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domingo 18 de marzo de 2012

En Tupungato hay más botulismo por la alta concentración de la bacteria en su suelo

Una investigación de Microbiología de Medicina de la UNCuyo (en la foto la científica Laura de Jong ) determinó que las condiciones climáticas y topográficas ayudan a que la bacteria permanezca en el ambiente. Proceso de contagio

Por Carina Pérez

Las fértiles tierras del Valle de Uco –y en particular de Tupungato– encierran un alto porcentaje de esporas de Clostridium botulinum, la bacteria que produce el desarrollo del botulismo en el lactante.

Las condiciones climáticas y topográficas y la alta concentración de actividades agrícolas en ese lugar propician la circulación en el aire y en la tierra de esa espora, que al contacto con el entorno del niño, la mamá o algunos de los alimentos habituales de la familia produce la infección.

A esta conclusión llegaron los investigadores del Área de Microbiología de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo luego de estudiar la relación entre la cantidad de bebés menores de un año que sufrieron esta patología con su lugar de origen.

Del estudio que realizó el equipo, que encabeza Laura de Jong, surgió que el 17% de los casos de botulismo del lactante en Mendoza entre 1982 y 2010 se produjo en un sólo lugar: Tupungato.

“Este elevado registro está asociado con una alta prevalencia de esporas de Clostridium botulinum en el suelo: el 66% de las muestras resultaron positivas en este sentido”, explicó De Jong.

Proceso de contagio

El ciclo de la patología comenzaría con la espora en el suelo. Allí, la bacteria está en una fase de resistencia y –a diferencia de otro tipo de agentes infecciosos– a ella no la matan los cambios de temperatura. Es decir, permanece latente en el ambiente. Una vez que el viento la lleva hasta el cuerpo del chico por inhalación y, luego, deglución, colonizará el intestino, adonde tomará su forma de bacteria viva.

Una vez allí, pasará al torrente sanguíneo y llegará hasta el cerebro con una potente toxina que inhibe la liberación de acetilcolina (neurotransmisor), impidiendo así la contracción muscular.

Es así que el chico comenzará a tener dificultades para tomar la teta, porque no tiene fuerza, y tendrá más vómitos de lo poco que coma, debido a que no podrá tragar. Parecerá adormilado, ya que la parálisis le impedirá abrir bien los ojos.

En su forma más avanzada, el niño directamente no puede sostener la cabeza y, tomado en brazos, está flácido como un muñeco de trapo.

La muerte deviene por la parálisis de los músculos respiratorios (diafragma e intercostales) o por complicaciones secundarias.

La investigación también señala que, por esta relación entre chicos con botulismo y la cantidad de tierras con la presencia de la bacteria, es posible que muchos casos estén subdiagnosticados, debido a que suelen confundirse los síntomas con otras enfermedades, como meningitis o las de tipo metabólicas.

Según De Jong, esta infección requiere que los pediatras estén en alerta permanente para que la confirmación diagnóstica por el laboratorio y el tratamiento adecuado sean inmediatos. Si es así, el niño se recuperará muy lentamente pero sin secuelas.

Generalmente, el músculo recupera su tonicidad total al cabo de seis a nueve meses.

Relación con la miel

Durante mucho tiempo, el botulismo del lactante sólo era relacionado con la ingesta de miel o de algunas infusiones de hierbas.

En esta investigación también tuvieron en cuenta este aspecto del desarrollo del botulismo.

Luego de tomar varias muestras de mieles dentro y fuera del país, el porcentaje de mieles y hierbas positivas fue muy bajo. Pero insisten en seguir evitándolas, en el caso de chicos menores de un año, para no correr ningún riesgo.

Con este dato confirmado, empezaron a indagar de qué otro modo podía adquirirse el botulismo y así dieron con este hallazgo de la volatilidad de las esporas.

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