Mendoza - Jorge Lanata Jorge Lanata
lunes 28 de noviembre de 2016

El caso de la Tupac Amaru en Mendoza: "Están alentando a que nos denuncien por cualquier cosa"

Nélida Rojas, la referente de la Tupac en Mendoza, dice que todavía espera que "me notifiquen de algo". Asegura que nunca se ha sometido a nadie y que no le haría eso a ningún asociado a la cooperativa.

"En las 1.002 viviendas que nosotros hemos hecho, nunca hubo problemas. Que ahora aparezca esto es muy extraño", dice Nélida Rojas, la referente en Mendoza de la Tupac Amaru, la organización de Milagro Sala que fue denunciada en el programa de Jorge Lanata por manejos discrecionales en la entrega de esas casas a los asociados.

"Que digan que nosotros obligamos a la gente a usar una determinada remera, es muy doloroso. Pero no es doloroso por mí, sino por los que denuncian eso. En mi vida, jamás me he sometido. Nada hice obligada. Prefiero cagarme de hambre pero no doblegarme. Me da pena por esas personas porque, si han usado una remera por conveniencia o por tener algo, las van a seguir doblegando y obligando a usar cualquier otra cosa no van a rebelarse", sostiene, en relación a la denuncia que promovió la diputada Stolbizer, difundida después en el programa de Lanata.

Rojas explica que la Tupac mendocina, como cualquier organización, tiene asambleas periódicas en donde se vota y la mayoría resuelve. Hay algunas reglas que cumplir: 8 horas de trabajo comunitario voluntario mensual, el pago de la cuota como asociado a la cooperativa (dinero que se destina a pagar sueldos de docentes, personal sanitario, cinco administrativos y gastos operativos) y también la participación en las actividades resueltas por la asamblea.

"Creo que integrar esta organización, es algo que debería llenarnos de orgullo", dice Rojas. Destaca que la mayoría de los tanques de agua de las casas entregadas lucen el símbolo de la organización "porque la gente los pinta porque quieren hacerlo, se identifican con el proyecto, pero no porque se les pide que lo hagan y mucho menos se les exige hacerlo".

"Nosotros presentamos los listados de asociados, de acuerdo a la antigüedad. Después la Dirección de Viviendas y el IPV son los que revisan y resuelven. Son ellos los que adjudican, no nosotros".

También indica que "hoy están promoviendo que nos denuncien por cualquier cosa. Hace unos días nos enteramos que estaban invitando a que la gente nos denuncie en San Martín por una supuesta obra de veredas y gas que teníamos que hacer y que ni siquiera sabemos a qué se están refiriendo. La verdad, todo es muy raro".

Nelly Rojas está sentada en su casa familiar de Lavalle, esperando que "alguien venga y me traiga una notificación, una citación, algo". Se refiere al anuncio de una denuncia judicial que haría la diputada nacional Margarita Stolbizer, por "manejo discrecional del otorgamiento de viviendas".

"Todos, desde cualquier vecino hasta el presidente de la Nación, deben estar dispuesto a someterse a cualquier investigación de la Justicia. Por supuesto que nosotros estamos dispuestos y queremos que esto se investigue y se aclare pero, hasta ahora, no ha venido nadie y no sabemos qué y a dónde hay que ir a mostrar cómo hemos trabajado", dice Nelly Rojas.

Ya ha superado los 60 años y vive en la casa que fue de los Montenegro, su familia materna, tan tradicional en Lavalle que hasta algunos lugares del departamento llevan ese nombre. Los Rojas son 11 hermanos y que Nélida, la mayor de las siete hermanas mujeres, es la que se ha echado al hombro el liderazgo desde que tenía apenas 11 años y con una infancia de carencias.

"Tuve una primera infancia de muchas carencias. Mi padre era contratista de viña y madre lavaba y planchaba. Éramos muchos y no alcanzaba la plata. Por ahí comíamos y por ahí no. Me acuerdo que mi mamá muchas veces nos hacía un té de menta para que nos fuéramos a dormir con algo en la panza. O cuando nos quedábamos en la mesa, viendo como se apagaba el fogón, hasta que nos vencía el sueño sin haber probado nada. A veces mis hermanos salían a cazar pajaritos y a agarrar ranas para comer y siempre íbamos felices a la escuela, porque ahí nos daban un sánguche de queso y dulce de membrillo".

Pero eso no fue lo más difícil. "A los 11 años me separaron de mi familia por un problema grave", cuenta. El padre de Nelly había abusado de ella y "me sacaron de casa para protegerme. Nunca más volví a compartir esa mesa larga". Fue a vivir con los Sánchez, una familia de origen español que eran los dueños de la ferretería de Lavalle. Allí fue la nana. "Ahí conocí que había otras comidas: huevos fritos, bifes, milanesas. Las comidas típicas de los gallegos con chorizo colorado que huelen tan rico. Pero pensaba en mis hermanos y me sentía terrible. La primera época fue muy dura".

Dice que después se transformó en una adolescente rebelde. "Le pasaba factura a mi mamá. Sentía que no me había defendido. Pasó mucho tiempo hasta que pude entender y superar eso y valorar lo que había hecho por mí".

Le ganó un juicio al Estado
Nelida Rojas estudió enfermería. "Tuve la suerte en diciembre del '90 y que, en ese momento, el Ministerio de Salud te nombraba directamente, sin pasar por los contratos".

Trabajó 17 años hasta que tuvo un accidente laboral, que le costó tres cirugías de columna y una incapacidad del 75%. "Trabajaba en el hospital Sícoli. Un día había una emergencia y había que llevar un tubo de oxigeno de un lado a otro. Lo agarré y lo llevé yo, cargado a pulso. No me di cuenta en el momento pero, a las horas, se me adormeció una pierna. Una hernia de disco. En ese tiempo no había ART y, sí o sí, había que demandar al Estado".

Nelly cobró el juicio. Con ese dinero comenzaron a mejorar la casa de adobe y por primera vez supo que era irse de vacaciones. Unos días a Córdoba, en carpa. Toda una novedad.

Dice que en 2003 votó a Carlos Saúl
Morena, de piel curtida, con la necesidad de apapachar al que cruce el dintel. "Tengo las manos chiquitas, ¿ves? Yo creo que debo tener sangre boliviana". Cuando enfatiza sus palabras se le tensan los músculos de la frente justo por sobre las cejas y su rostro, sólo en ese momento, adquiere dureza. El de la dirigente.

"Apenas comencé a trabajar de enfermera, me afilié a ATE. Empecé a ir a las asambleas y a entusiasmarme", recuerda. Para ese tiempo también trabajaba para superar los traumas de su infancia. Fue una conjunción. Creció su autoestima.

"Me di cuenta de la importancia de poder organizar a los compañeros y reclamar sus derechos. La eligieron delegada de ATE y, después, secretaria general de la CTA en Lavalle.

El departamento tenía un grave déficit habitacional, era el que tenía en índice más elevado de mortalidad infantil en la provincia y una gran desocupación. "Desde la CTA me empezaron a hablar de tratar de organizarnos para aprovechar algún plan de viviendas", cuenta. Ya había asumido Néstor Kirchner. Nelida se ríe. "Yo no lo voté a Néstor. No sé quien lo votó. Deben haber sido los pocos que lo conocían. ¡Mirá vos que locura! Creo que en esas elecciones de 2003 yo voté a Menem. ¡Teníamos tan poca información, tan poca formación! Recién cuando Néstor Kirchner comenzó a recuperar las empresas del Estado, nos dimos cuenta de todo lo que se habían afanado".
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