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jueves 30 de junio de 2016

Especialistas abrieron el Espacio de Diálogo Minero

Lo impulsa el Gobierno. Uno de los disertantes fue Felipe Matthews, el líder del rescate de los 33 operarios chilenos. Destacó como claves el cuidado del agua y la necesidad de que los recursos queden en la región explotada

Felipe Matthews, gerente de operaciones de Geoatacama, fue gestor del rescate de los 33 mineros que quedaron atrapados durante 69 días en la mina San José, en Copiapó, Chile el 5 de agosto de 2010, tras el derrumbe de un bloque de la explotación a tan sólo 200 metros de profundidad que tapó los accesos a la labores que eran realizadas a 700 metros de profundidad.

Como geólogo, su tarea junto con otras empresas del mismo tipo, fue sondear la piedra dura y tratar de captar si estaban vivos los 33, cosa que ocurrió 17 días después. Una vez encontrados, el objetivo fue abrir un pozo lo suficientemente seguro para sacar a los mineros con una cápsula.

Sin embargo, el papel de los geólogos que "leyeron" las entrañas de la tierra no fue de lo más conocido ni reflejado en ninguna película ni mucho menos el aprendizaje que dejó en Chile todo lo que sucedió durante aquellos dos meses en una mina de cobre de pequeña escala.

Por esta experiencia, Matthews fue invitado a participar en la primera jornada del Espacio de Diálogo Minero que convocó el Gobierno provincial para escuchar a todos los interesados en dar su opinión sobre el futuro minero local.

El especialista chileno apuntó a dos aspectos claves. El primero, que el agua se cuida entre todos los ciudadanos en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, afirmando también que la minería no insume la cantidad de agua que la mayoría de las personas cree. El segundo es que los recursos de la minería necesariamente deben quedar en la región donde se hace la extracción.

También aclaró que el accidente de San José no puede trasladarse a los controles que tienen las grandes empresas, porque esta mina era pequeña, antigua, estaba mal gestionada, los trabajadores aceptaron condiciones laborales inseguras y si bien tenían controles, no fueron los suficientes. E indicó que "a gran escala el accidente habría sido impensado porque se trabaja con otros recursos. De todos modos, sirvió para revisar muchas cosas y aprender que siempre es necesario, en todos los órdenes de la vida, tener un plan b, que fue el que finalmente sacó a los mineros".

Sobre el mayor debate en Mendoza, respecto a los pasivos que deja la minería y el uso del agua en su producción, el geólogo indicó que "se habla de minería como si fuera el diablo y puede serlo si se lo deja suelto, pero la minería también es desarrollo. Ustedes tienen la experiencia de Chile, de Perú y de Ecuador, no se queden atrás. Pueden hacer una cuestión distinta. El tema del agua, es que no le sobra a nadie. Yo me alojé en un hotel donde no hay tapón en el lavamanos y no pude juntar el agua para afeitarme, como lo hago en Chile, tan simple como eso. Vivo a 10 kilómetros del límite, en un campo donde todos los árboles están regados por goteo", dijo.

Desde Australia
Otro de los expositores extranjeros invitados fue el australiano Micht Hooke, quién lideró en su país un proceso similar al que quiere concretar el Gobierno mendocino.

Hooke explicó cómo fue la transformación australiana sobre el modelo económico general entre los años 1988 y 2001, por qué el gobierno dejó de tener las responsabilidades absolutas sobre toda la actividad y cómo a partir de allí las empresas mineras debieron aprender a relacionarse de forma directa con la comunidad de los lugares donde tenían sus explotaciones para obtener la licencia social que les permitiera trabajar con tranquilidad.

En este punto, Hooke fue categórico: "Es más importante tener la licencia social para poder operar que la formal que pudiera dar un gobierno. Es que la parte política debe ser una prioridad secundaria respecto de la relación con la comunidad. Si no hay conflicto, el gobierno acompaña, porque no le gustan los conflictos".

Además, aconsejó a quienes quieren un desarrollo a gran escala, como el que tiene Chile, trabajar en consultar a la comunidad, porque "tienen mucho conocimiento", y evitar tercerizar esa relación a través de organizaciones que hacen de estas causas un motivo para recaudar fondos.

Luego explicó que Australia Mining gastó U$S26 millones en una campaña de difusión que buscó desarrollar empatía con la gente, a través de historias reales. "No hablaba de las bondades de la minería sino de lo que la minería tenía para la gente".

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