Mendoza Mendoza
domingo 13 de marzo de 2016

El desafío de los mil caminos para los docentes rurales

Toda una odisea, afrontada con coraje, es para las maestras llegar a las escuelas alejadas de las zonas pobladas. Las opciones son hacer dedo, compartir autos, apelar a remises truchos o al servicio insuficiente de micros y caminar

La actividad docente ha sido noticia en estos días por distintas razones. El conflicto entre los trabajadores de la educación y la Provincia se ha llevado varias páginas en los diarios pero, también, lo hizo un grave accidente de tránsito en el que falleció una profesora y cuatro de sus compañeras resultaron heridas. Por lo general anónimas y casi olvidadas, las maestras que trabajan en escuelas alejadas deben ingeniárselas para viajar. Desde hacer dedo en la ruta, hasta compartir autos, pasando por remises truchos y caminar varios kilómetros.

"Yo recorro 28 kilómetros por día, por un camino hacia la montaña y atravieso tres veces un arroyo que corta el camino en tres lugares distintos y que en estas semanas ha traído mucha agua, por las lluvias", cuenta Elizabeth Ortega, que da clases en la escuela 1-364, José Ceferino Palma, de la estancias Bombal del distrito La Carrera, en Tupungato. "El barro y las lluvias hacen que el camino sea intransitable y hay que encontrar otras formas". Un caballo, con suerte una moto, algún vecino que ayude con un tractor o simplemente caminando. O todo eso junto y por tramos.

"En invierno es peor", cuenta la maestra, que es la única docente de la escuela y que les da clases a los 15 alumnos que asisten a ese establecimiento y que van de sala de 4 años a 7º grado. "Hay que salir a las 5.30 de la mañana, con temperaturas de 20 ° bajo cero", dice.

Allí, casi ya entre la cordillera, "las tormentas te alcanzan en un segundo y también el viento Zonda", cuenta Elizabeth.

La maestra educa a los 15 alumnos, apenas con la ayuda de una celadora y una cocinera, pero no se queja. Dice que "la comunidad es hermosa", aunque reconoce que "necesitan de mucha ayuda".

Los viajes compartidos

El miércoles pasado, la profesora Daniela González, de 37 años y madre de una beba e 4 meses y dos niños de 5 y 9 años, perdió la vida cuando iba a trabajar a la escuela 1-516 Reservistas Navales, del distrito de La Central, y que está a unos 30 kilómetros del centro de la ciudad de San Martín.

Daniela daba clases de Conocimiento del Ambiente a los alumnos de 1º a 3º y viajaba, a las 7.30 de la mañana, en un Fiat Palio con sus compañeras Nora Gruini, Liliana Olga Arias, Liliana Rodatto y Analía Garbagnati.

El auto volcó e impactó contra el sifón de un canal que corre paralelo al carril Chimbas. Daniela murió y las otras cuatro docentes sufrieron heridas, algunas de ellas de gravedad.

"Siempre viajamos así. Una pone el auto un día y al día siguiente lo pone otra. Nos juntamos en grupos de cinco", contó Sandra Gutiérrez, maestra de la misma escuela.

En medio del conflicto salarial docente y tras la muerte de Daniela, se esparció por las redes un mensaje que llevaba el título "Daniela somos todos" y que estaba firmado por la Agrupación Marrón del SUTE.

Allí ponían en contexto el accidente, diciendo que la maestra "viajaba amontonada junto a cuatro compañeras más, para ahorrar en combustible y porque el sistema público de pasajeros de la zona es casi inexistente. Esa compañera murió haciendo lo que miles, ir a nuestras escuelas como podemos, muchas veces contrarreloj dejando a nuestros seres queridos a la buena del destino".

En toda la región pasa lo mismo

Ocurre en todo Mendoza y también en cualquier otra provincia argentina y, aún más, de Latinoamérica. En cualquier ruta, en cualquier camino rural y en época de clases, se puede encontrar a una maestra haciendo dedo para llegar a su escuela.

Hay razones económicas y de practicidad. Hay muchas escuelas, como la de Elizabeth, donde no llega el transporte público y en otras, como la de Daniela, no hay más de cuatro servicios diarios y que insumen más de una hora viaje.

En lo económico, es cierto que los docentes de esas escuelas cobran un porcentaje más pero, a la vez, tienen muchos más gastos en traslado y por lo general están impedidos de trabajar en otra escuela en contraturno o de realizar cualquier otra actividad, ya que la suma de viaje y clases, les insume todo el día laboral.

En Mendoza los maestros utilizan distintas estrategias. Una es viajar varios en un mismo auto e ir rotando semanalmente al dueño del rodado. Otra es contratar por mes a un remise, de los llamados truchos, para que cumpla con el traslado de ida y vuelta.

Los más modestos y que no pueden organizarse, viajan a dedo o no tienen otra alternativa que tomar el colectivo. La de viajar a dedo implica un gran riesgo, especialmente para una mujer, sola en la ruta.

La del colectivo también tiene inconvenientes. El viaje insume mucho más tiempo y cualquier inconveniente que sufra el micro, repercute en la llegada al trabajo del maestro, desde una tardanza hasta estar obligado a faltar por falta de alternativas de traslado.

"Cuando comencé a trabajar aquí, con mi familia directamente decidimos mudarnos a la zona", contó hace unos días Sandra Gutiérrez, de la escuela Reservistas Navales.

Fuente:

Más Leídas