió con gente que marcó su vida. "He conocido gente muy buena. Incluso aquellos con los que me he enfrentado en algún momento terminaron por darme una lección que más tarde me fue muy útil", dice.

En el segundo grupo están ordenados los recuerdos de su vida misionera, en el más amplio sentido de la palabra. "Creo que la mejor forma de dar testimonio es viviendo como uno dice que se debe vivir: en austeridad, en amor, dando con pasión. El solo discurso no es suficiente". Fútbol y computadora El sacerdote es un apasionado del deporte en general y del fútbol en particular. "Soy hincha de River, pero miro por televisión todos los partidos que puedo. Van a creer que soy un engreído, pero yo era un muy buen jugador de fútbol. Me gustaba estar bien cerca del área".

Además, el padre Baggio recuerda: "También me gustaba el hockey, pero era medio bruto. Una vez le pegué un palazo a un compañero del seminario y lo fracturé. También jugué al básquetbol y era bastante bueno. Pero también me criticaban porque era medio tosco". Hoy Beniaminio disfruta escribir.
Como su visión está algo disminuida, ha hecho adaptar un sistema para que su computadora capte su voz y la transforme en texto automáticamente. "Son maravillosos los avances técnicos. Lástima que pocos les saquen un real provecho".
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