Mendoza - Santa Rosa Santa Rosa
domingo 03 de abril de 2016

Del Registro Civil de Santa Rosa a un pabellón carcelario en San Felipe

La extensa hoja de ruta del ahora ex intendente peronista incluye victorias electorales, rencillas políticas propias y ajenas, y un intenso camino judicial. Las claves para entender este fenómeno sociológico

El problema de Sergio Salgado es que es de Santa Rosa. El problema de Santa Rosa es que Sergio Salgado no llegó a la intendencia en un ovni. Salgado es lo que es porque se crió y vive allí. Para definir al ex intendente, es indispensable definir a su pueblo. Es culpable... de ser santarrosino.

En diciembre de 2007 tenía 31 años y fue el intendente electo más joven del país. Llegaba para suceder al demócrata Antonio Ponce, que había logrado mantenerse en el poder durante los últimos 8 años y había tenido tantas denuncias de corrupción y polémicas como las tuvo Salgado después, aunque con un Concejo Deliberante un poco (mínimamente) más amable. El Sergio le ganó al Gallego por 800 votos. Un montón, para ese departamento en donde viven poco más de 16.000 personas.

El nacimiento de Sergio Salgado está asentado en un registro civil de San Martín, pero su familia es santarrosina y él se crió allí. Su padre ha trabajado siempre en la construcción y por eso Sergio eligió ser maestro mayor de obras. Su familia es peronista y él se crió con esa imagen casi idílica de Perón y Evita.

Ese poquito más de formación política que el común le alcanzó para ser candidato a concejal y ocupar una banca entre 2003 y 2007.

En esos años fue uno de los más críticos del intendente Ponce. El edil le endilgaba al demócrata (panadero de oficio) desvíos y desmanejos de los fondos de la municipalidad. Lo mismo que ocurrió ahora, pero a la inversa.

Ese rol opositor, sumado a algunos acuerdos intestinos, posibilitó que Salgado fuera el candidato del Frente Para la Victoria en 2007.

Lo que hizo Salgado, en esa y en las siguientes dos elecciones que le volvieron a dar el triunfo, fue prometer trabajo. En un departamento con escaso empleo privado, una matriz productiva agotada y casi inexistente, ser empleado del Estado es uno de los pocos trabajos posibles y seguros.

Y Salgado ganó esa elección del 2007. Y también ganó las dos siguientes. Pero, lo que no pudo lograr nunca es tener unido a su partido, respaldándolo. Eso condicionó sus tres mandatos (el último de apenas 3 meses) y lo llevó al derrumbe. Más aún: fue la causa del desastre.

La división no fue por que fueran peronistas. Fue porque son peronistas santarrosinos y, ya se sabe, los santarrosinos siempre se enfrentan entre sí, ásperamente, hasta por las razones más mundanas y absurdas. Es parte de su idiosincrasia.

Hoy Sergio Salgado está imputado, preso y las circunstancias lo obligaron a presentar la renuncia. Pero ¿cómo llegó allí? Uno de los motivos relevantes se llama Franco Ojeda, enconado rival de Salgado por momentos y que, por presiones intestinas en el PJ, llegó a ser su secretario de Hacienda. Ojeda es el que firmó y que le hizo firmar a Salgado los más de 400 cheques sin fondos, que hoy lo tienen tras las rejas.

Ojeda había logrado encabezar la lista de concejales a mitad del segundo mandato de Salgado. Logró la presidencia del Concejo y, desde allí, comenzó a atacar al intendente. Hacia fines de 2014, Ojeda ya se había transformado en una gran molestia para Salgado y, para tratar de superar el conflicto, el Sergio no tuvo la mejor idea que nombrarlo al frente de Hacienda. Allí, en esa disputa, también jugó fuerte en su momento quien desde ayer es el nuevo presidente del Concejo, el sindicalista municipal Celso Retta.

Pero antes, mucho antes de Ojeda, el intendente ya había tenido serios problemas internos en el PJ.

A poco de asumir su primer mandato, Viviana González Castillo, empresaria y ex esposa del empresario transportista Jorge Fornetti, salió a hacerle la guerra. "Yo, en forma particular, puse mucha plata para que Salgado ganara las elecciones. El compromiso era que él me devolvía ese dinero con los aportes partidarios de quienes ingresaran a la municipalidad pero, después del 28 de octubre, nunca me volvió a hablar. Él me ganó las internas por 40 votos. Como queríamos que después de 16 años el Justicialismo ganara en Santa Rosa, decidimos unirnos y triunfar en las elecciones. 'Con Sergio y Viviana al peronismo nadie le gana', decía el eslogan de campaña. El apoyo que le di no era gratis. Yo puse plata y gente para que se quedara con la intendencia. A cambio se iban a repartir los cargos entre las dos líneas", dijo en ese momento la mujer.

Finalmente, algo arreglaron. Pero las disputas internas nunca se acomodaron totalmente. En Santa Rosa el líder es siempre el que grita más alto y el más testarudo, y Salgado fue el mejor de todos en eso, al menos para sostenerse en su sillón. Pero lo que no pudo ver es lo que se estaba gestando puertas afuera de su despacho.

Para ganar adeptos y para aumentar su poder, Salgado entregó hasta lo que no tenía. "Yo le di lo que ganaba vendiendo cosméticos, para que mi hijo le pudiera dar a la gente", dijo ayer su madre en la puerta del Concejo, mientras adentro se le aceptaba la renuncia a Sergio y se le tomaba juramento a Trigo como intendente interina.

Un ejemplo que pinta a Salgado de cuerpo entero: en una de las tantas tormentas que azotó la zona esta temporada de verano, un vecino de La Dormida perdió todo lo que había en su casa. Casi sin fondos para darle ayuda, Salgado fue hasta su despacho, descolgó el televisor LCD que allí estaba, y se lo entregó. Todavía está ese hueco en el despacho de la intendencia. Lo que no hay es un solo papel que diga que esa TV de $4.000, comprada con dinero municipal, fue a la casa de ese vecino. La Justicia lo tendrá en algún momento como dinero que desapareció de la comuna, por más que haya tenido un buen destino.

Sergio Salgado actuó así siempre. Impulsivo, con tintes despóticos, caprichoso, empecinado. Repartió y repartió, pero lo hizo sin ninguna medida y sin plan y, mucho menos, analizando hasta dónde podía dar.

Más allá de las críticas que le llueven por estos días, nadie puede asegurar que Salgado se haya enriquecido. Los fondos que no están en Santa Rosa no fueron a su bolsillo. Los repartió mal, desordenadamente, y dejó que algunos de sus funcionarios se aprovecharan del desorden, pero no se los apropió. Aunque, por ser el máximo responsable político del departamento, eso no le quita culpas. Apenas le calma la consciencia.

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