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domingo 21 de agosto de 2016

El microcentro de San Martín ahora luce a cielo abierto

Desde hace dos semanas no hay cables en la zona céntrica del departamento del Este. La molesta jaula fue retirada. Gracias al trabajo realizado brillan las palmeras. La ciudad, aunque mucha gente no lo note, parece más oxigenada

Casi nadie, casi ningún peatón, mira al cielo en la ciudad. Para el caminante y también para el automovilista, la vida termina a dos metros del suelo, a la altura de los ojos. Lo que ocurre más arriba no existe. Apenas se sabe que allá, en la cuadra siguiente y también en las otras hay carteles publicitarios que invaden los espacios aéreos de las veredas y señoras con ruleros que, desde sus balcones y mientras riegan sus malvones, se dedican a mojar a los que caminan allá abajo. Y palomas, que buscan a hombres con traje y mujeres con rodete para practicar su puntería. Y también hay enjambres de cables. Muchos cables, como formando una jaula para que a nadie se le ocurra volar.

Nadie mira al cielo en las ciudades, porque el cielo casi no se ve y lo que se ve es caótico.
Por eso, porque nadie mira al cielo, la profunda transformación que han sufrido las tres principales cuadras del microcentro de la ciudad de San Martín ha pasado casi desapercibida. Pocos, casi nadie, lo han notado. Y muchos que lo han notado perciben sólo algo extraño, pero no logran determinar qué es.

Ya no hay cables. La jaula ya no existe. El cielo se ve. Resulta que había palmeras añosas a la vera de la avenida Boulogne Sur Mer perdidas entre la maraña y ya nadie las recordaba. Hay celeste arriba de la ciudad y ya todos lo habían olvidado o creían que era una leyenda que contaban los más viejos.
Pero existen las palmeras y el cielo. Ahora, que ya no hay cables, se ven perfectamente. Si hasta pareciera que hay más oxígeno, más espacio. Parece que es otra ciudad.

Cómo ocurrió
Hace cinco años la Municipalidad de San Martín tomó la decisión de remodelar las cuadras principales del microcentro, en donde se encuentra gran parte de las oficinas públicas, las sucursales bancarias y los bares y cafés.

Ya la mayoría lo ha olvidado pero las principales incomodidades cuando se iniciaron las obras fueron las enormes zanjas que se hicieron en las veredas, para colocar allí tendidos de caños subterráneos que pudieran contener todas las redes de los servicios eléctricos, telefónica, internet y televisión por cable.

Fue un trastorno toda la obra, hasta que estuvo concluida, con veredas nuevas y calles adoquinadas.
Y cuando la obra concluyó, todos los servicios quedaron ubicados bajo tierra. Sin embargo, muchas de las redes ya en desuso quedaron tendidas en el aire, con sus postes y sus enjambres de cables.
Pero en las dos últimas semanas, casi sin que nadie se percatara del trabajo, toda esa enorme madeja se retiró y apareció el cielo.

Allá, a más de dos metros del suelo, el paisaje se modificó rotundamente. Esa parte de la ciudad es una ciudad que dejó de estar enjaulada, enredada, gris.

Ya casi nadie recuerda las incomodidades de las zanjas abiertas, ya casi nadie asocia la ausencia de cables con aquella obra. Y casi nadie se ha dado cuenta de por qué esa parte de San Martín luce tan diferente desde hace unos días.

Apenas las palomas, que cuando comienza a caer el sol se posaban en bandada en esos cables, parecen desorientadas.

Es que ya no está la jaula y el cielo existe, otra vez.

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