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lunes 04 de septiembre de 2017

El arte plástico de Mendoza llora otra partida

Ángel Gil. A los 80 años falleció el sábado el genial artista mendocino, maestro de figuras que aquí hacen una semblanza de su medio siglo de docencia excepcional.

La pintura de Mendoza llora otra pérdida insoslayable para su repertorio de maestros. A los 80 años murió el sábado a la noche Ángel Gil.

El pintor y docente se encontraba internado desde hacía unos días, ya que luchaba desde hacía unos cuatro años contra un cáncer de vejiga. El sepelio se desarrolló este domingo en una sala velatoria de Capital. Asistieron su círculo íntimo y un numeroso grupo de compañeros y discípulos de su arte plástico.

Un año triste para las artes está transitando Mendoza con el último adiós también a José Scacco y Chipo Céspedes.

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La diligencia. Óleo sobre papel creado en 1960 por Ángel Gil.

Triste además porque se da en un momento donde Mendoza se encuentra con sus más emblemáticos museos y espacios culturales cerrados. El ECA, el MMAMM, el Fader, todos ellos no pudieron acunar las últimas muestras de estos genios del arte visual de la región, si bien algunos de ellos lograron concretar importantes retrospectivas en dos salas que hoy se ofrecen como alternativas: la Nave Cultural y el espacio Le Parc.

En este sentido, Ángel Gil expuso hasta el 24 de agosto pasado en el galpón principal de la Nave su gran muestra "Temporalidad y diversidad". Y él mismo abrió la exhibición hace un mes, rodeado de su familia, amigos, colegas y sobre todo de alumnos que admiran su talento creativo.

Sus cielos, únicos
Ángel Gil celebraba con la exposición en la Nave medio siglo de carrera pictórica. Medio siglo de una obra excepcional, irreproducible, que atravesaba el alma del espectador por su profunda sensibilidad artística.

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Angel Gil tenía 80 años.&nbsp;
Angel Gil tenía 80 años.

La utilización del negro como color predominante lo hacía único a Ángel Gil, contrariamente a lo establecido. Sin importarle las críticas, a esa oscuridad le imprimía luz el maestro para recrear cielos de un brillo singular.

Es que el movimiento, la luz y la intensidad fueron las principales herramientas que el pintor manipuló con dominio técnico y gran pericia. Por eso "su uso del color puede bañarnos en una oleada de frescura o deslizar insondables misterios en los dos conceptos hondos que le dan título a esta retrospectiva: temporalidad y diversidad", reza el texto curatorio de su última muestra.

Más de 30 obras seleccionadas de su taller constituían en esta exposición un recorrido exacto de 55 años de trayectoria, marcados por el expresionismo.

Cuadros en diferentes formatos e inspirados en los más diversos contextos ofrecía Gil a su público. Algunos nacidos en el fragor de los años '60, otros en los luchados '70, también está la madurez de los '80 y la sabiduría que sobrevino en el resto de su producción.

De los tachos de uva al pincel
Antes de hallar su vocación y conocer de antemano su destino, antes de seguir el consejo del poeta Jorge Enrique Ramponi, Ángel Gil no imaginaba que iba a ser artista.

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Trabajó en las viñas, se enroló en la marina, operó proyectores de cine y fue empleado de YPF antes de inscribirse en la Academia Provincial de Bellas Artes.

Junto con Antonio Sarelli y Alfredo Ceverino, Gil integró a mitad de los '70 el llamado grupo A3 del arte plástico mendocino. Fueron años luminosos y lo que estos exponentes buscaban era trascender las fronteras locales. Algo que lograron con creces.

El pintor y dibujante también formó parte del grupo Numen y fundó junto con Ceverino, Sarelli y José Scacco la galería Alfa.

Concretó en su sendero artístico más de 25 exposiciones individuales en Mar del Plata, Buenos Aires, Barcelona (España) y, por supuesto, su querida Mendoza. Su trayectoria también ha sigo galardonada con una quincena de premios y distinciones nacionales.

Aprender, más que enseñar
Pero si había algo que a él lo motivara más ese era su rol de maestro, con mayúsculas, de docente.

Formador de más de 500 alumnos –según su propio registro–, Gil "siempre decía que no se enseña sino se aprende. Él no enseñaba, hacía que sus alumnos aprendieran y desarrollaran su propia impronta. No impartía ni inculcaba nada de lo que debían hacer", recuerda Marcelo von der Heyde, el artista que quizás más cerca de él estuvo en sus últimos años de vida.

"Eso era su mérito, su grandeza, nos transmitía eso de confiar en nuestro propio estilo y búsqueda personales en la plástica. Él nos decía que no estaba con alumnos sino con compañeros", completa Marcelo.

Y reflexiona: "Deja como legado muchos años de aporte a muchos artistas mendocinos. Se tomaba el ómnibus y se trasladaba a su taller con una felicidad única, nunca dejó de ir hasta sus últimos días. Y no lo hacía por plata, lo hacía por placer. Le encantaba compartir su arte con los jóvenes".

De hecho, su arte trascendió la región, pero nunca quiso abandonar su provincia natal.

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Ángel Gil.
Ángel Gil.
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