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domingo 10 de julio de 2016

"El animal más triste del mundo" antes de morir desató una batalla

Así se hizo popular a nivel internacional luego de que miles de personas reclamaran por los padecimientos que sufría en el Zoo. Era el único de su especie, polar, que quedaba en la Argentina

Hablar de agonía es referirse a la transición entre la vida y la muerte. Un camino irreversible hacia un final que va anunciándose pero que, cuando llega, igualmente golpea y duele como una bofetada de realidad.

Hace exactamente una semana así se vivió el desenlace de una historia de vida que tuvo lugar en el Zoológico de Mendoza. Ahí permaneció gran parte de sus 30 años, hasta que dejó de existir, el último oso polar en cautiverio que quedaba en el país. Un Ursus maritimus, según la ciencia. Arturo, para todos los argentinos. "El animal más triste del mundo", apodado por distintos medios de comunicación internacionales, luego de que circularan por ellos imágenes en las que se lo mostró padeciendo pésimas condiciones de habitabilidad. El geronte, por su vejez, que jamás tendría voz, supo hablar con el cuerpo y mostrar su depresión.

El domingo 3 de julio, que por la tarde se presentó nublado y frío, terminó siendo uno de los días más oscuros para una gran parte de la sociedad, luego de que la noticia llegara oficialmente desde la Secretaría de Ambiente. Arturo perdía una de las principales batallas: la de la vida. Afortunadamente no fue la única que desató. Hoy se debate fuertemente qué hacer para cambiar la situación que tanto él, como casi dos mil animales más, sufrieron en este paseo ubicado en el Cerro de la Gloria.

Estos animales estuvieron debajo de la peor tormenta que ennegreció el cielo de un lugar que supo ser uno de los principales atractivos para la familia y los alumnos mendocinos y para el turismo que arribaba a la provincia. Pero que los últimos años mostró su peor cara: hacinamiento, suciedad y recintos en evidente estado de abandono, entre otras escenas, deslucían su postal.

Hasta ahora, se entrecruzan los dedos acusadores denunciando inoperancia, desidia o falta de criterio ecológico, ante el padecimiento de los animales que fue mucho más allá del propio cautiverio.

Arturo no pudo salir ileso de ese temporal. A pesar de su nombre, pocos privilegios de rey tuvo tras las rejas, como en una cárcel, y su castillo no fue más que un refugio de cemento en donde le bastaba apenas dar diez pasos para enfrentarse a sus murallas. Adonde no alcanzó una pelota roja en una pileta de apenas 50 centímetros de agua para que se volviera divertido soportar más de 40 grados de temperatura, en pleno verano, o el viento Zonda.

Esta fue la situación por la que la lupa se puso sobre el zoológico mendocino que dejó de ser un tema tabú. Este oso polar logró lo que pocas veces ocurre en una sociedad global que tiende siempre a fragmentarse. Por él miles y miles de personas levantaron juntos la voz denunciando lo mismo: su padecer, y oponiéndose al cautiverio de animales como recreación. Es que Arturo, llamado también como una de las estrellas más brillantes de la constelación de Boyero, a medida que fue apagándose en vida, alumbró un sendero del cual no debiera haber retorno. Hoy el Zoo local está cerrado por refacciones hasta 2017 y se estudia que se convierta en un ecoparque.

Su vida en Mendoza
Este oso polar nunca conoció su hábitat natural, ni siquiera hace 30 años cuando nació en el zoo de Colorado, Estados Unidos. La condición fue heredada de sus padres y abuelos que nacieron y vivieron en cautiverio toda su vida. Así como se intercambian objetos en cualquier transacción comercial o política, Arturo llegó al Zoo de Mendoza en 1993, a raíz de un canje entre instituciones. Casi 20 años después, en 2012, pasaría a ser el único ejemplar de oso polar en Argentina.

