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sábado 23 de julio de 2016

En San Martín quieren prohibir y penar las carreras de galgos

Un concejal justicialista presentó un proyecto que multa con hasta $25 mil a quienes practiquen esa actividad. La iniciativa va a contramano de lo que decidió la Comuna de Rivadavia, en la que se avanzó en su regulación.

El tema va a generar polémica. Más aún, ya hizo que el edil que presentó el proyecto de ordenanza recibiera varias amenazas. ¿Crueldad o folclore? ¿Se puede regular o se debe prohibir? Cada quien adoptará alguna postura y difícilmente se mantenga al margen. En el Concejo Deliberante de San Martín se presentó una iniciativa para prohibir las carreras de galgos en todo el territorio del departamento y se adoptó una postura opuesta a la que eligió la Comuna de Rivadavia hace algún tiempo, cuando se promulgó una ordenanza para regularlas. "Es muy difícil el control, siempre se producen abusos y maltratos, por eso opté por presentar la propuesta de prohibición", dijo el concejal justicialista Bartolomé Robles, presidente de ese cuerpo y autor del proyecto.

Para saber qué persigue esta ordenanza, es bueno repasar una experiencia personal de su autor. "Tengo una perra galgo –se llama Pachera Cara Floja, nombre que le pusieron los hijos del edil– y la tenía en una finca, para que tuviera más espacio. Le llevaba de comer todos los días, por lo general a la noche", relató.
Robles contó que "un miércoles fui cerca de las 21. La perra estaba bien, perfecta. Cuando volví el jueves, poco después de las 23, ya estaba herida, aturdida y se orinaba".

El concejal la llevó esa misma noche a un veterinario que "me dijo que no había dudas de que la perra había sido utilizada para una carrera". No sólo las heridas eran compatibles con esa actividad, también en su sangre se detectaron restos de algunas drogas utilizadas en esas carreras. "Todavía está en tratamiento, porque sufrió daños en el hígado por esas drogas", expresó Robles.

El concejal comenzó a investigar. Se contactó con la organización nacional Proyecto Galgo Argentino, que hace años viene luchando contra el maltrato de la raza y promoviendo la prohibición de las carreras y de la práctica de la cacería con perros. Allí descubrió que hay todo un mundo detrás de los galgos. "En algunos lugares se han prohibido las carreras y en otros se han intentando regular, pero nunca el control ha funcionado", se lamentó Robles.

No permitir o controlar
En julio de 2015 un proyecto de ley para prohibir las carreras de galgos impulsado por la senadora por Río Negro Magadalena Odarda, de la Alianza Frente Progresista, tuvo media sanción en esa cámara. El proyecto establece prohibir en todo el territorio nacional la realización de carreras de perros, cualquiera sea su raza, y sanciona con penas de prisión de tres meses a cuatro años y multas de $4.000 a $80.000 al que las organizare, promoviere, facilitare o realizare. Ese mismo año, Santa Fe promulgó una ley provincial que prohíbe la actividad. En Buenos Aires ya regía la ley 12.449, que también lo prohíbe, aunque con la excepción de las realizadas en canódromos creados y habilitados por la normativa.

Hay municipios en el país que han tratado de regular la actividad. Incluso algunos las promueven y las tienen como una gran actividad que genera turismo. En la localidad cordobesa de Marcos Juárez, por ejemplo, se realiza un gran premio nacional que es considerado una especie de Carlos Pellegrini.
Sin embargo, el edil sanmartiniano sostuvo que ninguno de estos intentos de regulación ha logrado evitar el maltrato.

Muy cerca de San Martín, en el vecino departamento de Rivadavia, en mayo de 2011 el Concejo Deliberante autorizó las carreras de galgos.

Qué plantea la ordenanza

El proyecto de ordenanza de San Martín prohíbe la actividad y establece multas que van desde los $7.600 hasta los $25.840 para castigar a aquellos que practiquen la actividad. La pena más grave es para los que la organicen y se compruebe maltrato. "El maltrato de crueldad animal no solamente se refleja en las carreras, sino en los actos previos, como la crianza, reproducción, montaje forzado, descarte de los cachorros no aptos para competencia, entrenamientos exhaustivos y crueles y todas las conductas posteriores, como el descarte de los animales enfermos o lesionados, muerte temprana a consecuencia de las drogas y estimulantes inyectados", se lee en los argumentos. Además sostiene que todas las autoridades, incluidas las municipales, "son solidariamente responsables" por los maltratos.

En otra parte, el proyecto sostiene que "la modalidad de carreras de galgos se hacen a través de una competencia entre varios ejemplares de la misma raza donde los participantes corren detrás de una liebre artificial a la cual nunca pueden alcanzar, pero el primero en llegar a la meta es el ganador. El público que concurre a dichas carreras lo hace atraído por apuestas y no tiene en cuenta toda la realidad que hay atrás, principalmente el maltrato que reciben estos animales, ya que son sometidos a drogas, estimulación eléctrica, castigo con látigos, entre otras; en donde las consecuencias son terribles y en algunos casos los galgos quedan con temblores motores, estrés y deterioro físico, provocándoles incluso la muerte".

En defensa

En el ambiente de las carreras de galgos consideraron que la actividad está mal vista por obra y gracia del accionar de algunos inescrupulosos que maltratan a los animales para obtener rédito. "Los que crían bien a los galgos los tratan como si fueran futbolistas de primera división", dijo un "galguero". "Son pocos los que los pichicatean o los castigan", añadió.

Lo cierto es que, según los que combaten la actividad, el galgo que sirve es el galgo que gana, y los que no rinden son abandonados y hasta sacrificados.

Otros tienen una vida "útil" muy corta y mueren jóvenes por el daño causado por las drogas.

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