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lunes 14 de agosto de 2017

El inmigrante que derrotó a los terremotos con el Pasaje San Martín

Hace 90 años, Miguel Escorihuela convencía a Mendoza de que su obra, el Pasaje San Martín, era segura y habitable.

En 1861, dos meses después del sismo más destructivo de su historia, la Mendoza devastada amanecía alimentando sueños de reconstrucción. Nadie imaginó que a esa hora, del otro lado del Atlántico, la española Rosa Gascón estaba dando a luz a su noveno hijo: Miguel Escorihuela Gascón, el hombre que venció a los terremotos.

La epopeya del aragonés se cristalizó el 14 de abril de 1927: el Pasaje San Martín, primer edificio de altura de Mendoza, que él había mandado a construir e inaugurado un año antes, y que no sufrió ni un rasguño pese a la furia de los 7,1 grados Richter que se desataron a las 6.23, causando daños y muerte en el Gran Mendoza.

El premio fue sublime: los departamentos y locales del pasaje comenzaron a poblarse de habitantes, emprendedores, oficinistas y público que le habían dado la espalda por miedo a perder todo en un terremoto: bienes, propiedades y la vida.

Atrás fue quedando el mote de loco que recibiera por haber edificado en altura en esta zona sísmica. También el tentador ofrecimiento de obsequiar los tres primeros meses de alquiler a quienes confiaran en la calidad de la construcción sismorresistente de hormigón armado.

Así, con sus cúpulas, sus bellos vitrales, su torre de siete pisos y sus cuatro pisos de departamentos y oficinas, el Pasaje San Martín se erigió en guardián solitario desde lo más alto de Mendoza. Ubicado en San Martín 1136 (casi Peatonal Sarmiento) fue creado con estilo francés, a imagen y semejanza de obras ya existentes en Buenos Aires: galería General Güemes (hoy Pasaje Güemes) y galerías Pacífico.

Es un símbolo de Mendoza y tuvo su época de esplendor entre los '50, '60 y '70. Comercios de alta categoría internacional atraían a los mendocinos pudientes y curiosos por igual: sastrerías, camiserías, la revistería Soto (donde vendían revistas importadas y diarios de circulación nacional) y la peluquería de Miguel Di Lorenzo. Familias enteras vivieron en los departamentos, algunos de los cuales pasaron a manos de su descendencia. Abogados y otros profesionales radicaron sus oficinas allí.

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Hoy, aunque la luz cenital de los vitrales traídos por el aragonés siga dando vida a sus interiores, y aunque la familia Caliri siga deslumbrando desde su tabaquería abarrotada de pipas y tabacos, y cartas, dados, telescopios y otros objetos dignos de un señor regalo; y aunque la Sastrería London siga recibiendo a clientes de añares y de ocasión, el Pasaje San Martín también acusa el paso del tiempo y las crisis. La falta de continuidad a través de las generaciones, dicen, derivó en el cierre de locales de primer nivel.

Sin embargo, acaso atravesados por el inderrotable espíritu del recordado aragonés, habitantes, administradores y comerciantes de hoy siguen de pie y se reinventan, tan firmes y envarados como el histórico edificio que los cobija.

-El Pasaje San Martín sigue siendo un ícono arquitectónico y artístico de Mendoza. Es patrimonio provincial desde 1997.

-Lo distinguen sus coloridas cúpulas y bóvedas con vitrales. Fue la primera galería comercial con viviendas colectivas en altura.
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