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domingo 06 de agosto de 2017

El periodista porteño que se quedó a vivir en Mendoza y ya es parte del mundo del vino

Al periodista porteño Oscar Pinco, quien es corresponsal de la agencia Télam en Mendoza desde el 2005, lo unió el amor y no el espanto con Mendoza. Llegó en 1999 para visitar a quien hoy es su mujer, Cecilia Cervo, con quien se había contactado por chat, y no se fue más.

Cuando llegó, traía años de profesión consigo, una vasta experiencia en radio y medios gráficos, pero también en su equipaje venían muchas ganas de aprender cosas nuevas y en Mendoza quedó prendado del vastísimo mundo del vino, su industria y su génesis.

Como el amor a primera vista, esto le sucedió apenas comenzó a viajar asiduamente entre Buenos Aires y Mendoza –lo hizo durante cinco años todos los fines de semana– y antes de quedarse a vivir definitivamente aquí.

En Capital había pasado por distintos medios y vivido, en los '90, la adrenalina periodística más complicada de su vida: el caso Coppola, que él personalmente investigó y por el que hasta fue amenazado. Ahora, distante de esa vida frenética, se ha dedicado a profundizar en la comunicación vitivinícola, convirtiéndose en la actualidad en el único argentino integrante de la Federación Internacional de Periodistas del Vino (FIJEV).

En una charla extensa con Diario UNO, Pinco contó cómo llegó a interesarse en el mundo del vino, y también un sinnúmero de anécdotas que ha coleccionado en tantos años de profesión.

–¿Cómo llegaste a Mendoza?
–Vine porque había conocido por chat a la que hoy es mi esposa; ella es escribana y era la representante del Colegio Federal de Notarios. Nos conocimos por chat, el primer día que ella tenía internet y aparecí yo. A los 11 días fue a Buenos Aires por trabajo, nos conocimos y aquí estamos.

–Es todo un logro mantener una relación a distancia.
–Nosotros pensamos que de la única manera que podríamos mantenerla era con continuidad. Yo viajaba todos los fines de semana a Mendoza. Yo decía que nuestra historia no se medía en tiempo solamente, sino en kilómetros. Fueron 600.000km recorridos entre Buenos Aires y Mendoza.

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–¡Admirable la constancia! Y en estos viajes, ¿cómo te fue conquistando la Mendoza vitivinícola?
–Ante todo, y como periodista que soy, tengo un espíritu curioso y fui tratando de aprender, fui a degustaciones, un bodeguero de acá me dijo que yo iba a ser un excelente periodista de vinos. Yo le dije, "Pepe, no me dorés la píldora, tengo muchos años en esto, la gente te palmea la espalda y te dice que sos Gardel". Sin embargo, el hombre me retrucó: "Es que vos conocés todo el mundo periodístico de Buenos Aires. Y también conocés de vinos. Muchos de los que hablan de vino en Buenos Aires saben de descorchar una botella y vienen a Mendoza de vez en cuando. Vos estás en contacto con el bodeguero, con el viñatero, con el productor y el ingeniero agrónomo y con la gente que está mirando el cielo para ver si va a haber granizo o viento Zonda".

–Vos no sólo aprendiste, sino que te gustó y lo profundizaste.
–Yo digo que cuando te metés en algo nuevo salís de la zona de confort. Yo me intereso por muchos temas, me metí en los temas ambientales y tengo una certificadora de huellas de carbono, pero porque es un aporte que le quiero hacer al ambiente. Con el tema del vino me fui metiendo cada vez más.

–¿Te costó por el hecho de ser de Buenos Aires que te tuvieran en cuenta?
–Mi mujer me decía que yo venía con un cóctel bastante explosivo, porteño y periodista. Bajar el perfil era difícil. Pero acá viene el porteño que se quiere demostrar que se la cree. Eso me quedó. Yo veía que dentro del mundo del vino hay mucha gente que no sabe de comunicación, pero que se pone a escribir, los wine writers, escritores del vino. Respeto a los sommeliers y tengo grandes amigos sommeliers, pero no me gusta que alguien se meta en el medio y venda espejitos de colores. Yo voy a defender la profesión.

–¿Hiciste cursos?
–Hice muchos cursos con el INV, con Bodegas de Argentina, con el Fondo Vitivinícola. Donde había este tipo de capacitaciones, me metía. Fui a muchas degustaciones. A muchos les decía que en materia de vinos era el típico porteño huevón, que venía para aprender. De lo que sí sé es de comunicación. Apunto a tener una cosmovisión de un periodista de medios masivos, para aportarle a la vitivinicultura. Incluso cualquier tipo de periodista que se mete en una especialización y no sale de esto queda muy tabicado.

–Pero vos pasaste por todas las secciones.
–Sí, hice información general, policiales, deportes. Ahora estoy especializado en vinos. Un periodista tiene que saber qué pasa en Venezuela. Hace unos días fui a hacer un curso de cerveza artesanal. Para saber un poco más, soy curioso. Soy inquieto, me meto, me gusta escuchar.

–¿En "Télam" se interesaron por tus notas sobre periodismo vitivinícola?
–Yo les dije, "señores, la matriz productiva de Mendoza es el vino". No podía no dedicarme a este aspecto en particular en esta provincia. Y lo entendieron.

–¿Ahora estás haciendo televisión?
–Sí, yo pensé en un programa de vinos para la televisión abierta, primero como algo atemporal, estamos los sábados a las 15, desde el 8 de julio, en El Siete. Como no había ningún programa de vinos en la televisión abierta, yo lo pensé para Buenos Aires. Y de pronto me empezaron a surgir propuestas de otras partes de Latinoamérica, del sur de Estados Unidos, de Florida y Barcelona.

–¿Cómo surge el tema de integrar la FIJEV?
–Hubo distintos periodistas argentinos que participaron en esto, incluso de Mendoza, pero no están más. En verdad me propuso el español Ernesto Gallud, en ocasión de la última asamblea general de la FIJEV, realizada durante la Vinexpo, en Bordeaux, Francia. Eso fue el primer día de Vinexpo, había tantas cosas que cuando yo llegué ya había sido la asamblea. Pensé que esa oportunidad se había pasado.

–¿De qué manera te enteraste de que formabas parte?
–Me enteré por casualidad porque me empezó a llegar información, pero como miembro. Me comuniqué con la gente de España y me avisaron que era miembro activo.

–¿No hay otro integrante en el país?
–No, soy el único en el país, el último que estuvo fue Daniel López Roca, hacia una página que se llamaba Argentine wines, pero no era periodista, era comunicador del vino.

–¿Qué función tiene la federación internacional?
–Te permite participar cuando se hace un concurso internacional de vinos, como el Vinandino; implica que la mitad más uno de los jurados tienen que ser extranjeros, no tiene que ser de ese país. El 33% tiene que ser periodista y/o escritor del vino, que allí ingresan los miembros de la FIJEV como jurados en los concursos.

–¿En Mendoza hubo un emprendimiento de este tipo?
–Sí, con un grupo de periodistas dedicados a la vitivinicultura armamos el Capevi (Círculo Argentino de Periodistas Vitivinícolas). Dimos dos premios a la trayectoria. Pero ahora estamos esperando un poco, como para profesionalizar la iniciativa.

–¿Qué funciones tienen los miembros de la FIJEV?
–Para que defendamos nuestra tarea, yo soy muy celoso de la tarea periodística, hay gente que escribe sobre vinos, sabe mucho desde lo técnico, pero no lo sabe comunicar. Esa es nuestra tarea y la tenemos que poner en valor.
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