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viernes 28 de julio de 2017

El Zonda dice presente 200 días al año

Aunque no baje al llano, se hace sentir desde las alturas. Genera trastornos de salud, del humor y daños de todo tipo.

Viento con tierra, con calor, con ráfagas tan violentas que ocasionan desde daños materiales hasta trastornos a la salud o problemas en los cultivos. Viento Zonda. Así se llama ese torbellino "de las brujas" que cuando baja al llano deja estela.

Lo que pocos saben es que este fenómeno meteorológico, que se da mayormente entre abril y noviembre, no es "aislado", sino que dice presente al menos 200 días al año. No se ve, pero el cuerpo lo percibe: decaimiento, dolor de cabeza, falta de coordinación y agravamiento de patologías respiratorias son los efectos típicos que provoca.

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Un día antes de que sople es cuando más castiga a las personas, como preludio de lo que vendrá: una alteración de la carga eléctrica del aire, que se carga de iones positivos, lo cual a su vez deriva en esas alteraciones físicas y de los estados de ánimo.

El Zonda es popular en Mendoza y en San Juan. Sin embargo, científicos de todo el mundo donde hay cordones montañosos importantes lo vienen estudiando desde hace años. Desde el Viejo Continente hasta el país de Donald Trump.

Foehn, en los Alpes europeos; Chinook, en las Rocallosas de Estados Unidos y Canadá; Berg-wind, en Sudáfrica, y Norwesterly, en Nueva Zelanda, son los nombres regionales que recibe en otras latitudes.

El origen se da siempre del otro lado de las altas paredes rocosas. En el caso que nos atañe, en las costas del Pacífico, en Chile, y está asociado a un frente frío. El aire húmedo asciende la cordillera de los Andes y, luego, desciende. El calentamiento se genera del lado argentino, a razón de un grado cada cien metros.

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Doscientos de los 365 días que tarda la tierra en dar la vuelta al sol, las ráfagas quedan en altura. En cambio, cuando llega al llano se da un resultado que algunos califican de "infierno": un viento en extremo seco, sucio y con temperaturas de hasta 40 grados. Un verano en pleno invierno y las típicas imágenes de ramas y árboles caídos, destrucción de bienes, suspensión de clases y hasta la pérdida de vidas humanas.

Los expertos aseguran que afecta al 50% de las personas de forma moderada o ligera; al 25% lo perturba con intensidad y al otro 25% restante no le hace nada.

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Entre los trastornos de la salud se pueden mencionar las alergias, cefaleas, el agravamiento del asma y la hipertensión. Quienes tienen epilepsia o crisis compulsivas febriles en la niñez quedan vulnerables a los cambios del humor y de la personalidad, y sufren irritabilidad e impulsividad.

Su paso también complica a la agricultura. Destruye cultivos por efecto de las ráfagas, que pueden superar los 90km/h; mata las plantas al absorber la humedad de sus hojas, y adelanta la floración y maduración de los frutos, exponiéndolos así al peligro de las heladas.

Los pobladores lo conocen y saben cómo mitigar su impacto. La lista de recomendaciones se reza cual "padrenuestro". La máxima es no hacerle frente. Así de impiadoso es.
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