Eso fue así tras la muerte de Pelusa y de Winner. La primera había sido una osa polar con quien compartió, en un principio, un territorio de apenas 30 metros cuadrados y que fue ampliado con dos habitaciones y una pileta cuando el estado de salud de ella ya estaba deteriorado, lo que se acrecentó tras una riña con Arturo que la llevó a la muerte. El otro oso polar que el país exponía falleció en diciembre de ese año, en el Zoológico de Buenos Aires, producto de una hipertermia provocada por el calor y por la pirotecnia.

Cualquiera diría que el ser el único de su especie en el país sería lo que lo hizo popular. Pero no. Unas fotos en la que se lo mostraba exhausto siendo mojado por mangueras en plena ola de calor y también en pésimas condiciones de habitabilidad, fueron el detonante de una bomba que, para algunos, debió explotar antes, pero cuyo ruido logró tener eco.

En enero de 2014 Greenpeace Argentina activó una campaña que llevaría a que su nombre empezara a trascender fronteras, ya que buscaban que el ejemplar fuera trasladado a Canadá o a una zona fría. Cientos de miles de firmas (más o menos 420.000), hábeas corpus, comentario públicos de estrellas de Hollywood y de artistas reconocidos y opiniones de especialistas y ecologistas de todo el mundo, motivaban esta medida que terminó siendo desestimada por una junta de veterinarios de Sudamérica que llegaron a la provincia para evaluar este pedido.

Su estado de salud no era el adecuado para el viaje y por miedo a que no sobreviviera, considerando que la especie vive entre 20 y 25 años en libertad y en cautiverio puede llegar a los 30 o 35, decidieron que se quedara en el Zoológico de Mendoza, adonde se le reformaría el hábitat sumándole refrigeración y mejorando la calidad del agua en la pileta.

Pero lejos ya había quedado ese paseo preferencial para los mendocinos, y sus fallas quedaron en evidencia durante los últimos meses. Ya bajo la dirección de Mariana Caram, la pésima situación que se venía acarreando se cuantificó en más de 60 muertes. Esas fueron las que se hicieron públicas pero se sumaron a las pérdidas del 2014 y otros varios decesos en el 2015. Herencia, boicot, desidia, son algunas de las hipótesis que siguen barajándose en los capítulos de esta novela que mutó del suspenso al género terror.

"Por desinversión, la misma que sufrieron las rutas, los hospitales, las escuelas. Esto es fruto de la corrupción: plata que venía, plata que no se ejecutaba; un 80% quedaba en el camino. El presupuesto anual aproximado para el área de Parques y Zoológicos es de $29 millones: tendría que haber alcanzado para mantener en condiciones dignas a los animales", se justificó en una entrevista Humberto Mingorance, secretario de Ambiente.

El triste final
En los estudios que le habían realizado al oso polar durante el último tiempo se había detectado la presencia de osteólisis del hueso nasal, desgaste del hueso, producido por una infección por la presencia de bacterias y hongos en la zona. También una inspección ocular había revelado una pérdida de visión crónica en el ojo derecho.
Técnicamente, murió por un desbalance hemodinámico, lo que desencadenó una descompensación multisistémica. Pero, para la gente que pidió por su protección, que se conmocionó ante sus imágenes y sintió tanta tristeza como rabia; para los que le dedicaron oraciones y siguen pronunciándose desde ese día por las redes sociales con un simple pero autocrítico "#perdonanos", este tipo de muertes tienen otros trasfondos, más que el natural.
Tras su deceso, la polémica continuó motivada por decidir qué hacer con su cuerpo. Descartadas las posibilidades de embalsamarlo o de recuperar su esqueleto y que la ciencia lo estudiara,las autoridades decidieron enterrarlo. "El destino ideal para sus restos era la tierra. Como hubiese sido su hábitat", dijeron. Pero la Mendoza desértica, tierra del sol, nada tiene del Ártico o de aquellos territorios extremadamente fríos y de grandes extensiones de nieve y agua adonde el oso polar debió habitar.
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