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domingo 25 de septiembre de 2016

El boticario Moisés Serradilla, el hombre que no dormía

Fue farmacéutico, enfermero, partero y hasta médico de urgencias. Le hicieron un monumento y una calle lleva su nombre. "Siempre se acostaba vestido, para poder salir rápido cuando lo llamaban", recuerda Eduardo, uno de sus hijos

San Martín. El hombre que no dormía. Su familia no recuerda una sola noche que Moisés Serradilla haya dormido de un tirón. Hay una calle y un monumento que lo recuerdan por eso. Que el dueño de una farmacia tenga una calle con su nombre y un monumento puede sonar muy extraño en estos tiempos que corren. Pero don Moisés Serradilla quizás sea el hombre que salvó más vidas en el Este mendocino desde 1924 y hasta 1983, cuando murió.

Moisés Miguel Serradilla Altamirano fue el boticario "idóneo" del distrito de Ingeniero Giagnoni. También de los vecinos Alto Verde y Buen Orden, en San Martín. Pero además cumplió las veces de enfermero, partero y hasta médico de urgencias, si era necesario. Muchísimas familias de esa zona hoy todavía dicen que "don Moisés le salvó la vida a mi papá, madre, abuela...". Todavía lo recuerdan yendo en su bicicleta –jamás tuvo auto– en mitad de la noche para hacerle las curaciones a un herido, atender a un enfermo o colocar una inyección. "Don Moisés conocía todos los culos de la zona", dice alguno. Y por ir en bicicleta por esas calles oscuras fue atropellado "por lo menos tres veces, y cada vez que lo atendían por sus heridas le decían: 'Basta Moisés, de la próxima no zafás'", recuerda una de sus hijas.

Sobre la vera sur de la ruta 50, yendo de San Martín a Santa Rosa, está la farmacia Hispano Argentina, ahora cerrada desde hace unos tres años. En la banquina contraria hay un monumento, un busto de su dueño, que fue ubicado allí en 2004 por iniciativa del doctor Armando Caramazza y el profesor de Historia Juan Di Paolo Morcos. Y unos 500 metros más al este hay una calle con su nombre. Allí todavía viven dos de los cuatro hijos que tuvo Moisés: Isabel Edith y Eduardo Nicolás Serradilla, que ayudan a reconstruir la historia.

Moisés Serradilla nació en Extremadura, España, en 1896. "En 1912 mi tío Santos quiso venirse a la Argentina y mi abuela no quiso que viniera solo y le ordenó a mi papá, que tenía 16 años pero era muy decidido, a que viniera con él", cuenta Isabel.

Moisés se afincó en San Martín, en la ciudad, y comenzó a trabajar en una farmacia. "Fue en la del doctor De Gea, que le tomó mucho cariño. En 1924, cuando mi papá ya era idóneo, lo que sería un auxiliar de farmacia ahora aunque sabía muchísimo más, le propusieron que abriera una farmacia acá, porque no había nada y la gente de la zona lo necesitaba", recuerda Isabel.

Primero la familia Llopis le prestó un salón sobre el carril Lucero y en el '35 compró el lote y construyó su casa y la farmacia donde todavía está ahora. Además Moisés se enamoró y se casó con una de las hijas de la familia Llopis, Amparo.

A esta altura ya Moisés Serradilla era y fue hasta 1983 una de las personas más queridas y respetadas de los distritos del Este de San Martín.

Aquellos remedios y medicamentos no eran los de ahora. La mayoría se preparaban en la misma farmacia y era Moisés, que fue instruyendo también a algunos de sus hijos, el que los hacía. Desde lo que serían las pastillas de ahora y que se llamaban "sellos", hasta ungüentos, jarabes ("los ponía en damajuanitas"), sueros para las picaduras de arañas, supositorios, ampollas, incluso "brillantina para el pelo, que hacía con vaselina líquida y perfume, antes de que salieran los fijadores", recuerda su hijo Eduardo.

Pero su función de boticario quizás no fue la más importante y la que le mereció el recuerdo eterno. Fue la que cumplía como enfermero, a cualquier hora. "Siempre se acostaba vestido, para poder salir rápido cuando lo llamaban", dice Isabel. Nadie recuerda que Moisés haya dormido una sola noche de corrido.

Moisés aplicaba inyecciones a domicilio, salía de urgencia a hacer alguna curación, fue el primero en llegar a una emergencia en su bicicleta y hasta atendió partos. Hay varios habitantes de la zona, ahora adultos, que se llaman Moisés en honor a quien ofició de partero. Y un detalle que sus hijos no cuentan por modestia pero que los vecinos recuerdan perfectamente: el boticario y enfermero sólo cobraba algo cuando el paciente podía pagar. Si no, lo hacía gratis.

Por salir pedaleando apurado y en plena noche, Moisés fue atropellado varias veces y estuvo al borde de morir por caerse a algún canal. "Decía que se salvaba de las aguas, de los accidentes y los pistoleros por llamarse Moisés", cuenta su hija.

Don Moisés Serradilla tuvo cuatro hijos: Moisés, José (ya fallecidos), Isabel y Eduardo. El mayor se recibió de farmacéutico y también estuvo a cargo de la farmacia, junto con su padre. Eduardo trabajó siempre allí, como ayudante.

Don Moisés murió el 5 de setiembre de 1983 y la "botica" quedó a cargo de su primogénito hasta hace tres años, cuando falleció. Fue cuando la Hispano Argentina tuvo que cerrar sus puertas.
Aún hoy los vecinos de la zona desean que vuelva a abrir, para no tener que viajar tanto para conseguir un remedio.

Pero por más que abra, ya no será lo mismo. Ya no hay quien no duerma por la noche.
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